División en la región por la captura de Maduro
Diferentes posturas ante la intervención de EEUU en Venezuela

CIUDAD DE MÉXICO (AP) — En su conferencia de prensa celebratoria sobre la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, su homólogo Donald Trump presentó una visión extraordinariamente franca del uso del poder estadounidense en Latinoamérica que expuso las divisiones políticas desde México hasta Argentina, a medida que mandatarios afines a Trump surgen en toda la región.
"La dominación estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionada", proclamó Trump sólo horas antes que Maduro fuera escoltado a través de las oficinas de la DEA, la agencia federal antidrogas, en Nueva York.
La escena marcó una culminación sorprendente de meses de escalada en la confrontación de Washington con Caracas, que ha reavivado recuerdos de una era pasada de intervencionismo estadounidense descarado en la región.
Desde que asumió el cargo hace menos de un año —y renombró rápidamente el Golfo de México como el Golfo de Estados Unidos— Trump ha lanzado ataques en el Caribe contra embarcaciones que supuestamente transportaban drogas, ordenado un bloqueo naval a las exportaciones de petróleo venezolano e intervenido en elecciones en Honduras y Argentina.
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A través de una combinación de aranceles, sanciones y fuerza militar, ha presionado a los líderes latinoamericanos para avanzar en los objetivos de su gobierno de combatir el narcotráfico, detener la inmigración, asegurar recursos naturales estratégicos y contrarrestar la influencia de Rusia y China.
La nueva y agresiva política exterior —que Trump ahora llama la "Doctrina Donroe", en referencia a la creencia del presidente del siglo XIX James Monroe de que Estados Unidos debería dominar su esfera de influencia— ha dividido el hemisferio en aliados y enemigos.
"La administración Trump, de múltiples maneras, ha estado tratando de remodelar la política latinoamericana", dijo Gimena Sanchez, directora de los Andes de Washington Office on Latin America, un grupo de expertos. "Están mostrando sus dientes en toda la región".
Reacciones a incursión de EEUU reflejan divisiones regionales
Los dramáticos sucesos del sábado —incluida la promesa de Trump de que Washington "dirigirá" Venezuela y tomará el control de su sector petrolero— galvanizaron lados opuestos del continente polarizado.
El presidente argentino Javier Milei, alma gemela ideológica de Trump, dijo que un lado era defensor "de la democracia, la defensa de la vida, la libertad y la propiedad".
"Del otro, los cómplices de una dictadura narcoterrorista y sangrienta que ha sido un cáncer para nuestra región", señaló.
Otros mandatarios de derecha en Sudamérica aprovecharon de manera similar la destitución de Maduro para manifestar su afinidad ideológica con Trump.
En Ecuador, el presidente conservador Daniel Noboa emitió una severa advertencia a todos los seguidores de Hugo Chávez, mentor de Maduro y fundador de la revolución bolivariana, diciendo que "su estructura terminará de caer en todo el continente".
En Chile, donde una elección presidencial el mes pasado marcada por temores sobre la inmigración venezolana derribó al gobierno de izquierda, el presidente electo de ultraderecha José Antonio Kast celebró la incursión de Estados Unidos como "una gran noticia para la región".
Pero los presidentes de izquierda en Latinoamérica —incluyendo a Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, Claudia Sheinbaum de México, Gabriel Boric de Chile y Gustavo Petro de Colombia— expresaron graves preocupaciones sobre lo que consideraron intimidación por parte de Estados Unidos.
Lula dijo que la incursión estableció "un precedente extremadamente peligroso". Sheinbaum advirtió que "pone en grave riesgo la estabilidad regional". Boric subrayó que violó un "pilar esencial del derecho internacional". Y Petro lo calificó como una "agresión a la soberanía de Venezuela y de América Latina".
Trump ha castigado o amenazado previamente a los cuatro presidentes por no alinearse con sus demandas, al tiempo que apoya y rescata a aliados que muestran lealtad.
