(Des)Memoria selectiva

Dentro de los estudios de historia moderna y contemporánea existe un profundo vacío que no ha sido abordado, por omisión deliberada o por comodidad de los historiadores y demás investigadores sociales; me refiero a los movimientos estudiantiles generados y ocurridos dentro de la Universidad autónoma, en las décadas de los setenta y ochenta del siglo XX. 

La responsabilidad de los historiadores en el hecho, es indiscutible, una gran mayoría prefiere abordar temas de mayor categoría como los estudios coloniales o decimonónicos, los más pretensiosos se enfrascan en complejos asuntos teleológicos o semióticos (que comienzan y concluyen sirviendo para nada), y las nuevas generaciones acabarán asumiendo los dictados de sus profesores, eligiendo temas rebuscados como historia ambiental, procesos migratorios, cuestiones de género, o planteamientos comparativos sin razón de ser, entre cualquier parte del mundo y San Luis Potosí. 

El descuido en el tema referido es perceptible de inmediato; no lo considero un descuido involuntario, sino razonado desde la ciencia y a través de  la conciencia: nadie da patadas al pesebre, y –según el viejo adagio presidencial– nadie paga para que le peguen. Me explico, a nivel licenciatura la totalidad de formadores de historiadores, son empleados universitarios, por tanto a ninguno de éstos convendrá exhibir los asegunes de nuestra máxima institución educativa.

No es que la ropa sucia se lave en casa, ésta simplemente ni siquiera conviene sacarla del cesto, y ahí seguirá esperando que se acabe el jabón, que se descomponga la lavadora, o que reviente el tendedero.

Mediten un poco, y consideren que escribir sobre esto puede ser cosa fácil, pero no agradable. No agradable para la institución, o mejor dicho para muchos de los que la integran; es escarbar en el pasado inmediato y escribir de porros, vicios, permisividades, injerencias políticas estatales, una mala interpretada autonomía, un estado dentro de otro estado, privilegios a rectores, profesores y estudiantes, infracciones, desmanes, y crímenes. Es evidenciar personajes hoy entronizados, y es recordar el obscuro pasado de otros; es escribir de cómo hasta la fecha, privilegiando un elitismo académico se ha dejado de lado el compromiso social; es explicar cómo mediante mafias académicas y administrativas se controlan las diversas entidades que la integran; es mostrar cómo esta noble y centenaria institución se ha convertido en el botín político de grupos con privilegios y canonjías derivadas de apellidos.

No es pues gratuito, que no se escriba de ella. Conozco, nada más, una tesis de licenciatura y otra de maestría, en la que se ha estudiado –muy acertada e imparcialmente– los grupos estudiantiles y su papel dentro de esta institución. Ambas, de cualquier forma, arrancando con el siglo XX, apenas si llegarán hasta el periodo inmediato al fallecimiento del rector Manuel Nava.

Bajo estos parámetros, resultó interesante que en la década de los ochenta, apareciera bajo métodos de impresión hoy considerados artesanales, y casi heroicos, un libro titulado El acecho conservador y el oportunismo político. Derroteros de movimiento estudiantil en la UASLP 1970-1983, de la autoría de Pedro Hernández Sánchez, José Javier Martínez Ramos y José Luis Sandoval Torres.  En él no sólo se abordaba la historia del movimiento estudiantil surgido en la UASLP a principios de la década de los setenta, sino que iba más allá y planteaba de una forma analítica el acoso mediático y oficial –estatal y universitario– al que estuvo sometido este movimiento.

Luego, saltando la década y construyendo una genealogía de los grupos o planillas estudiantiles constituidos de 1973 a 1983, analizaba la problemática y descontentos ocurridos durante los últimos tres años.

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La mencionada obra la conocí e integré a mi biblioteca gracias a generoso obsequio, de un periodista que en su momento escribió sobre el tema. Por el interés generado, y derivado de sus características descritas, el libro siempre me pareció que merecía mejor suerte e incluso, que debía ser reeditado con una mayor calidad y cuidado editorial.

Harán unos pocos días, y nuevamente derivado de la generosidad de amigo, recibí un ejemplar de esta obra, ahora en una edición que nada tiene que ver con la primera. Viene ahora envuelto en lujosas pastas, e impreso –y no mimeografiado– en elegante papel ahuesado que vuelve muy decorosas las 403 páginas del libro.

Considerando que el tema del análisis social no pasa de moda, y que en estos momentos continúa vigente, sobre todo si pensamos en la actual reestructuración de lo que los especialistas en el asunto se regodean en llamar tejido social, será conveniente conocerlo, o reconocerlo, leerlo o releerlo, según el caso.

La nueva edición de este libro será presentada el jueves 13 de junio en el salón de Conciertos delCentro de las Artes (antigua penitenciaría) a las 18:00 horas; y el  viernes 14, en el auditorio de la Facultad de Derecho.

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También dentro de la historia contemporánea, será abordado  en no mucho tiempo, como resultante del replanteamiento político que vivimos, la llegada de diversos tipos de especímenes al caldo de cultivo que es la política local.               

No vayamos lejos, el diputado potosino Pedro Carrizales, el Mijis, es un ejemplo innegable. Ya el tema de su escandalito en Aguascalientes, es tema conocido por todos, pero ahora resulta que las cosas no son cómo se vieron, y hasta denuncia contra los elementos policiacos hidrocálidos, fue a presentar.

Posiblemente sea cierto, pero en este caso ocurre lo que con su homónimo del cuento del lobo, no hay un incauto que le crea sus falsedades. 

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La derrota del PAN a nivel nacional y los pocos triunfos alcanzados, en el caso de San Luis Potosí, lejos de perjudicarlo, podrían favorecerlo para las elecciones del 2021; la cosa es que lograran cerrar filas en torno a un solo candidato y dejaran sepultado el divisionismo interno. La cosa que se aprecia lejana si consideramos a todos (al menos cinco) los suspirantes y a las dos suspirantas. Pero mientras tanto, Octavio Pedroza ya echó a andar la maquinaria; buscando dar madruguete ha logrado que en reuniones de empresarios de medio pelo para arriba, llevadas a cabo en restaurantes de la zona fifí, lo nominen como propuesta de candidato de unidad.  La cosa no es sencilla, pero ya lo dijo: con el PAN, sin el PAN, y a pesar del PAN. 

A ver mientras, qué pasa con el PRI. Finalmente, creo que el gran elector no será en esta ocasión el gobernador; la propuesta parece ser que partirá del señor del caos; el truculento secretario de gobierno, quien cada día se avanza más en sus labores de divisionismo. Esta semana el Congreso se pronunció por el juicio político al secretario de Seguridad; lo curioso es que el general de Gobierno, ni un dedo movió a su favor, o quizá de ahí salió la propuesta.   

Las lluvias llegaron a destiempo, hubiera sido conveniente alargar el tiempo de los incendios para que desquitaran, y poder desviar la atención del caos en que convierten a la ciudad. Es decir, nos complican la existencia, pero apagaron el fuego, y como tanto les debemos es necesario incrementar tarifas a modo de reconocimiento. 

Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social, disfrútenlo, pero no se excedan. Saludos relajados desde una muy caótica, y felizmente contaminada, pero siempre señorial Ciudad de México.