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ENTRE CORONAS Y FIGURAS

Origen y significado de la Rosca de Reyes, una tradición que une historia, pan y celebración

Por Estrella Govea

Enero 06, 2026 03:00 a.m.

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ENTRE CORONAS Y FIGURAS

La Rosca de Reyes forma parte de las celebraciones del 6 de enero en México y se asocia con la Epifanía, fecha que recuerda la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús. La costumbre llegó al país durante el periodo colonial, procedente de Europa, y con el tiempo adquirió rasgos propios que la consolidaron como una de las tradiciones más reconocibles del calendario festivo mexicano.

El origen del pan se remonta a celebraciones europeas de la Edad Media, aunque algunos antecedentes se sitúan en las saturnales romanas, donde se ocultaba una moneda en un dulce para designar a un "rey" temporal. En Francia y España esta práctica se vinculó con la Epifanía y adoptó la forma de un pan circular. En México, la rosca se integró de manera paulatina a las celebraciones religiosas y sociales, con registros claros de su consumo y simbolismo a partir del siglo XX.

La forma ovalada o circular de la rosca representa distintos significados dentro de la tradición cristiana. Para algunos, alude a la corona de los Reyes Magos; para otros, simboliza la eternidad y la idea de un ciclo sin principio ni fin. Las frutas secas y cristalizadas que la decoran evocan las joyas de las coronas reales, mientras que el aroma del agua de azahar se volvió un rasgo distintivo del pan en México.

En el interior de la rosca se esconden figuras que representan al Niño Jesús, un elemento que se consolidó en el país a lo largo del siglo XX. Quien encuentra una de estas figuras asume el compromiso de cuidarla y participar en la celebración del Día de la Candelaria, el 2 de febrero. Esta práctica dio lugar a una dinámica comunitaria que vincula el Día de Reyes con la preparación y reparto de tamales.

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La Rosca de Reyes, tal como se conoce hoy en México, es resultado de un proceso de adaptación cultural que combinó una tradición europea con prácticas locales. Su consumo no solo marca el cierre del periodo navideño, sino que funciona como un acto colectivo que refuerza la convivencia familiar y social, integrando símbolos religiosos, historia culinaria y costumbres compartidas.