No se salga del sendero

Ray Bradbury es uno de los autores fundamentales del género ciencia ficción, hoy también conocido como ficción especulativa o de anticipación. El libro más conocido de Bradbury (quien cumplirá 100 años el próximo 22 de agosto) es Fahrenheit 451, una distopía ígnea que es a la vez una belleza de amor a la lectura, a los libros y a la memoria literaria.

En su cuento «El ruido de un trueno» el protagonista compra un viaje al pasado para ir a cazar un tiranoraurio Rex, pero no es tan sencillo como agarrar un rifle e ir a echar disparos: el cazador tiene que permanecer en un sendero de la empresa que organiza los safaris, que no toca nada de la prehistoria pues flota a diez centímetros del suelo. Ni plantas, ni animales, porque podría cambiar el futuro.

La orden es ˆNo se salga del sendero». Cualquier cambio podría ser terrible para el futuro de plantas, animales o humanos. «Pise usted un ratón y aplastará las pirámides. Pise un ratón y dejará su huella, como un abismo en la eternidad. La reina Isabel no nacerá nunca, Washington no cruzará el Delaware, nunca habrá un país llamado Estados Unidos. Tenga cuidado. No se salga del Sendero. ¡Nunca pise afuera!» El guía le insiste: «mientras no sepamos con seguridad si nuestros viajes por el tiempo pueden terminar en un gran estruendo o en un imperceptible crujido, tenemos que tener mucho cuidado. Esta máquina, este sendero, nuestros cuerpos y nuestras ropas han sido esterilizados, como usted sabe, antes del viaje. Llevamos estos cascos de oxígeno para no introducir nuestras bacterias en una antigua atmósfera».

Obviamente el protagonista desobedece y... bueno, mejor lean el cuento, aunque ya lo deben haber visto, por lo menos en alguna versión u homenaje. Siguiendo la parábola de Bradbury, salirse del sendero en estos días es salir de casa. Salirse del sendero podría significar estar cerca de alguien o tocar algo sin fijarnos y con ello cambiar el futuro, el propio o el de mucha gente. Salir de casa es esa posibilidad de que, como en el efecto mariposa, contagiemos o nos contagien, y acaso asintomáticos (si bien nos va) contagiemos a los más cercanos sin darnos cuenta... 

Las noticias actuales tienen mucho que ver con la ficción. Cada día trae información nueva y contradictoria y es difícil saber qué es verdad y qué es mentira, sobre todo cuando quienes deberían informar a conciencia y con certeza no lo hacen. Por ejemplo, Singapur ha puesto en marcha robots muy parecidos a los de la serie Black Mirror para mantener la sana distancia, y Japón admitió estar preparándose para una posible invasión extraterrestre.

Mientras tanto tenemos nuestros propios problemas. Nadie sabe el número de contagiados ni la cifra real de muertes, no solo en México sino en el mundo. Cada día hay nuevas posibilidades. Hay gente que agrede a personal médico o a policías porque creen que «los quieren infectar» o peor, que «les quieren sacar el juguito de las rodillas». Gente que cree que puede ´sacarse´ el Melate pero que es casi imposible contagiarse de Covid-19. Ojalá que ´al salir de esta´ se solucionen muchas carencias sociales que venimos arrastrando porque a algunos les convienen.

Muchos cantantes y grupos han hecho conciertos y estrenado material en las redes para estar vigentes, obtener algunos recursos y recaudar fondos para la lucha contra el SARS-CoV-2. Ópera, obras de teatro, conciertos, lecturas, de todo hay. Recomiendo en lo personal lo nuevo de Natalia Lafourcade y la versión de Frankenstein con Benedict Cumberbatch como la criatura, disponible en YouTube. Hasta el Gollum leyó en vivo y en directo El hobbit, el primer libro de las historias de El señor de los anillos de JRR Tolkien para recaudar fondos contra el bicho. 

Y bueno, ojalá hoy día de la madre no valgamos ídem por la necesidad (necedad) de salir a verlas o comprarles un regalo. Entre jueves y viernes se incrementaron a 271 los casos locales de contagio, y a 16 las defunciones, porque San Luis es ejemplo nacional... de una alta movilidad de personas. 

El mejor regalo es quedarse en el sendero. 

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