En Whatsapp, por ejemplo

Ya viene siendo hora de pensar en un concepto de democracia que se asocie más a nuestra vida cotidiana en lugar de reducirlo a la mera celebración de elecciones. Desde que en la historia de la humanidad se empezó a plantear la idea que los individuos dejamos de ser súbditos para adquirir una dimensión de libertad basada en el reconocimiento de derechos, la vida en comunidad dejaría de depender de la gracia y favor de un monarca enviado por Dios (que de seguro es un Dios vengativo, rencoroso y enfadado, por enviarnos semejantes tiranos) para empezar a construirse desde las relaciones sociales.

Es por ello que el concepto de ciudadanía no debe reducirse a una noción jurídica de mayoría de edad que nos convierte a las personas en sujetos con ciertos derechos y obligaciones. Es en realidad una categoría política que nos permite pensarnos en sociedad de manera distinta. A decir verdad, esto de relacionarnos con nuestros semejantes ya lo venimos haciendo desde hace muy buen rato. La cuestión se encuentra entonces en pensar de qué manera las interacciones entre personas construyen una comunidad que beneficia a sus integrantes y cómo hacemos para aprovechar nuestras prácticas sociales para mejorar lo cotidiano.

Desde hace un buen tiempo Robert Putnam discutió el concepto de capital social que en términos generales se refiere a las "características de la organización social, tales como redes, normas y confianza, que facilitan la coordinación y la cooperación para un beneficio mutuo". Para no irnos tan lejos: piense Usted en las relaciones de confianza que tiene con las personas de su calle/fraccionamiento/comunidad/entorno. En la medida en la que conocemos más personas y establecemos más relaciones de confianza, es más probable que podamos construir vínculos de colaboración para atender o resolver cosas. Estos vínculos no necesariamente requieren de espacios formales como ser integrante de una asociación civil, la asociación de colonos o el club de los domingos. Hay relaciones en las redes sociales, en su cuenta de Facebook, en su grupito de Whatsapp. Vamos a ello.

De acuerdo con el portal de tecnología HootSuite, en México existen aproximadamente 85 millones de usuarios de internet de los cuales el 98.7% son usuarios de redes sociales. Whatsapp es la plataforma de mensajería con mayor cantidad de usuarios –eso equivale más o  menos a 77 millones de personas-. Si lo pensamos un poco, el cambio en la manera en que nos comunicamos también ha modificado en cierta forma el modo en que nos relacionamos. Es cada vez más frecuente que además del grupo donde se envían bendiciones matutinas y melosas imágenes con un Piolín sonriente, se formen grupos sobre intereses o contextos concretos: compañeros de trabajo, vecinos de la calle, madres y padres de familia de la escuela, personas que comparten una afición entre otras posibilidades.

Pensar en nuevos alcances de nuestra democracia quizás implica dotar de sentido de comunidad y relevancia a la manera en que ya interactuamos de forma cotidiana. Si sus vecinas(os) deciden organizarse a través de un grupo de Whatsapp para visibilizar algunos problemas que todos comparten, ya se da un primer paso que no habría ocurrido cuando las personas se comportan como individuos aislados que esperan a que alguien más vea y resuelva un problema cotidiano.

Nunca he encontrado mucha utilidad conceptual, analítica o práctica al empleo ya típico de la expresión "reconstruir el tejido social" –insértelo en un discurso político genérico-. Soy más cercano a repensar a nuestra sociedad, sin reducirla a un cúmulo de individuos que actúan manera autónoma. De trata de vincularnos nuevamente, volver a confiar en nosotros mismos. Construir desde nuestros enlaces cotidianos, algo nuevo y mejor que de ninguna manera podríamos ver u obtener si seguimos actuando de manera aislada.

Y eso también es democracia.

Twitter: @marcoivanvargas