[Spoiler alert:
las redes sociales están ganando]
YouTube modifica la realidad que perciben sus usuarios. Si bien esta afirmación luce temeraria, diversas investigaciones profesionales, periodísticas y académicas comienzan a proporcionar hallazgos que sustentan esta idea. Solo por mencionar un ejemplo, el periódico The New York Times acaba de publicar un reportaje titulado “YouTube ayudó al surgimiento de la derecha y la radicalización en Brasil” en el que se relata cómo los políticos y simpatizantes del Partido Social Liberal reconocen que el triunfo de Jair Bolsonaro y el giro hacia la derecha extrema no habría sido posible sin el algoritmo de recomendaciones de YouTube.
Para poder dimensionar este fenómeno y su relación con los procesos políticos en la actualidad, quisiera partir de un supuesto: los vídeos que promueve YouTube han alterado de manera drástica la manera en que se realizan algunas actividades cotidianas en nuestro país. Cada vez es más frecuente que se consuman bienes o servicios gracias a la información que fue vista o conocida en un vídeo por internet. Lo que hace YouTube a través de su motor de sugerencias, es identificar ciertos patrones de intereses de sus usuarios basados en lo que ven y lo que buscan. De esta manera, el algoritmo que hace funcionar al motor de recomendaciones, tiene la capacidad de “aprender” sobre estos patrones y “seleccionar” entre millones de videos en la red, a un subconjunto de contenidos que pueden resultar del interés de los usuarios. Mientras más sugerencias “sigan” o “acepten” los usuarios, más se perfecciona el banco de datos y, por tanto, el algoritmo será más preciso en ofrecer contenidos interesantes o relevantes.
Este no se trata de un plan siniestro de Alphabet Inc. –empresa multinacional cuya principal subsidiaria es Google- para modelar los intereses de las personas. Hay que recordar que YouTube es una compañía que tiene la capacidad de generar 1000 millones de dólares al mes a través de la creación y conservación de audiencias. Lo que hace YouTube no solo es hacer disponibles los vídeos que comparten los usuarios, sino, sobre todo, sugiere qué ver después con el objetivo de mantener a los usuarios pegados a la pantalla. Como una evidencia en el éxito de este modelo, se calcula que el 70% del tiempo total que pasan los usuarios en la plataforma, proviene del sistema de recomendaciones. Si le interesa el planteamiento técnico del sistema de recomendaciones, por favor lea un texto titulado “Deep Neural Networks for Youtube Recommendations”, disponible en la red.
Si reconocemos la eficacia de YouTube para introducir contenidos y saberes en sus usuarios, conviene preguntarnos: ¿A través de esta plataforma se puede incidir en las elecciones? ¿En qué medida los contenidos de YouTube constituyen “la educación política” de determinados usuarios? ¿De qué cantidad de posibles electores estamos hablando? ¿De qué manera el sistema de recomendaciones puede afianzar o modificar las percepciones políticas de los usuarios?.
La experiencia de YouTube en Brasil o el caso de la participación de Cambdrige Analytica y Facebook en las elecciones de Estados Unidos en 2016 señalan una realidad que no es ajena al caso mexicano. Es posible aprender de los perfiles y comportamientos de los usuarios de las redes sociales, para poner a su disposición información –real o no- que se conecte con sus intereses. De esta forma los usuarios reciben información seleccionada desde donde construye una forma de ver la realidad.
A pesar de que las compañías Facebook, Twitter y YouTube han hecho posicionamientos para deslindarse de cualquier incidencia política deliberada sobre sus usuarios, la realidad sigue demostrando que el empleo de estas redes tiene una eficacia inédita en los patrones de consumo de información de todo tipo. Cualquier persona con tres gramos de astucia entiende el enorme potencial político que el uso de estas plataformas tiene en los procesos electorales. No deberíamos perder el tiempo en discutir la manera en que se pueden regular comportamientos líquidos –para ponerlos en términos de Bauman- y dinámicos en las redes sociales. Bien haríamos en asumir una responsabilidad cívica y política para dotar a las personas de la capacidad de discernir información y decidir en libertad. No vaya a ser que las personas piensen, compren o voten pensando en una realidad que les fue inducida.
Twitter. @marcoivanvargas

