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Encuentro 2026

Por Marta Ocaña

Agosto 12, 2026 03:00 a.m.

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      Cuando el aburrimiento abraza/ queda la música. Lo mismo cuando los dedos se rebelan inmóviles y la lucha diaria parece una batalla previa a las guerras mundiales: la música suena y permite soñar y respirar diferente.

      ...y de fin de semana por la vida de otra época, la música se dejó oír por los cuatro costados: el de los vecinos lejanos pero con bocinas potentes, el del salón de festejos que alberga adultos mayores que entre palmeras y cipreses han decidido vivir su tercera y seguramente, su cuarta edad. Y además, el volumen sordo del pequeño y moderno altavoz situado junto a la alberca intentando mitigar sones, cumbias y un mix de reguetón que los oídos de José José o Juan Gabriel no envidiarían para la tarde de un apacible sábado lejos de San Luis.

      Pasar poco menos de cuarenta y ocho horas en ese rincón pueblerino y remodelado permitió encuentros y conversaciones que abrieron silencios y cerraron ciclos. Encontrar el vínculo familiar que a la distancia pareciera débil nos ofreció una actualización de los pasados individuales que tan necesarios resultan cuando el nido se deshoja y la risa parece existir en un lugar lejano.

      Esos encuentros llenan el alma, disuelven maleficios que parecen haber durado más de siete años tras cruzar con un gato negro debajo de una escalera en ángulo recto. Como por encantó la presión diaria se evapora y la persona dentro de cada uno se quita los velos y caparazones para encontrarse en el lugar común que alberga primos y tíos nacidos en una época cuando -creemos- la vida era más sencilla. ¡Claro: ¡a la luz de la distancia, la imaginación y la pertenencia familiar así lo dictan y así lo afirmamos!

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      Nos encontramos y nos volvimos a conocer y descubrimos con placer que somos "esos" que en otro tiempo fuimos, con el disfraz y sin el antifaz, con la risa suelta y el malestar cuando le dio la gana manifestarse. Comunes y simples como si hubiéramos nacido tropicales y desinhibidos, sin filtro, pero cordiales, sin farsa y desenfadados.

      Todo intacto e imperfecto bajo el arrullo que un viento melodioso que acompañó y llevó y trajo los sonidos de diez que acudimos a una cita a la que faltaron ausentes ya en otra vida; lejanos y queridos, autores de aventuras y de música que acompañó infancias y juventudes que, aunque idas, reviven en cada reunión con estas características.

      Así la familia y el encuentro, el abrazo sincero, el deseo de volver y repetir la experiencia hasta que la vida nos acompañe y nos aliente.