El paso del tiempo en las ciudades usa camuflaje. Se mete entre nosotros, hace cambios que, para los que estamos dentro, parecen imperceptibles. Sin embargo, bastan unos minutos de atención a lo cotidiano, para ver que cada día la ciudad muta, se mueve, cambia de cara. En el caso de San Luis, a simple vista podemos ver que, en el poniente de la ciudad, donde había cerros, ahora hay casas y edificios de departamento. Si nos vamos hacia la zona industrial, cada vez hay mas privadas con casas y espacios comunes dentro de bardas resguardadas por vigilantes. Donde había lotes baldíos, ahora hay centros comerciales. Parece que a la ciudad le gusta desconocernos de vez en cuando, poniéndonos nuevos paisajes en donde no los esperábamos.
Supongo que siempre ha sido así. Las ciudades cambian naturalmente y el llamado desarrollo planta cara. El problema el que donde construimos casas, se quitan árboles; donde vivirán cientos de personas en un edificio, antes vivían especies que llegaron antes que las personas. Sin embargo, la naturaleza pasa factura, mucho mas en un clima como el de la zona centro, de por sí árido y en épocas donde la lluvia se niega a caer.
Cuando era pequeña, mi abuelo nos llevaba a caminar a la sierra de San Miguelito o a la Cañada del Lobo. Los días de campo los hacíamos en la sierra de Álvarez. San Luis siempre sorprende, bien se puede estar en zona semi desértica y a no más de media hora, hay un bosque y avanzando un poco más, está la exuberante vegetación de la Huasteca. Sin embargo, temo que un día, veamos y hacia nuestro alrededor no haya mas que edificios de concreto. No me malentiendan, entiendo las transformaciones de los centros de población, pero me alarma que el crecimiento se haga sin escrúpulos que causan catástrofes naturales.
Los incendios que la última semana han azotado diversas regiones del estado, no son otra cosa mas que la consecuencia natural de nosotros y nuestra falsa idea de creernos el centro de todo crecimiento. Estamos acabando con espacios que ayudan a oxigenar el aire que respiramos. El pavimento que ahora tanto gusta, impide que la poco agua que cae alimente al suelo y lo fecunde. Ni hablar del cochinero que dejamos tirado en las calles, o peor, en los espacios verdes que nos quedan.
En casa visitamos frecuentemente la sierra de Álvarez. Es un espacio que nos nutre y nos hace poner las cosas en perspectiva. A donde vamos no hay señal de teléfono celular, así que nos permite estar sin distracciones. Caminamos entre la sierra y nunca hay desperdicio. Siempre encontramos un árbol nuevo, una flor que no habíamos visto, una seta de color inusual. Este fin de semana fuimos y créanme que en todos los años que llevamos visitando el lugar, jamás lo había tan seco. No ha llovido ni una gota y la usual neblina está ausente. Claramente, si no hay cuidado, cualquier chispa puede prender la cantidad inmensa de hojas secas que se han acumulado en estos meses.
La situación que ocurre con los incendios en Ciudad Valles, Rioverde y la sierra de San Miguelito, no son asuntos menores. El abuso que estamos cometiendo contra la naturaleza está cobrando caro y se está llevando parte de los pulmones de este estado. La ayuda se necesita en todos lados. Si usted tiene la voluntad de apoyar, hágalo siempre siguiendo las instrucciones de las autoridades. No se necesitan mártires del bosque, se necesita gente eficiente, bien cuidada, que ayude a apagar los incendios. Si su complexión física u ocupaciones le impide acudir, los brigadistas bien que necesitan agua, suero, bebidas isotónicas y comida enlatada. La estación de bomberos de Rioverde, la delegación de SEDARH y la oficina de representación de Gobierno del Estado en Ciudad Valles, y en el Parque Tangamanga I de la capital del estado, estarán recibiendo sus donativos.
Sin embargo, más allá de eso, debemos de tomar consciencia de que los bosques, la sierra, los ríos de la Huasteca, no son nuestros. Los tenemos en custodia, nos los han prestado y, contrario a lo que parezca, no son eternos. Cuidarlos es un deber y debería ser también un placer. Lo que menos necesitamos, es ver nuestro futuro incinerado.

