Nuevo escenario

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El arte, desde sus primeras manifestaciones, ha representado de diferentes maneras la historia de la humanidad y una particularidad de esa historia, se relaciona con los padecimientos que como especie hemos experimentado: las pandemias y epidemias.

No sólo a través de lienzos con elementos figurativos sino, también a través de otras artes, podemos apreciar cómo ha sido esta experiencia a lo largo del tiempo, ejemplos son el Éxodo, el Deuteronomio y en general la vida de Jesucristo.

Lo que más ha llegado a oídos de casi todos es la palabra “peste”, epidemia en Europa que ha sido una de las más devastadoras, asoló el territorio europeo en el siglo XIV, entre y 1353 que, trasmitida por los piojos en ratas se dispersó de manera tan rápida que poblaciones enteras desparecieron. 

El arte ha registrado éste y otros fenómenos que provocaron la muerte de cientos de miles de personas con la figura de la muerte, que es uno sus íconos: un esqueleto montado en un caballo sin vida, quien persigue a la humanidad que se arrepentiente para no ser exterminada. Ella no respeta ni distingue; ricos y pobres son arrastrados por su poder y el de su cortejo que suele representarse ya sea por las fuerzas del mal con demonios, dragones, otros esqueletos o por criaturas animales semejantes a los perros.

Estas representaciones llevan implícita la idea de la culpa siendo la peste el castigo divino por haber ofendido a Dios, o por haber obrado mal y no avenirse con los sacramentos y las leyes de la Iglesia. 

Las piezas frecuentemente recurren a la imagen de los santos como San Roque quien, afectado por la lepra, es a quien más se reza para que interceda y que sea Jesucristo quien libre a la humanidad de tal desastre.

En los cultos paganos la peste se ve como la venganza de los Dioses como en el caso de Edipo por haber matado a Layo; en el cristianismo siempre se encuentra un mediador que intercede para que se detenga. Se introduce la idea de otra vida después de la muerte pues permite superar emocionalmente la plaga.

Hay piezas de arte que muestran las costumbres y las creencias, dejando ver cómo se llevaban a cabo los enterramientos dependiendo de la clase social a la que pertenecían, el poder y el rol del clero quienes son mostrados como el único reducto de templanza ante el desastre que cobra tantas vidas, nos habla del origen de los cementerios, de la tranquilidad de los sobrevivientes sobre el destino de los cuerpos para no ser devorados por los perros. También se representan a las instituciones que detentan el poder en obras desde el principio de los tiempos hasta la era moderna cuando se expone obra con el tema del SIDA, lo cual también fue ligado a una cuestión de pecado. 

Félix González Torres, en su “montaña de caramelos” representa el peso exacto de su pareja que ha muerto de SIDA. El visitante tomaba uno de los caramelos y así la montaña iba perdiendo peso como lo hiciera en su momento el enfermo, pero el museo recuperaba los caramelos cada noche y así cada día resucitaba. Se coloca aquí también esta relación con la comunión en el catolicismo cuando uno come el caramelo y toma una parte de esta persona.

Este recorrido exprés por el arte y las pandemias nos muestra cómo se enfrentaba emocional y materialmente la adversidad.

Hoy tenemos otros recursos, la sensación de culpa permanece en algunos sectores, aunque más bien se relaciona a una corresponsabilidad, un maltrato al ecosistema, una nueva guerra fría, un culto al consumismo y otras ideas que rondan en redes en versiones digitales y orales.

Hay miedo a lo desconocido mas creo que estamos mejor equipados, aunque la ciencia esté apenas iniciando sus investigaciones para contrarrestarla. 

Nuestros sistemas de creencias nos permiten tener esperanzas.

Hoy, tenemos información e instituciones más sólidas, tenemos confianza en nosotros mismos, tenemos ganas de vivir y salir adelante, aunque nos encontremos de pronto, en un escenario para todos desconocido, despertaremos más fuertes, más humanos.