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¿JUNTOS?

Por Juan José Rodríguez

Febrero 05, 2026 03:00 a.m.

A

El comunicado suscrito por Morena, PVEM y PT hace una semana despeja una duda pero deja vivas otras. Precisa que a nivel nacional los tres partidos se proponen ir juntos en las elecciones del 2027 pero no aclara cuestiones fundamentales como qué método o métodos se utilizarán para designar a los candidatos y candidatas, no compromete los términos finales de la reforma electoral en preparación, no señala plazos ni define si se trata de una alianza total y absoluta, o si habrá algunas excepciones.

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Esto último es de particular importancia en nuestro estado, habida cuenta de que es el único gobernado por el PVEM, lo cual implica un especial interés para ese partido, pero también porque aquí las diferencias entre Morena y Verde son muy marcadas y no se ven fáciles de conciliar. Hay el riesgo, en esta circunstancia, de que una alianza forzada entre ambos resulte una victoria pírrica: un candidato(a) de origen Verde boicoteado en las urnas por la militancia de Morena, o un abanderado guinda derrotado por el voto en contra de sus supuestos aliados. Los matrimonios forzados, por conveniencia, suelen ser infelices, durar poco y acabar en lastimosos fracasos.

El texto difundido el miércoles de la semana pasada informa poco de los detalles de la alianza y resulta muy vago. Más bien, me parece, su propósito fue otro: propalar que hay acuerdo en lo fundamental, dejando para después la letra chiquita del arreglo. Eso, a su vez, respondería a un tema relevante que urgía corregir: al calor de las discusiones sobre la iniciativa presidencial de reforma electoral -que si desaparición o reducción de plurinominales, que si menos dinero para los partidos, etc.- Verde y PT se estaban mostrando como chantajistas y Morena y su presidenta se percibían chantajeables, débiles.

En estos últimos días desapareció de los medios la abundante información previa sobre la imposibilidad de sacar adelante una reforma importante sin los votos verdes y petistas, que estarían disponibles solo si en los cambios se respetaban sus intereses. 

En ese deplorable escenario de cínicos extorsionadores contra fáciles extorsionables, nadie salía ganando. El comunicado tripartita pudo haber sido de una sola línea. Decir algo así: "A ver cómo nos arreglamos en lo de la reforma electoral y el reparto de postulaciones, pero a las elecciones vamos juntos". Por lo que a San Luis se refiere, la verdad es que no se ve fácil.

Lo que de inmediato comenzó a ocurrir aquí en ese contexto -rechazo del morenismo potosino a ir de la mano del gallardismo verde así nomás- tiene sus razones. Primero, la ya mencionada condición de nuestro estado de ser el único gobernado oficial y formalmente por el PVEM (en Quintana Roo la situación es algo diferente), lo que para la dupla verde-gallardo hace inadmisible la sola posibilidad de ser derrotados en su principal bastión, que además funciona espléndidamente como caja chica.

Por supuesto que para el Verde el asunto se arregla si lo dejan poner candidato(a) en otro estado de la República, apoyado por la triple alianza para asegurarse el triunfo. Si esto sucediera, el gran perdedor sería el gallardismo, que podría incluso quedar excluido de la competencia en todos sus niveles, puesto que como es sabido no tiene en su poder el sello del PVEM que permite registrar candidaturas de todo tipo.

Recientemente, en conversaciones sobre las próximas elecciones, el gobernador ha dicho a varios interlocutores que él está tranquilo, dado que es él quien aquí tiene los votos, la estructura y el dinero. En lo esencial eso es cierto, pero votos son menos de los que presume; Morena tiene un año armando su propia estructura, que quizá no está al 100 por ciento pero tan poco tan fregada como hace doce meses. En cuanto al dinero, los manantiales de donde pueden brotar los billetes para Morena son más abundantes que los gallardistas. No sé si me explico.

Gallardo Cardona podría sortear esas graves dificultades amarrándose con otro partido que le preste el sellito, pero por ahora el único prospecto sería el PRI, que anda en el penúltimo nivel de los seis partidos con registro nacional. Dicho más claro, mientras que Morena mantiene una intención de voto a su favor en promedio del 40 por ciento, el Verde y el PRI sumados no llegan al treinta. Y los tres o cuatro puntos porcentuales de intención del voto del PT se irían al bando guinda.

En tales condiciones, no es tan difícil entender la posición de la dirigencia estatal de Morena encabezada por Rita Ozalia Rodríguez, en el sentido de no tener interés en ir junto con el verde-gallardismo en el 2027. Su preocupación mayor es conseguir candidatos de buen perfil, sobre todo para la gubernatura, las diputaciones federales y siete u ocho alcaldías.

Y tengamos siempre presente un dato clave: incluidas las más recientes de enero, las encuestas mantienen una constante: solo, el Verde no gana. Por eso los acercamientos con el PRI de Alito. Pero ni así.

¿Y EL NEPOTISMO, APÁ?

Decíamos en el segmento anterior que entre lo más importante a resolver en una alianza partidista es quién va a poner el candidato. En nuestro caso esto tiene complejidades mayores. Aún si asumimos que finalmente Morena, PVEM y PT irán juntos a las elecciones, es obvio que el candidato(a) provendrá de cualquiera de los dos primeros.

