Pinos, Zacatecas.- A 110 kilómetros de la capital potosina un pueblo de Pinos, Zacatecas, vio hace cuatro décadas cómo los propios lugareños vencieron a los patrocinadores de pistas clandestinas de aterrizaje, y con accidentes de dos aviones consiguieron la huida de contrabandistas y narcotraficantes que quitaron tierras a los habitantes para volar sus aviones.
Utilizaron estrategias propias para eliminar actividades clandestinas con aviones que ponían en riesgo a los pobladores.
A lo largo de la serranía ubicada entre una comunidad que se llama El Toro, perteneciente a Villa de Ramos, San Luis Potosí y Manuel María, que a su vez es parte de las comunidades de Pinos, Zacatecas, hace cuatro décadas los habitantes se hartaron de gente que le robó tierras para construir pistas clandestinas de aterrizaje de aviones que transportaban contrabando, presuntamente dirigido a las ciudades de San Luis Potosí y Zacatecas.
Como recuerdo de aquella lucha para que los contrabandistas se fueran de ahí, en Manuel María se encuentra ya muy destruido un pequeño avión con capacidad para aproximadamente diez pasajeros, que supuestamente cayó en el lugar mientras transportaba droga sin alcanzar a llegar a la pista clandestina.
Son los propios habitantes quienes cuentan que en medio de la serranía se encuentra otro avión que no alcanzó a llegar a la pista, porque los propios habitantes lo confundieron y al tratar de aterrizar la aeronave se vino abajo en un aterrizaje forzoso que terminó por romper parte de su estructura.
Sin embargo, el pequeño avión del pueblo es por igual parte de los juegos de un parque muy sencillo, y es a su vez el objeto del nerviosismo de los habitantes, puesto que por muchos años ha sido apedreado cuando sospechan que algún desconocido se introduce.
El tren de aterrizaje no sirve y los dos motores quedaron regados por el pueblo uno de ellos en una pequeña represa.
Los más viejos del pueblo cuentan que aproximadamente en 1980, algunos lugareños acordaron colocar fuego en un lugar erróneo para obligar al aterrizaje de una aeronave que no contaba con medios para comunicarse con un controlador en piso, y así aterrizó en una superficie que terminó por destrozar el tren de aterrizaje.
En otro incidente consiguieron confundir a un piloto, que aterrizó en la sierra y también sufrió averías.
A partir de ambos accidentes, los invasores se retiraron del lugar y jamás volvieron a usar la pista clandestina.
























