Oscurantismo

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La mañanera me confunde, me agobia, me entristece, me llena de coraje y de impotencia.

Por eso me concentro en esa advertencia de tormenta de truenos y relámpagos que está por desatarse. Que vuelva la lluvia como ayer.

Que nos meta bajo techo, propio o ajeno. Que nos permita encerrarnos, dejar de esparcir los bichos que se pegan al aproximarnos a un semejante.  Quedémonos en casa, con familia y mascotas. Celebremos el día del perro o del amigo de forma virtual.

Consumamos vídeos, series, listas de reproducción musical, atasquémonos de libros, lecturas, poesías, poemas, versos, cuentos, novelas. No importa que el señor haya dicho que aprender, estudiar o enseñar no deja nada bueno. No importa que haya dicho que los que nos gusta el estudio, casi casi somos del clan del Padrino, de su mafia o de su “famiglia”.

Los que leemos, sabemos que esta vez, con mucho respeto, tiene una versión distinta, otros datos que alguien le pasó de manera equivocada. O que si no quiso decir eso que lo aclare. O mejor que no aclare nada porque, de todos modos el conocimiento está ahí para acceder a él. Esa idea falsa es de la Edad Media, del Oscurantismo

Lo que haga cada persona con lo que aprende es otro boleto. No es el estudio lo que hizo a Michael Corleone un mafioso. Nació en una familia, según su creador, cuyo modus vivendi, eran los negocios ilícitos. Y eso lo deducen los niños de seis en adelante. Por favor, SP no reduzca la realidad a una novela, aunque sea ésta uno de los libros más vendidos después de la Biblia.

Nosotros -la gente- no somos personajes de un best seller como ése. Somos un chingo de gente que aspira a muchas cosas en la vida. No aspiramos a vivir como mafiosos o como integrantes de un cártel o una banda al estilo mexicano. Anhelamos una forma de estar y ser que nos permita disfrutar y conocer el mundo y a sus habitantes de forma honesta.

Deseamos viejos y jóvenes un mundo en donde podamos salir en paz por la noche en cualquier calle de cualquier barrio.

Son aquellos con una formación deficiente los que sueñan con convertirse en un Señor de los Cielos (versión mexicana de algún Padrino). Porque ese sueño resulta más fácil que el camino que cruza por las escuelas y por un sistema de méritos. Es nuestro sistema o modelo económico lo que empuja a la gente a integrarse en bandas criminales. Es la imposibilidad de padres de familia para estar cerca de sus hijos y acompañar su desarrollo lo que “pierde” a esos muchachos. 

Son las lagunas de información lo que arroja madres solteras a las calles a ganarse el pan, o a morir en una camilla de una clínica clandestina buscando un aborto.

No es la educación lo que corrompe a las personas sino la combinación de una serie de carencias que estado y sociedad no han sabido administrar. En lugar de satanizar la educación apliquémonos a mejorarla.

Mientras, que llegue la lluvia, que aclare la mente y el espíritu de quienes hacen declaraciones tan atrevidas y que finalmente al terminar, deje el terreno listo para sembrar con mejores intenciones, el destino de tantas almas.