Entre dos y tres millones de personas perdieron el empleo en unos días, en un país de 26 millones de habitantes. A los extranjeros no les ampara derecho alguno para el acceso a los apoyos gubernamentales.
Con muy escasos migrantes de origen mexicano, como parte de la población económicamente activa o de la comunidad estudiantil, nadie tiene posibilidad de recibir ayuda como trabajador extranjero.
Empleados que desarrollaban sus tareas en empresas que los contrataron por años, un domingo en la noche se enteraron de que para el día siguiente ya estaban despedidos.
Las minorías extranjeras que se quedaron sin medios de sustento enfrentan el futuro más incierto. La mayor parte de las ciudades se encuentran confinadas y no hay movimiento en las calles, tampoco políticos y activistas irresponsables que manden a la gente a manifestarse bajo riesgo de contraer la enfermedad y diseminarla.
EL DERRUMBE
Con una formación de economista, Luis Alejandro Ponce salió de San Luis Potosí hace aproximadamente catorce meses, para buscar mejores oportunidades en el país más grande de Oceanía.
Como profesor en el Programa Nacional de Inglés para Todos, instruyó en la lengua inglesa a varias generaciones de estudiantes jóvenes en San Luis Potosí. El programa fue disuelto de un día para otro y la empresa contratada por el Gobierno Federal dejó de pagar a los docentes en abril de 2018. Titulado de la Maestría en Gestión de la Innovación Tecnológica por la Universidad Iberoamericana de León, enfrentó la disyuntiva de quedarse o pretender una nueva suerte en otro lugar del mundo.
Lo común es buscar oportunidades en cualquier ciudad importante de Estados Unidos o en Inglaterra. Alejandro concluyó que Australia le representaría un nuevo e interesante reto, para diversificar su desarrollo profesional.
Hace un año ingresó a Virgin, una de las aerolíneas más importantes, y consiguió otro empleo como supervisor de un equipo de trabajo en un centro comercial. En forma paralela, comenzó a estudiar un posgrado en Comercio Internacional en Greystone College, donde las clases se volvieron en línea desde hace semanas.
En febrero comenzaron las versiones de la enfermedad en territorio australiano, pero incluso nunca fue tomado en serio el asunto, puesto que se suponían protegidos por la distancia.
En Australia pensaban que todo estaba muy controlado, porque una vez que surgen las noticias de la extensión de los contagios, fue cerrada la ciudad de Wuhan, en China, pero cuando la autoridad local reaccionó, ya era demasiado tarde.
COMIENZA EL APURO…
Apenas afloró la noticia del nuevo virus, el gobierno de Australia restringió de inmediato los viajes a y desde China, así que los habitantes y extranjeros creyeron que no pasaría a mayores.
Sin embargo, hubo brotes de la enfermedad COVID-19 en el estado de Victoria, en New South Wales -en Nueva Gales del Sur- y cada vez se veía más cerca. Luis Alejandro vive en Brisbane City, capital de Queensland en el este de Australia.
Previamente se dio un caso muy llamativo, que se convierte en una noticia que corrió por todo el país. Un estudiante proveniente de China estaba contagiado de la enfermedad y llegó antes del cierre de los viajes.
El estudiante era alumno de la Queensland University, y después de que salió positivo en coronavirus fue un shock para todos, porque pues el lugar donde estudia está muy cerca de todo de todo el centro de la ciudad.
Así, la gente empezó a caer en la cuenta de que ya estaba sucediendo, que ya estaban en peligro y empezó cierta paranoia, porque el joven convivió con mucha gente e incluso, ya contagiado estuvo en un club nocturno.
De toda una serie de lugares en los que estuvo, se convirtió en alguien que diseminó el coronavirus por todos lados.
REACCIóN TARDÍA
Ni en enero ni en febrero Australia había tomado alguna medida contra la llegada del virus.
Cuando empezó marzo, comenzaron en realidad los cambios “y fueron sumamente rápidos, tanto, que alguien tenía cierta estabilidad en su vida un viernes y para el lunes ya no tenían fuente de trabajo por anuncios del gobierno para restringir actividades en muchas industrias”.
El Primer Ministro Scott Morrison, empezó con anuncios muy suaves, únicamente con instrucciones de tener cuidado, lavarse las manos, medidas de distanciamiento social y precaución de dejar espacio entre uno y otro
No había ninguna medida para vigilar a todos los que llegaron del extranjero, quienes fueron instruidos por autoridades sanitarias para resguardarse por un mínimo de 14 días en sus casas.
Mucha gente ingresó al país sin ningún problema y casi nadie hizo caso a las recomendaciones, que por entonces eran muy suaves. “Los australianos suelen ser obedientes, siguen las reglas y no tienen por qué forzarlos a que cumplan con las determinaciones”, explica Luis Alejandro.
