Egoismo y sobrevivencia

Sociedad del cansancio, sociedad líquida, sociedad del riesgo, sociedad del cansancio... Para ser una letanía, sólo le faltaría el «ruega por nosotros», mas son formas que algunos han encontrado para nombrarnos o tratar de clasificarnos, para intentar comprendernos como especie y grupo. 

Las muertes por Covid-19 en el estado de San Luis Potosí ya son oficialmente 39 y los contagios son 641. Hay 13 personas internadas en estado grave y 17 en estado crítico. Como en otras partes del mundo, la diferencia proporcional de muertes entre hombres y mujeres es mínima, pero sí hay diferencia en la situación económica. 22 de éstas han sido en el área metropolitana de San Luis Potosí, aunque en la última semana ha sido en la Huasteca donde se han multiplicado las defunciones, con 15 hasta ayer; una de elas, triste y evitable, la de una niña de 5 años que padecía desnutrición. 

Hasta este sábado ya había más de 7 mil defunciones en nuestro país por coronavirus o por complicaciones relacionadas. El cálculo oficial hace un par de meses era de 8 mil decesos en total, pero a la hora que este texto esté publicado es probable que ya hayamos llegado a esa primera aproximación. A una semana de la «nueva normalidad» hay quienes hablan de que hay que multiplicar esa cifra (por dos, por diez) para acercarnos a la realidad. 

Cada día hay noticias de nuevas formas de contagio pero también de vacunas experimentales que parece que están dando resultado. Demasiados supuestos y enconos. Igual se ha avanzado en conocer a estos genes (virus) que, egoistas como todos los genes, solo buscan reproducirse y multiplicarse, según el virólogo español José Antonio Lopez Guerrero. A pesar de las evidentes fallas de tiempos o recursos en todos los niveles, quiero creer que Lopez Guerrero está en lo correcto:

«La ciencia evoluciona y rectifica. [...] Hemos rectificado muchas veces a lo largo de esta pandemia. Todo lo hacemos mejor a medida que vamos sabiendo más. Estructuralmente, molecularmente, celularmente y también clínicamente. Se está haciendo lo correcto. Con errores en algunas ocasiones, con vías y puntos muertos en otras. Desde lo que sabíamos del virus hace cuatro meses hasta ahora, fíjate. Ha sido un hito mundial» (El País). 

Ojo, el experto en biovigilancia Tomás Pueyo advierte que para controlar la pandemia, asegura, hay cuatro factores a tomar en cuenta: «economía, salud, libertad y privacidad. En uno de los cuatro saldrás perdiendo».

San Luis no se ha destacado por su distanciamiento en esta cuarentena, pero a ver qué sucede ahora que se empiecen a levantar restricciones según el nuevo semáforo oficial. Ante las presiones de Estados Unidos, la Zona Industrial de San Luis Potosí calienta motores para reiniciar actividades, principlmente proveedoras y armadoras de vehículos. Se promete cuidado extremo, pero habrá que estar atentos al avance de la enfermedad, que en calidad de nuevo enemigo, invisible e imprevisible, ha provocado todo tipo de reacciones en gobiernos y población. 

En México y en otros países ha habido protestas, agresiones, y hasta demandas por falta de información, por información sesgada o incredulidad. De la negación a la conspiranoia. Un caso de hace unos días fue en un pueblo de Oaxaca, donde tras la muerte de un anciano agredieron y corrieron a la única doctora, la que «los molestaba» recordándoles los cuidados que debían extremar. Ahora a ver cuánto tardan en mandar a un nuevo profesional de la salud, y si alguien quiere ir o lo dejar entrar a la comunidad. 

Se ha sabido de muertes «sospechosas» en lugares muy apartados, donde la familia prefiere enterrar a sus muertos «discretamente», para que no se los lleven y los devuelvan convertidos en cenizas. 

La pandemia ha acabado con los pocos rituales que nos quedaban, según el filósofo Byung-Chul Han. Sea por nuestro gen egoista  o por necesidad de sobrevivencia, el virus seguirá ahí, lo mismo que la lucha humana por los recursos. Ya se ha mostrado lo peor y lo mejor de nuestra especie, necesitamos reflexionar muy bien lo que sigue cuando vayamos a la calle, para ser más humanos tras esta experiencia.