Pocas cosas hacen tanto daño a una república como el empobrecimiento de la discusión pública. Cuando esto es producto de una decisión libre del individuo, es pasable; cuando es estilo -o peor aún, política- de un gobernante, imperdonable.
En otro momento hemos hablado sobre la conveniencia para algunos políticos de controlar la agenda pública. Esto es, el conjunto de temas y asuntos que son reconocidos públicamente como problemas y que por tanto deben atenderse. También hemos dicho que los ángulos de aproximación a los problemas dependen de la posición en la que cada actor se encuentra. Se le llama la Ley de Miles, que señala “la posición que adoptas depende del lugar en el que estás sentado”. Debo reconocer que no hay traducción que haga justicia al aforismo original de Rufus Miles que en inglés reza: “Where you stand depends on where you sit”. La idea es clara, los ganadores minimizan el conflicto mientras que los perdedores buscan magnificarlo.
[Intermezzo. De un tiempo para acá le he tomado un aprecio especial a algunas películas animadas. Hoy quiero recomendarle a Usted un ejemplo por demás elocuente en la trama de la película “Los Increíbles”. Le cuento rápido: el malo de la película quiere ser superhéroe, entonces crea a un monstruo que solo él puede vencer, para poder legitimarse frente a la población. No propongo a la conspiración como un recurso para explicar lo que hace un gobierno o sus opositores. La lección tiene que ver con que la percepción pública -que a veces se traduce en votos- depende de la eficacia demostrada frente a los monstruos que enfrentamos en la vida pública].
Es en el nombre del control de la agenda pública, por el que se realizan algunas acciones -insisto, quiero pensar que son acciones y no estrategias deliberadas- que centran la atención, las energías y el interés de una sociedad sobre un conjunto de temas y asuntos, y no sobre otros que pueden ser de igual o mayor relevancia para la vida pública. El empobrecimiento de la discusión pública no depende de la cantidad, estilo o trayectoria de quienes participan (participamos) en los distintos circuitos y canales de la opinión pública, sino que en muchas ocasiones se encuentra determinado por el esquema inicial de asuntos sobre los que se va a discutir. Por eso es indispensable la labor de la prensa libre, de la prensa de investigación, de las organizaciones de la sociedad civil, de la participación ciudadana, de la discusión académica o incluso de la ciudadanía no organizada que se expresa en redes sociales. La visibilización de los asuntos públicos es responsabilidad de la sociedad, la haríamos en abandonarnos a pensarlo como una graciosa concesión de estado.
[Intermezzo 2. Conviene rodearnos de personas y discursos que nos hagan repensar la manera en que conocemos y entendemos las cosas porque enriquece nuestra propia definición de lo que es importante. Como ejemplo de lo anterior; hace unas semanas terminé la lectura del libro “La Fosa del Agua” del Lydiette Carrión. Debo reconocer que me fue muy difícil terminar su lectura por la crudeza de sus testimonios. Relata la interminable odisea que enfrentaron las familias de mujeres que fueron asesinadas y cuyos restos fueron encontrados en el Río de los Remedios en el Estado de México. Uno logra entender que los discursos del estado frente al problema del feminicidio distan mucho de los testimonios de las víctimas. Duele, pero ganamos lucidez.].
Cuando se presenta un asunto relativamente nuevo a la discusión pública, los términos iniciales son determinantes. Se asemeja mucho a un saque inicial en tenis, que es el golpe más importante de ese deporte. Representa el establecimiento de un primer movimiento, implica fuerza, cadencia y direccionalidad. Obliga al rival a partir de una posición o lugar que le resulta incómodo. De inicio le corresponde reaccionar y no proponer el juego. Lo mismo ocurre cuando se nos proporcionan ciertos asuntos y no otros, así como los términos en los que se van a discutir.
Hay dos preocupaciones que quiero compartir con Usted. La primera tiene que ver con la concepción pública de la vida política a partir de la definición de la agenda de los asuntos públicos. La vida política no es frivolidad o pirotecnia como algunos se empeñan en hacernos pensar. La otra es que, de cara al inicio de los procesos electorales locales en todo el país, me preocupa que la concurrencia con el proceso electoral federal propicie que la discusión de los asuntos locales adquiera un carácter secundario frente al conjunto de asuntos de visibilidad nacional. Cuidado con eso.
Twitter. @marcoivanvargas