MEDIDAS RADICALES
La segunda semana de marzo comenzaron medidas más radicales puesto que comenzaron a prohibir los cines y los lugares de aglomeración. No están permitidas las reuniones de más de diez personas en un mismo sitio, así sea una casa particular, y en medio de ese escenario mucha gente comenzó a perder el trabajo.
Los anuncios del Primer Ministro Scott Morrison llevaron a los trabajadores a caer en la cuenta de que un domingo en la noche se prepararían para amanecer sin trabajo el lunes. Él mismo difundió una lista de lugares que ya no deberían operar al día siguiente.
Cerraron actividades en la mayor parte de las aerolíneas, sobre todo al principio en el área de vuelos internacionales. Solamente podían entrar al país los australianos.
Luis Alejandro recuerda que en la aerolínea Virgin él se daba cuenta de todo, las indicaciones enviaban de un instante a otro e incluso conocía determinaciones antes de que fueran conocidas en medios de comunicación y había que entrarle a la adaptación, a la toma de decisiones.
Por lo menos en las aerolíneas se hablaba del despido de un mínimo de 8 mil personas. Incluso el hombre del máximo cargo en la aerolínea donde él labora, concedió una entrevista en medios de comunicación donde confirmó la reducción de la planta laboral.
“Fue algo muy horrible ver gente saliendo con cajas... Afortunadamente yo no perdí el trabajo, pero prácticamente la mayor parte del personal del aeropuerto, de todo el personal de los hangares, e incluso casi todo el personal de operaciones se quedaron sin trabajo por la suspensión de vuelos”.
La industria aérea está paralizada en Australia. En el caso de Virgin, sólo está operando con el 10 por ciento de la capacidad y eso provoca el despido progresivo de trabajadores.
DESACUERDO SOCIAL
La orden de cerrar fuentes de trabajo en áreas que comprometen la concentración de personas provocó inconformidad social. El propio Primer Ministro decía que quería mantener abiertos muchos lugares, pero gran parte estaban cerrados, y al mismo tiempo llamaba a los australianos a permanecer en sus casas.
En el centro comercial donde laboraba había sólo unos cuantos negocios abiertos, pero la orden de permanecer en las casas los mantenía sin ventas.
Explica que muchos pedían el ingreso de supervivencia (lockdown, o seguro de desempleo) para los trabajadores de los negocios abiertos, puesto que muchos seguían abiertos sin clientela, porque nadie quería salir de sus casas y los propietarios de las tiendas continuaban pagando rentas.
“Yo incluso también estaba en desacuerdo con las medidas del Primer Ministro, pero poco a poco me di cuenta que sí está funcionando, porque hay menos casos de infecciones y también ha ayudado a la restricción en cada frontera con cada estado, para evitar la movilidad entre uno y otro”.
Alguien que vive en Victoria no puede ingresar a Queensland y alguien que vive en Queensland no puede entrar a Nueva Gales del Sur, y por ello es muy complicado de la gente ande por la calle o cruzando de un lado a otro sin supervisión alguna, explica.
Quienes viven en Australia solamente se dirigen de entrada o salida, pero si pueden llegar a Queensland, entran y el ejército los obliga a estar confinados catorce días.
CONTRASTES DE SUERTE
Luis Ponce vive las ambivalencias de la crisis. En la aerolínea se encuentra en estado de hibernación, pero en el centro comercial él y sus compañeros ya no se presentaron, puesto que no hay clientela y los lugares se encuentran totalmente solos.
“En tres pisos de shopping center te encuentras una sola persona, en el área de restaurantes te encuentras 5 personas. Yo trabajo en el principal shopping mall de todo el estado, y verlo así de solo da mucha tristeza”, reconoce.
El gobierno no obliga a muchas cosas, ni está pidiendo salvoconductos; las personas pueden salir, aunque sólo para actividades esenciales, es decir, trabajar, ir de compras y hacer ejercicio.
No se ve a la policía arrestando gente por estar en las calles, pero algo que sí está cuidando mucho es que la gente no esté en las playas y que no haya más de diez individuos en un mismo sitio.
“Es una regla reciente si encuentran a diez personas en una reunión en una casa, por ejemplo en una terraza con amigos o en un patio, y son más de diez personas, la policía acude y arresta a los diez”.
Aparte, el que sale a la calle no puede andar con más de una sola persona, sino que pueden ser máximo dos y también en esos casos la policía lo detiene.
VARADOS Y DESAMPARADOS
En Australia se quedó una enorme cantidad de estudiantes varados y en el desamparo. Australia comenzó a ofrecer a los residentes permanentes y a los ciudadanos un salario de 1 mil 500 dólares por quincena a partir de mayo, simplemente por ser australianos o que tengan perdido su trabajo. Tienen el ingreso asegurado.
Sin embargo, los estudiantes y personas que se encuentran de manera temporal no corren la misma suerte y por lo tanto, requieren el apoyo de sus allegados en el extranjero.