El ataque evoca una dolorosa historia de intervención de EEUU
Para Lula —entre los últimos íconos sobrevivientes de la llamada "marea rosa", los mandatarios de izquierda que dominaron la política latinoamericana desde el cambio de siglo— la acción militar de Trump en Venezuela "recuerda los peores momentos de interferencia en la política de América Latina".
Esos momentos van desde tropas estadounidenses ocupando naciones de Centroamérica y el Caribe para promover los intereses de empresas estadounidenses como Chiquita a principios de 1900 hasta el apoyo de Washington a dictaduras militares represivas en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay para repeler la influencia soviética en la década de 1970.
Los ecos históricos en la caída de Maduro avivaron sólo duras condenas y protestas callejeras entre los opositores de izquierda de Trump, sino también respuestas incómodas de algunos de sus aliados cercanos.
Usualmente efusivo en su apoyo a Trump, el presidente Nayib Bukele estuvo curiosamente callado en El Salvador, una nación aún marcada por una brutal guerra civil entre un gobierno represivo aliado de Estados Unidos y guerrillas de izquierda. Publicó un meme burlándose de Maduro tras su captura el sábado, pero no expresó la misma alegría de sus homólogos regionales.
En Bolivia, donde los viejos dogmas antiestadounidenses mueren con dificultad debido a los recuerdos de la sangrienta guerra contra las drogas respaldada por Estados Unidos, el nuevo presidente conservador Rodrigo Paz elogió la destitución de Maduro en la medida en que cumplió "la verdadera voluntad popular" de los venezolanos que intentaron sacarlo del cargo en una elección de 2024 que ha sido considerada ampliamente como fraudulenta.
"Bolivia reafirma que la salida para Venezuela es respetar el voto", dijo Paz.
Su mensaje no envejeció bien. Horas después, Trump anunció que trabajará con la vicepresidenta leal a Maduro, Delcy Rodríguez, en lugar de la oposición que prevaleció en la elección de 2024.
"Al parecer en este momento, el gobierno de Trump está tomando decisiones sobre el futuro democrático de Venezuela sin referirse al resultado democrático," señaló Kevin Whitaker, exsubjefe de misión del Departamento de Estado en Caracas.
Cuando se le preguntó el domingo sobre cuándo Venezuela celebrará elecciones democráticas, Trump respondió: "Creo que estamos más enfocados en arreglarlo".
A medida que la derecha se alza, Trump pone en aviso a los enemigos
El ataque del gobierno de Trump a Venezuela extiende su cruzada más amplia para ensamblar una columna de gobiernos aliados —o al menos complacientes— en Latinoamérica, navegando con los vientos políticos que soplan en gran parte de la región.
Las recientes elecciones presidenciales desde Chile hasta Honduras han elevado a mandatarios de línea dura, al estilo Trump, que se oponen a la inmigración, priorizan la seguridad y prometen un retorno a mejores épocas pasadas libres de globalización y "posturas progresistas".
"El presidente va a estar buscando naciones aliadas y socias en el hemisferio que compartan su tipo de afinidad ideológica más amplia," explicó Alexander Gray, un investigador principal en el Atlantic Council, un instituto de investigación en Washington.
Aquellos que no comparten esa ideología fueron puestos en aviso este fin de semana. Trump señaló que el gobierno comunista de Cuba "parece que está listo para caer". Criticó el fracaso de Sheinbaum para erradicar los cárteles de la droga, diciendo que "algo tendrá que hacerse con México". Repitió acusaciones de que a Petro "le gusta hacer cocaína" y advirtió que "no lo estará haciendo por mucho tiempo".
"Estamos en el negocio de tener países a nuestro alrededor que sean viables y exitosos, donde el petróleo realmente pueda salir," dijo Trump a los periodistas el domingo en el Air Force One. "Es nuestro hemisferio".
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