¿Qué pasó, lectora, lector querido? ¿Ya le dio el pandemiazo? El pandemiazo es un estado de ánimo cuya génesis se encuentra en este momento de enfermedad en el que ha caído el mundo. El pandemiazo se compone de varios humores sucesivos, a veces contradictorios, durante el mismo día. Es decir, uno puede amanecer con un perfecto optimismo, relajado por no tener compromisos que atender, navegar por los detalles placenteros de la vida, como el sonido del aceite cuando cae el huevito estrellado, el olor a tierra mojada y darse tiempo para recordar que se llama petricor; para después entrar en una profunda desesperanza acompañada por la avidez de información y ver que los números de enfermos suben, y suben y suben y los muertos mueren y mueren y mueren. Después puede llegar la incertidumbre galopante, la preocupación por el futuro inmediato, las preguntas que van desde ¿será seguro que los niños vuelvan a la escuela? ¿cómo van a hacerle para evitar que los cubrebocas acaben embarrados de chetos? Hasta replantearse cómo va a ser el mundo de ahora en adelante. Luego puede caerse en la ira desenfrenada, querer acabar con rayos exterminadores, muy al estilo mitología griega, a todos aquellos que salen de casa a lo menso, para después entrar en el modo de solidaridad profunda con la humanidad y pensar en la grandeza de la vida. Total, es como mezclar chícharos con mermelada.
El pandemiazo, a mayor o menor nivel, lleva a la reflexión sobre el estado actual de las cosas y puede llamar a generar cambios. La cuestión ahora es ver qué clase de cambios y por cuánto tiempo. He leído posturas que apuestan por el optimismo: la humanidad del día después será mucho más solidaria, entenderá que en realidad no existen las fronteras porque somos una sola comunidad, sabrá que los hábitos que abandonamos deben de retomarse porque nos hacen fuertes: hacer ejercicio, comer sanamente, balancear la vida laboral con la vida familiar y social. La obesidad, hipertensión, diabetes, niveles altos de colesterol y triglicéridos son consecuencia directa de pésimos hábitos alimenticios y sedentarismo. La burocracia y sus procedimientos deberán ser drásticamente reducidas en ciertas áreas, comenzando con protocolos para la generación de medicamentos y vacunas y continuando con trámites bancarios y financieros en general. La sustentabilidad planetaria habrá ganado porque ahora sabremos que un mundo sano es crucial para una humanidad sana.
Por mi parte, no soy tan optimista. Sin duda alguna, esto que estamos viviendo tiene mucho material para el aprendizaje. Sin embargo, soy escéptica en creer que esto funcionará como una epifanía sagrada en donde de pronto, todos nos convirtamos en buenas personas y cuidaremos nuestra salud, nuestras familias y nuestro planeta. Creo más bien que habrá un cierto número de individuos que modifiquen un par de hábitos nocivos y se replantearán su forma de vida post pandemia. Habrá pequeños cambios individuales que con suerte, generarán una mejor calidad de vida en algunos de nosotros. Seguramente adoptaremos el trabajo desde casa con mayor naturalidad y veremos nuevas formas de cumplir con las obligaciones laborales. Creo que también será cada vez más difícil argumentar en contra de las formas de contacto social a través de medios soportados en internet. Es innegable que si ahora nos mantenemos cuerdos es porque saciamos nuestra necesidad de interacción humana gracias a plataformas como Zoom, Whatsapp o cualquier otra. La tecnología ha servido y bien.
Mientras tanto, habrá que adaptarnos a vivir el pandemiazo sin vergüenza alguna, reconociendo que se ahorita estoy bien, tal vez al ratito esté mal, y eso, está bien. Total, que si algo hemos visto es que nada es permanente. Ni la salud, ni la pandemia.