Muchos se encuentran atorados, hay muchos que se encuentran trabados porque no pueden regresar a sus países de origen y porque ya no tienen dinero ni para comer ni para pagar rentas. La renta es muy cara y hay gente que nunca ahorró y ahorita se encuentran batallando mucho, narra.
En Australia hay muchos colombianos, señala, y hay un problema muy serio con ellos, porque Colombia está cerrada para nacionales y extranjeros, y entonces ellos están forzados a permanecer en Australia completamente; no están recibiendo ni un solo apoyo del gobierno, puesto que así son las reglas y ya no tienen dinero y entonces no tienen cómo pagar sus rentas. Muchos eran meseros y trabajaban en otras áreas prohibidas por la contingencia, así que están atorados y siguen pagando renta y aunque quisieran regresar a Colombia no puede porque está cerrado el país Así que deben aguantar
Hay una ola de gente que se va a regresar en cuanto abran muchos países de Latinoamérica.
Explicó que hay muy pocos mexicanos, e incluso sólo conoce a tres que ya conocía desde la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, cuando él era estudiante, pero fuera de ahí lleva un año y tres meses en Australia y sólo ha conocido a tres mexicanos para ellos aplican las mismas reglas que para todos los que van del extranjero
No hay ningún apoyo gubernamental ni mucho menos.
Luis Alejandro Ponce explica que él estuvo ahorrando mucho de diciembre por una serie de proyectos que pretendía desarrollar; desde ahí estuvo guardando el dinero para unos proyectos que tiene en mente, pero hasta ahora toca estar gastando poco y esperando a ver en qué términos queda la crisis de la pandemia.
Perdió el empleo en el centro comercial pero todavía a él le queda el trabajo de la aerolínea, en el que no se sabe cuándo va a terminar, puesto que en la situación en que se encuentra la industria aérea en la actual coyuntura, tampoco se le da mucha esperanza de que los trabajadores que se encuentran en hibernación vayan a seguir contando con un sueldo.
Con eso está afrontado todos sus gastos, pero se considera afortunado, porque tan sólo al principio perdieron el empleo alrededor de 2 o 3 millones de personas en una semana y media, y se ha puesto muy complicada la situación.
MIRARSE EN ESE ESPEJO...
Luis Alejandro Ponce tiene la confianza de que las fuentes de empleos se restablecerán pronto.
Sin embargo, en el caso de México y en particular de San Luis Potosí, advierte que las medidas deben tomarse muy en serio y que las autoridades también entiendan la seriedad de las medidas para la disminución del tiempo de hibernación.
“Es muy importante garantizar las medidas de quedarse en casa atender las condiciones de la sana de instancia, y atender el refuerzo de las campañas para que en verdad funcionen, y no sólo se queden precisamente en actividades de difusión”.
Advierte que en Australia sí funcionan las medidas extremas.
Recuerda que además hay una diferencia muy grande, puesto que en San Luis Potosí ni autoridades ni habitantes entienden la verdadera seriedad de tomar las medidas para disminuir el periodo de contagio de coronavirus, y en México el gobierno no está dando ni un peso para asegurar el desempleo y sostener a la industria y el comercio.
Dijo saber que en México va a ser muy complicado que tengan medidas extremas similares. “Yo soy de las personas a quienes no le gustaron las medidas iniciales, pero se trata de decisiones básicas que funcionaron desde un inicio desde la sana distancia, con el apoyo de muchas empresas”, comenta.
En el caso de San Luis Potosí, advierte que es extremadamente importante que no se tome a juego el tema, porque es un virus extremadamente contagioso.
Recordó que San Luis Potosí fue una ciudad muy importante en el brote de la influenza A/H-1-N1, y ya con el aprendizaje histórico, es responsabilidad de las generaciones que lo vivieron apoyar en el enfrentamiento del distanciamiento social.
“Yo sé que hay mucha gente que no se puede quedar en sus casas a guardar el distanciamiento social, pero es muy necesario extremar medidas, porque de lo contrario eso va a durar mucho tiempo, lo que cada ciudad o que cada país quiera que dure, y si las cosas se hacen como se deben hacer, eso puede controlarse muy rápido”.
En el caso de Australia, la gente hizo caso desde un principio y no fue necesaria ninguna medida de coerción, y esa fue la gran diferencia entre aquel país y México.
La gente atendió las recomendaciones desde un principio, y eso ayudó a controlar en corto tiempo la situación.
“Hay países que han puesto al ejército y a la policía en las calles para obligar a la sana distancia y a las medidas de mitigación, sobre todo en América Latina, pero en Australia no se tuvo que hacer eso, sino que la gente por voluntad propia tomó sus propias medidas de protección, y el resultado que se está viendo es optimista y muy importante, porque la curva de contagios se está aplanando y hay una esperanza de, al menos en ese país, detener la pandemia”.















