¡Quédate en casa!

Nos cuesta, pero tengo la esperanza de que podremos.

No es fácil soltar la rutina, dejar de encender el coche o abrir el garaje, desayunar de prisa, saludarse apenas por la mañana y llegar habiendo olvidado algo, debido al barullo cotidiano y sus obligaciones.

Pero hemos tenido que parar, detenernos, dejar de acicalarnos frente a los espejos.

Sí: bañarnos y desocuparnos. O bien, ocuparnos de que el tiempo no nos devore la mente con una nueva rutina que habrá de llenar de contenidos para la supervivencia.

Lo que llamábamos realidad ha dado un giro, nos ha puesto de cabeza, contra las cuerdas, en la esquina, con un pie en el acantilado porque nos ha pillado por sorpresa a pesar de que las noticias tienen tres meses circulando.

Ahora estamos rediseñando nuestras vidas, el contenido de nuestros días, la ocupación durante las horas de vigilia.

El insomnio tiene otros motivos; no llegamos cansados al apagar la luz cada noche. Estamos enteros, esperando algo que no sabemos qué apariencia tiene ni cómo habrá de comportarse. Es una visita latente que con certeza se asomará en nuestro horizonte sin aviso.

Han salido a flote las bondades de la gente, de mucha creo. Hemos tenido que repensar en las pequeñas cosas que hacen funcionar los hogares: la limpieza y quién la hace, la comida y quién la prepara, las compras y quién se encarga. Sin dejar la sección que corresponde a lo profesional. Ésa, mentalmente desde la distancia no se detiene, encuentra vías gracias a la tecnología que viene a evitarnos muchas dificultades.

Nos hemos tenido que echar la mano sin intermediarios ni auxiliares. Estamos en esta responsabilidad de cuidarnos para que nuestros seres queridos no corran riesgos: no es ni será fácil. Lo complicado es que es un escenario totalmente desconocido y en México al parecer no se tiene noticia desde hace siglos.

Cruzáremos juntos desde el aislamiento, este túnel que no podemos evadir. Nos pasa a todos en el mismo momento con una continuidad que viene de Asia a América y que se dispersa silenciosamente dentro de cada uno de nuestros sistemas.

Tenemos recetas en internet para la vida: la más importante según yo es quedarnos en casa, bañarnos y desocuparnos, diseñar nuestra jornada entre lo que se puede resolver y lo que no hemos tenido el tiempo para ver con detenimiento.

Prudencia y caridad tal vez sean dos de las virtudes a observar. Cuidado con lo que replicamos en redes, a quién afectamos o qué certeza tenemos para enviarlo a otros. Más vale tener los brazos cruzados que comernos al prójimo con la ansiedad que nos causa el miedo a esta pandemia.

Como dicen por ahí: elevemos nuestra vibración interna para que el bicho no se albergue en nosotros. Pero dejando el pensamiento mágico a un lado: por favor ¡quédate en casa!