Fácil, rápido, sencillo

[Spoiler alert: Es posible 

votar desde su casa]

Necesitamos dialogar. Durante las últimas semanas hemos tenido conocimiento sobre algunas ideas generales orientadas a reformar nuestro sistema electoral. Esto ha sido normal y frecuente, desde hace unos cuarenta años. Relatar la historia política de México desde la segunda mitad del siglo XX para acá requiere, necesariamente, de hacer un recorrido en aquello que se le llamó “la transición hacia la democracia”. Cada etapa de esta historia representaba a la vez un logro, un reto y una contribución al avance democrático. 

Cada país recorre este camino de forma distinta. A diferencia de muchos países de centro y sudamérica donde la historia de la democratización se trató, fundamentalmente, de dejar atrás las formas de organización política de las dictaduras militares; en México contamos una historia que conduce a la celebración de elecciones confiables, auténticas y competitivas.

No es de mi interés coronar a un evento concreto como el punto culmen de esta historia. Con estas líneas quisiera proponer, más bien, algunas perspectivas sobre lo que hemos logrado como sociedad y hacia dónde podríamos orientar los trabajos para la consolidación y el perfeccionamiento de nuestro sistema electoral. Y todo en menos de 800 palabras.

Considero que hay varios referentes que podemos observar para demostrar que nuestro sistema electoral funciona bien: No es la alternancia sino la garantía del respeto al voto; no es la oferta diversa de candidaturas sino la posibilidad real de que cualquiera puede ganar; no es la mera existencia de normas e instituciones sino la existencia de condiciones de certeza que garantizan la organización de elecciones basadas en la ley y en rigurosos estándares de confianza.

No es secreto para nadie el que el sistema electoral mexicano sea conocido como uno de los más complejos a nivel mundial. La razón de ello es más que evidente. La complejidad de nuestro sistema electoral es directamente proporcional a la percepción de riesgo social y político de que las cosas salgan mal. Permítame ser más claro todavía: la complejidad de nuestro sistema electoral es proporcional al tamaño de nuestras expectativas, pero también de nuestra desconfianza.

Frente a esto hemos logrado conformar un sistema de organización de elecciones que es modelo a nivel mundial, pero que igualmente puede perfeccionarse en la medida en que responde a las demandas y exigencias de una sociedad diversa. De esta manera necesitamos dialogar sobre el contexto en el que, desde algunos estados de la República, es inaplazable contar con mecanismos de sufragio para personas con derecho a voto que residen en otro país; otros estados necesitan modelos de representación de su población indígena; hay entidades que requieren instrumentos para garantizar el voto de la población en tránsito, otros preferirían empezar ya con la recepción electrónica de votos. El derecho a participar es el mismo, pero cada contexto local es distinto.

Si todos tenemos una expectativa sobre el funcionamiento de nuestro sistema electoral, bien vale la pena preguntarse ¿en qué medida quienes proponen las reformas electorales lo hacen pensando de manera auténtica en las ideas de los electores?.

¿Por dónde empezar entonces?. Le advierto que en los siguientes meses usted va a escuchar una lluvia de propuestas sobre representación proporcional, financiamiento a partidos, fiscalización, spots, redes sociales, uso propagandístico de los recursos públicos, relación entre autoridades electorales, candidaturas independientes, procedimientos sancionadores y un largo etcétera. Pero no he sabido o escuchado de propuestas bien estructuradas que busquen, por ejemplo, reducir los costos y tiempos de la jornada electoral -quienes han prestado su servicio a la nación como funcionarias(os) de casilla saben bien a qué me refiero-. Vamos tarde en la discusión sobre la implementación de tecnologías de la información en el ejercicio del sufragio. 

Esta idea requiere un análisis más acucioso, de eso me ocuparé en una entrega posterior. Pero de entrada quisiera dejar un par de ideas provocadoras: ¿por qué sí podemos subir fotos de bebés a internet, comprar boletos para ver a los Avengers en el cine, reservar la habitación para las vacaciones o transferir dinero real, pero no podemos votar desde nuestro teléfono celular? ¿Es un problema de tecnología o es un problema de confianza?.

Necesitamos dialogar. Entiendo que las propuestas de reforma provienen desde los partidos políticos como actores de la contienda, pero le propongo otro ángulo de aproximación centrado en los electores. Vamos preguntándole a los que saben: ¿qué necesitamos proponer hoy para hacer nuestras elecciones más fáciles, más rápidas y más sencillas?.

Twitter. @marcoivanvargas