Desde la óptica de Gallardo Cardona, convencido de que la mayor bolsa de votos, la mejor estructura y los dineros más abundantes son los suyos, indudablemente que peleará su derecho a decir quién será el abanderado(a) de la coalición. 

Salvo que lleve años engañándonos, toda su intención es que lo suceda en el cargo su esposa, la senadora Ruth González. En caso de obstáculos insuperables para la señora, el siguiente en orden de preferencia sería su señor padre, el diputado Gallardo Juárez.

El problema está en chino. La prohibición constitucional de candidaturas afectadas de nepotismo entra en vigor en el 2030, pero en mayo pasado Morena modificó sus estatutos para dejar establecido que no presentará ni acompañará postulaciones con esa característica. No parece razonable suponer que en las primeras elecciones donde aplicará esa normativa estatutaria la vayan a convertir en papel del baño.

Esta perspectiva nos lleva de vuelta a la pregunta reiteradamente planteada: si no son ni la esposa ni el papá ¿con quién puede jugarla el gallardismo? Difícil una respuesta convincente, pues el resto de los prospectos mencionados (Navarro, Hernández Villafuerte, Lupe o doña Leo) son todos jugadores de segunda división. 

Mención aparte amerita el diputado Juan Carlos Valladares Eichelman, quien lleva días envuelto en una extrañísima circunstancia: su aparentemente mayor promotor, Gallardo Cardona, lo hace víctima de bromas grotescas y degradantes que en nada ayudan a su precandidatura. Además, tengo para mí que realmente el gallardismo lo quiere mandar a pelear la alcaldía de la capital. JCVE va a sobrevivir a las torpezas de su dizque patrocinador por una razón: sus amarres con los mandos nacionales del Verde. Pero bien podría gritar a los cuatro vientos: ¡No me ayudes compadre!

Del tamaño que sea su costal de votos, la eficacia de su estructura electoral y la abundancia de dineros, el gallardismo potosino enfrenta ya hoy serias dificultades para cumplir sus planes: la candidatura de doña Ruth o de Gallardo Juárez implicarían -ojo- no solo competir sin aliados poderosos sino en contra del partido que mantiene los más altos niveles de intención de voto en el estado. Una cosa es no competir tomado de la mano con Morena y otra competir en contra de Morena.

Ya en alguna ocasión anterior hemos dicho que la resistencia del morenismo potosino a aliarse con el gallardismo verde no es gratuito. Se sustenta en el hecho de que en tres o cuatro ocasiones en que han alcanzado acuerdos políticos de importancia, su contraparte incumple y hasta actúa en contrario. Y aunque la diferencia de matiz puede ser pequeña, en ocasiones no solo incumple sino que golpea, maltrata y saca ventajas indebidas.

Pero hay algo nuevo en el panorama, sobre el que les hablaremos con amplitud más adelante. Por ahora, un anticipo que sintetiza el fenómeno: a raíz de que desplegó en campo a sus operadores, hará cosa de un año, Morena ha ido descubriendo que en realidad el gallardismo verde está muy sobrevalorado; que contabiliza a su favor apoyos y liderazgos que en realidad ya huelen a leña de otro hogar. Es una historia interesante que merece ser contada con los mayores detalles. Me dijo alguien que conoce muy bien el hallazgo: "el gallardismo suena a bofo".

COMPRIMIDOS

Como parte obvia de una campaña de desinformación, a últimas fechas se insiste en algunos medios que la Universidad Autónoma de San Luis Potosí se niega a ser auditada. La verdad es otra. La casa de estudios tiene tres fuentes de financiamiento: el subsidio federal, el subsidio estatal y los ingresos propios. Los dos primeros los audita sistemáticamente cada año la Auditoría Superior de la Federación. ¿Por qué esa instancia? Porque ambos son recursos federales. El primero lo entrega la Secretaría de Hacienda a la SEP para que lo haga llegar mes con mes a la UASLP. El segundo se entrega al Gobierno del Estado como parte de sus aportaciones federales, pero viene etiquetado y no puede destinarlo a otro gasto. Finalmente, los ingresos autogenerados (cobro de colegiaturas y derechos de exámenes, servicios diversos a empresas privadas, donaciones, etcétera) son auditados doblemente: por la contraloría interna y por un despacho externo autorizado por el Consejo Directivo Universitario.

El ínclito e inefable líder de los diputados verdes y petistas del Congreso local, hizo su mejor esfuerzo y confirmó por qué le viene tan bien el mote de El Inútil. Su iniciativa para introducir formas de control sobre el empleo de la Inteligencia Artificial, aprobada entre ovaciones por sus congéneres legisladores, ya fue bateada por un tribunal federal, principalmente por estar mal redactada y contener imprecisiones. O sea, no solo es malito legislando sino hasta redactando.

Hay algunos indicios de que en fecha próxima habrá cambios y enroques en las delegaciones federales. Los actuales titulares, en su inmensa mayoría, fueron designados hace cosa de un año. Ha sido plazo suficiente para que dos que tres mostraran su incompetencia o su irresponsabilidad, algunos otros se dedicaran más a la grilla partidista que a sus deberes oficiales y no falta alguno al que se le hizo fácil ir a entregar el cuerpo a Palacio de Gobierno y se irá por desleal.

Hasta el próximo jueves.