El día de ayer muchos fueron felices; algunos dijeron lo que –les dijeron– tenían qué decir; otros escucharon lo que querían escuchar. No debemos criminalizar a las mujeres que se manifiestan, por las pintas realizadas en edificios. Los edificios se limpian, se restauran; una vida humana no.
Se supo de un secretario General de Gobierno que indulgente señalaba que no había por que juzgar a las manifestantes del día anterior. El mismo secretario que permaneció al margen de la agresión a una oficial del Registro Civil.
Hoy todos se solidarizan con las mujeres que exigen protección y justicia, aunque tengamos a un presidente del Supremo Tribunal de Justicia, acusado de violentar mujeres, laboral e institucionalmente.
Hoy una diputada panista pide endurecimiento de penas para maltrato, violencia, y feminicidio, solidarizándose con el discurso y las exigencias feministas. Es palabrería vana, porque en la práctica nunca se solidarizarán con ellas, ¿ya se pronunciaron ella y sus correligionarios a favor de la libre interrupción del embarazo?
Esto contrasta exponencialmente con la sanción que pedía, hace no muchos meses, el delegado del INAH en el estado, contra las manifestantes que al denunciar acoso de profesores universitarios realizaron pintas en el Edificio Central de la UASLP.
Sabia y certeramente las autoridades universitarias han permanecido silentes, ¿para qué atizar el fuego apagado?
El manejo del discurso es una falsedad, pero es necesario aparentar apoyo; la moda es hablar bien –e incluso exaltar– a las mujeres que protestan exigiendo sus derechos y la protección que el estado no ha sido capaz de otorgarles. La moda es mostrar una cabellera rosa, y hemos visto que muchos –ridículos hasta decir basta– la muestran para identificarse como feministas.
Mucho de lo que hoy se escribe, mucho de lo que hoy se lee, mucho lo que hoy se escucha, no deja de ser ficción literaria adaptada a lo que exigen los tiempos del feminismo. Cuatro mujeres asesinadas en los últimos días, que dejan hijos en la orfandad, no interesan; interesa el correcto manejo del lenguaje.
La realidad volverá a lo cotidiano en unos días, los potosinos lo sabemos bien. Seguiremos viendo espantosas disputas que acaban en tribunales lo mismo por una regiduría que por una curul; hombres de bien promoviendo contra mujeres el despojo de sus puestos; hombres probos y rectos, de religiosidad intachable por los cuatro costados, defenestrando a mujeres lo mismo por pugnas administrativas que partidistas; mujeres que guardan silencio frente a los atropellos que sus correligionarios cometen en detrimento de otras.
Lo de estos días ha sido falsa retórica de género, palabrería engolada para salir al paso; las acciones nunca llegan. Todos los que hoy dicen estar con las mujeres, son los que hace una semana miraban la columna de la Independencia y se rasgaban las vestiduras, invocando castigo contra la violencia y el vandalismo femenino; todos son parte de un Estado incapaz, que por esa incapacidad se muestran omisos; las omisiones los convierten en cómplices, y por complicidad se vuelven feminicidas.
***
Un sentido abrazo al comandante don Miguel Naya, por el reciente deceso de su esposa, la señora Silvia Gadea.
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social, disfrútenlo, pero no se excedan. Ya por fortuna se acaba la FENAPO.

