Lula, triunfo popular
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Una vez más, Luis Inacio Lula da Silva gana la elección presidencial brasileña en una segunda vuelta en la que, como hace cuatro años, la reivindicación de reclamos populares se impuso a un conservadurismo heredero de prácticas corruptas que golpearon, tiempo atrás, a los liderazgos políticos más representativos de un progresismo de izquierda capaz de concitar un movimiento socio-político amplio. Recuérdese cómo se atacó a la expresidenta Dilma Roussef y al propio Lula, con toda la fuerza de un aparato sometido a una burocracia estatal encabezada por Jair Bolsonaro, padre del candidato opositor derechista que hoy muerde el polvo. Como se dice luego, lo que no mata fortalece y Lula sorteó hasta el infame recurso del encarcelamiento indebido para regresar como el referente indispensable de un cambio posible hace cuatro años y, ahora, para consolidar una orientación progresista de izquierda en un gobierno probado desde hace tiempo como una alternativa viable de beneficio social indiscutible.
Sin embargo, no es fácil el reto de la consolidación progresista de izquierda porque la derecha opositora, en voz del derrotado Flavio Bolsonaro, ha declarado que no reconoce el triunfo de Lula y. seguramente, con la injerencia del trumpismo que tampoco admite morder el polvo, será sometido a presiones que no serían algo nuevo, por lo que, desde ya, Lula ha llamado a resistir los previsibles embates derechistas con la participación de nuevas generaciones de jóvenes que "han salido a las calles para defender la democracia". Frente a los agoreros del desastre que ya se adelantaban a proclamar la terminación de un ciclo progresista en Brasil, habría que recordar lo señalado por Álvaro García Linera para precisar que un ciclo implicaría poner principio y fin a un proceso y, con todo y que otros gobiernos del subcontinente han regresado el péndulo a la derecha, lo que se observa desde hace tiempo en la región es un flujo y reflujo de movimientos sociales y gobiernos que oscilan entre orientaciones progresistas y conservadoras de acuerdo a condiciones muy propias de cada país.
La lección que se vuelve a recoger del proceso brasileño es que el pueblo ha procesado el hecho de que la corrupción de ciertas élites políticas y económicas solamente puede enfrentarse con la fuerza del pueblo unido. Volver a colocar al PT brasileño como brazo político-electoral del pueblo organizado, ha sido decisivo para superar la desmovilización que llegó a presentar como consecuencia de cierta burocratización de cuadros dirigentes. En ese proceso ha sido clave la prevalencia en el imaginario popular brasileño del liderazgo histórico forjado por Lula desde hace mucho tiempo
Como hace cuatro años, cuando Lula observó que, hasta por sentido común, habría que actualizar y contemporizar su mandato con los avances científicos en el mundo, para contrastar claramente con la derecha el manejo de temas como el del cambio climático que los Bolsonaro negaron que exista (emulando las prédicas y prácticas de Trump), ahora plantea Lula enfrentar nuevos escenarios como el de la inteligencia artificial y de las plataformas digitales poderosas del exterior que, en el contexto del actual proceso electoral, se volcaron a favorecer a Bolsonaro, por lo que se avizora un cambio relevante en esa materia de tecnologías informáticas para evitar la pretensión imperialista de hacer de Brasil un patio trasero. ¡Enhorabuena por el triunfo del pueblo brasileño!
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