Dentro de lo mucho que la pandemia nos ha obligado a aprender, está la paradoja tecnológica en la que vivimos. Por un lado, el consumo frente a pantallas ha aumentado. Cualquier pantalla. Hemos visto más televisión en estos dos últimos meses. Muchos de nosotros acudimos a servicios de televisión por internet, dejando atrás a la televisión pública y a los servicios de televisión por paga. Netfix, Amzon y otros servicios por el estilo, han aumentado el número de suscriptores. De la misma manera, hemos también incrementado el uso de entregas de productos en casa a través de plataformas creadas exprofeso. Compramos desde el mandado de la semana, hasta aparatos para hacer ejercicio en casa. También el uso de redes sociales ha aumentado: Facebook, Instagram, TikTok, Twitter, se vuelven en un escape sencillo para perder el tiempo. Los portales noticiosos están a reventar: todos queremos saber cualquier cosa del virus. Igual pasa con los sitios de instituciones académicas, como la Universidad Johns Hopkins que lleva un conteo serio sobre los casos, o bien la Organización Mundial de la Salud y las instituciones gubernamentales del área. La necesidad de contacto social y laboral ha hecho que utilicemos como nunca las plataformas de videoconferencias, que, además de solucionar dilemas de trabajo, presentan opciones sencillas para poder platicar con la familia y los amigos. Pareciera que nadie queda fuera de las opciones que la tecnología ofrece. Pareciera.
A pesar de tanto avance, hemos chocado con la tecnología en el frente educativo. Salvo excepciones, poner la tecnología en uso para que los niños y niñas tomen clase a distancia, descarguen material que venga de sus propias escuelas y subir la evidencia de los trabajos realizados en casa, ha sido, para la mayoría de los mexicanos, complicadísimo. Nos estamos dando cuenta de que el uso de las tecnologías de la información aplicadas al sector educativo, es incipiente. Claro, los alumnos pueden tener correos electrónicos y una plataforma en donde su centro escolar cuelgue avisos y material para realizar, si están en escuelas particulares, pero eso no garantiza educación a distancia. Ni hablar, por supuesto, de las escuelas públicas donde la brecha tecnológica es mucho más evidente. Ya en febrero de este año, Tijani Mohammad Bande, Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, dio a conocer que la organización estimaba que a nivel mundial hacen falta 69 millones de maestros en el mundo y que la infraestructura que existe requiere de una inversión aproximada de 39 mil millones de dólares para estar al día en cobertura y calidad. Ahora estamos viendo que es cierto. Aunado a esto, además de lidiar con la carencia de servicios de TICs en los planteles, está la tremenda incapacidad de maestros y alumnos para generar métodos de aprendizaje remotos. Claro, la pandemia nos cayó de golpe, pero a un mes y días de que en este país inició el distanciamiento físico, es claro que no habrá a finales de este ciclo escolar, ni la cantidad, ni la calidad de conocimientos que hubiesen recibido los alumnos sentados en sus salones.
No digo en forma alguna que esto no esté generando aprendizaje. Al contrario, los niños y niñas mexicanas están en una lección de vida importantísima que habla de autocontrol, autodisciplina y generación propia de conocimiento; por no decir que hay quien hasta ahorita está aprendiendo a lavar platos, tender camas, barrer, trapear y cocinar. Evidentemente esto es una lección que generará otro tipo de conocimientos valiosos. Sin embargo, cualquiera hubiese pensado que en una sociedad en donde sabemos en tiempo real lo que está diciendo la canciller alemana al otro lado del mundo, pudiésemos también tener a maestros dando clases desde sus casas y alumnos atendiéndolas en la misma ciudad. Pero ya hemos visto que la cosa está muy cuesta arriba.
Queda claro que independientemente de cuándo volvamos a tener en el mismo salón a maestros y alumnos, la gran tarea pendiente para el sector educativo será implementar métodos eficientes de educación a distancia tomando ventaja de la cantidad impresionante de aplicaciones y plataformas (en gran parte gratuitas) que están disponibles. El virus llegó para quedarse y mientras no tengamos vacunas ni tratamiento específico para matar al coronavirus, no podemos descartar que volvamos en algún momento, a la educación desde casa. Suena tremendo, pero es cierto. Tomemos esto como una primera experiencia que sirva para futuros escenarios.
Y ya me voy. Los padawanes no pueden conectarse a la plataforma para hacer sus tareas. Diosito nos ampare.

