Fificracia

Nadie dudamos, creo, de las buenas intenciones y la honestidad del presidente municipal de la capital, el maestro Xavier Nava Palacios (no sé maestro en qué, pero así firma la documentación oficial, y pues así hay que llamarle); nadie queremos, creo también, que se repita alguna administración municipal como la anterior. Pensar en los Gallardo implica rezar la magnífica, y sujetar el rosario. Creo que muy de inicio lo que le faltó al Ayuntamiento actual, fue pedir al señor arzobispo que se realizara un exorcismo por toda la ciudad, y en el palacio municipal y unidad administrativa, se realizaran actos de desagravio. Pero no lo hicieron,  los demonios siguen sueltos.

Nava –éste– puede resultar chocante, eso deriva de su aspecto fifí y de la fificracia de la que se ha rodeado; pero no creo que sea un incapaz –al menos él, no sus fifiócratas– por el contrario, ha tenido la capacidad en inteligencia para haber logrado jugar ya con dos partidos, y alcanzar dos cargos de elección popular, sin militar en ellos. 

Pienso que Nava puede ser el mejor alcalde de las primeras décadas del siglo XXI, si es que se aplica, con todo y que no logre que la autoridad judicial le de salida a las denuncias fincadas contra su antecesor, pero también debe dejar ya el discurso lastimero, que pareciera copiado al presidente, en el que se la pasa esbozando tristes remembranzas, contándonos cómo le dejaron, cómo le entregaron, cómo nos robaron, cómo nos humillaron, y la multitud de tropelías que se cometieron. Todo es cierto, queda claro, pero parece plañidera.

Ninguna necesidad tiene de actuar como lo hacen él y sus turiferarios, pasársela atacando al presidente de la República; ni son oposición, ni sus comentarios por redes sociales hacen mella alguna. Recordemos que hace no mucho, algunos de sus colaboradores, se la pasaban levantando pancartas contra el gobernador, hoy lo ven y lo colman de genuflectas caravanas. Esto se explica fácil, golpean –quedo, porque ni siquiera saben golpear con sus delicadas manos– según las corrientes  del color en turno. Pero ya se vio, AMLO lo quiere y lo apoya, por lo que representa el apellido y por lo que podría representar en un futuro.

Lo interesante sería saber si Nava en realidad se encuentra preocupado por desempeñarse adecuadamente en beneficio de la ciudadanía, o lo único que busca es promoción para ser candidato de cualquier partido a la gubernatura. Repasemos en cuántos de los alcaldes han utilizado el cargo como trampolín, a algunos, como Mario García, su propio peso les hizo romperlo (y no me refiero al corporal). 

De estar interesado en la gubernatura, podría representar la opción más atractiva para AMLO, y Xavier, así como que tenga mucha dignidad política, no lo creo, tampoco creo que pueda ser una propuesta muy sólida dentro de Acción Nacional.

Ya quedó mostrado algo, con todo y los escarceos amorosos que sostiene con Álvarez–Icaza (mocho recalcitrante disfrazado de liberal) y con el resentido trastornado de Belaunzarán, López Obrador le mostró que es cercano a su corazoncito, de otro modo no se explica que lo hubiera acercado al fiscal general de la República. Pudo escucharlo y hacer lo mismo que le hacen Carreras y Garza, darle atole con el dedo, consecuentar la ineficiencia y dejar de hacer para no meterse en problemas.

Nava es veleidosillo y pretencioso como todo fifí, pero no es un incapaz –como sí lo son muchos de los miembros de su equipo que lleva como lastre por compromisos políticos– pero con todo y eso, si se asesora adecuadamente con elementos externos capaces –como lo hace en lo jurídico– podría sacar adelante cualquier proyecto que le alterara hormonas y neuronas.

Y miren, pobre, no se le puede desear el mal cuando enfrenta tantos problemas, ya le renunció el oficial mayor, Óscar Valle Portilla; aunque con eso le quita una hebra a la intrincada madeja familiar que entre funcionarios se ha establecido en el Ayuntamiento (ya parece el Poder Judicial).

Como sea, los malosos no lo dejan en paz; durante la designación del nuevo oficial mayor, apareció el impresentable Eloy Franklin, pidiendo los antecedentes de Luis Manuel Torres Casillas, nuevo oficial mayor. Franklin, lacayo y comparsa de los Gallardo,  es quien menos autoridad moral tiene para hacer ese tipo de señalamientos.

Por cierto, un poco antes de esa reunión, a la regidora  Ana Rosa Pineda Guel, le fue notificada su expulsión del PRD; lo más probable que –al igual que Eloicito– no tardará mucho en engrosar las filas del Verde.

Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social, disfrútenlo, pero no se excedan.