En el asombro por el paso del tiempo recibimos al otoño. Su inicio se confirma para el 22 de septiembre, concretamente a las 13:31 horas UTC. Así que mientras usted lee esto puede rodearse de una fantasía color naranja, ocre y amarillo para ambientar su día. Este martes habrá sido el primer día del otoño, pero solo en el hemisferio norte: México, España o Estados Unidos. Como muchos saben, esta fecha es variable y depende del equinoccio de septiembre.
Serán casi noventa días de un otoño en México que se vestirá de colores distintos según la región. Un otoño que a diferencia de los que recordemos hasta hoy, lo viviremos con más horas en casa que las que habitualmente solíamos tener. La causa: Covid 19 que, si bien nos hemos casi acostumbrado, aún seguimos navegando como en un océano por descubrir.
El otoño mexicano terminará el 21 de diciembre con el comienzo del invierno, fecha en que daremos entrada a una calidad de clima frío que mostrará sorpresas de altas y bajas temperaturas a deshoras e inusitados. Con el otoño llega la temporada en que se antoja estar bajo las cobijas con un chocolate caliente, un té aromático o bien un café; música, de fondo, buena lectura o una agradable conversación. Un privilegio para quienes pueden hacerlo y un deseo para quienes no.
Como casi todos los que hemos aprendido a trabajar desde casa o en esa fusión entre sala “de estar/recámara-escritorio/oficina”, ya no será novedad permanecer ahí durante esos días que empiezan a achicarse y oscurecerse, recordándonos que el fin del año está cada vez más cercano. Volveremos a modificar los horarios, las horas y los relojes y agradeceremos que esa oscuridad de la mañana corresponda más bien a los minutos de las madrugadas y no al de las mañanas, cuando uno ya debiera estar circulando.
Para entonces -y ya en estos días- nos las hemos arreglado para portar toda clase de estilos de tapabocas según la ocasión, el escenario y los personajes a encontrar aún vía zoom, video-llamada, o reunión por plataformas institucionales y comerciales. Dominamos ya los términos de la sana distancia, prueba rápida, protocolo de aislamiento, síntomas principales y números de emergencia. Si es que hemos puesto atención, con o sin estar de acuerdo, ya somos expertos en la parte ciudadana del tema; no se diga ciertas comadres y sabelotodos que dan cátedras de cuidados preventivos, remedios caseros, auto-recetas con su dosis de buenas intenciones, rezos pertinentes, atracción de energía y mentes positivas.
Hemos construido una agenda en ese mundo digital que podría parecer irreal para nuestros abuelos recién despedidos a principios de siglo. Una dinámica social, por así decir que no implica en su gran porcentaje, el contacto físico con el otro. Ahora interactuamos con los otros a través de estos dispositivos casi siempre en una postura: sentados, por lo que el lenguaje no verbal se ve reducido. Hemos perdido la vibra que emana directamente de la cercanía de la gente para bien o para mal, lo mismo que su aroma o su mal aliento.
Perdimos y ganamos con todo esto que ha sucedido entre la primavera y el verano del 2020 y ahora veremos qué aporta y qué borra el otoño de este doble veinte, tan inimaginable hace apenas unos meses.
Será interesante que llevemos nuestros propios registros de lo que hemos dejado atrás y lo que hemos integrado a nuestras vidas a partir de marzo pasado. Podrá ser materia de leyendas urbanas y mitos familiares que podrán trasmitirse ya no de boca en boca como antaño, pero sí de pantalla a pantalla, entre audífonos o bocinas que reproduzcan una voz que no será la misma después que esto sea tan solo un recuerdo.
El otoño traerá la magia renovada de las brujas con sus aquelarres y las visitas efímeras de los difuntos, entre letanías digitales y celebraciones en panteones virtuales. Sea como sea, los que leemos aquí, seguimos vivos y seguimos viviendo de acuerdo a la temporada del año y las disposiciones de la naturaleza.
Que el otoño nos traiga un viento de sabiduría para vivir con ánimo la siguiente estación del año.

