Transparencia y rendición de cuentas: obstáculos en la relación México-Estados Unidos
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La relación entre México y Estados Unidos siempre ha estado marcada por intereses compartidos, pero también por desconfianzas históricas. Comercio, migración, seguridad, narcotráfico, tráfico de armas, energía y protección de las fronteras son asuntos que obligan a ambos países a sentarse en la misma mesa, incluso cuando existen profundas diferencias políticas.
Hoy, sin embargo, hay un par de elementos que se están convirtiendo en uno de los mayores obstáculos para esa relación y de los que pocas veces hablamos con suficiente claridad: la falta de transparencia y de rendición de cuentas.
No se trata de una cuestión menor ni exclusivamente administrativa. En una relación bilateral en la que la seguridad y la cooperación institucional dependen de compartir información sensible, combatir redes criminales y perseguir flujos financieros ilícitos, la confianza entre gobiernos se vuelve un activo estratégico.
Y la confianza, en democracia, se construye con instituciones capaces de explicar sus decisiones y demostrar que nadie está por encima de la ley.
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México y Estados Unidos tienen una frontera de más de 3,000 kilómetros y una relación económica, social y humana extraordinariamente profunda. El propio Departamento de Estado estadounidense reconoce que la relación bilateral impacta directamente en asuntos como comercio, seguridad, migración, drogas, trata de personas y Estado de derecho.
Precisamente por eso, cuando existen dudas sobre la actuación de las autoridades mexicanas, investigaciones que no avanzan con suficiente claridad o acusaciones de posibles vínculos entre funcionarios y organizaciones criminales, el problema deja de ser exclusivamente mexicano.
Se convierte en un problema bilateral.
La cooperación en materia de seguridad requiere algo más que buena voluntad. Requiere que ambos países puedan confiar en que la información compartida será utilizada por instituciones confiables, que las investigaciones tendrán consecuencias y que quienes tengan responsabilidades públicas responderán ante la justicia cuando existan elementos para ello.
Estados Unidos y México, han construido durante años, mecanismos de cooperación precisamente bajo esa lógica. El Entendimiento Bicentenario, por ejemplo, es una estrategia conjunta que plantea la necesidad de combatir conjuntamente el tráfico de drogas, armas, personas y dinero, así como a las organizaciones criminales transnacionales.
Pero resulta difícil profundizar esa cooperación cuando uno de los socios percibe que existen zonas de opacidad en el otro.
Y aquí aparece una cuestión particularmente delicada: la soberanía no debe confundirse con falta de rendición de cuentas.
México tiene todo el derecho de defender su soberanía y de rechazar cualquier intento de injerencia extranjera. Pero defender la soberanía no significa impedir que las instituciones mexicanas investiguen de manera independiente y transparente posibles actos de corrupción, delincuencia o abuso de poder.
Por el contrario: una democracia fuerte demuestra su soberanía precisamente cuando es capaz de investigar a sus propios funcionarios y hacer cumplir la ley sin importar su posición política.
Los acontecimientos recientes respecto de las acusaciones estadounidenses contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, muestran hasta qué punto estas cuestiones pueden trascender las fronteras. Las acusaciones de Estados Unidos y el posterior regreso del gobernador al cargo han generado tensiones políticas y diplomáticas, mientras las investigaciones continúan.
Más allá de las responsabilidades individuales -que deberán determinarse mediante investigaciones y procedimientos legales- el episodio deja una pregunta inevitable: ¿qué ocurre cuando las instituciones de un país no logran transmitir suficiente certeza sobre la existencia de investigaciones independientes, transparentes y capaces de llegar hasta sus últimas consecuencias?
La respuesta afecta directamente la confianza internacional.
Y aquí debemos ser cuidadosos: transparencia no significa revelar información que por razones legales o de seguridad debe permanecer reservada. La transparencia democrática también reconoce límites legítimos. Pero esos límites no pueden convertirse en una justificación permanente para ocultar información, impedir la fiscalización o evitar que los ciudadanos conozcan cómo se ejerce el poder.
La verdadera rendición de cuentas tampoco consiste únicamente en castigar después de que un escándalo se hace público. Consiste en construir instituciones capaces de prevenir, detectar, investigar y sancionar irregularidades.
México no necesita demostrarle a Estados Unidos que sus instituciones son perfectas. Ningún país puede hacerlo.
Lo que sí necesita demostrar es:
· Que sus instituciones funcionan.
· Que una denuncia puede investigarse.
· Que una investigación puede llegar hasta las personas involucradas.
· Que un funcionario poderoso puede ser sometido a las mismas reglas que cualquier ciudadano.
· Y que la información pública no será utilizada para proteger intereses políticos, sino para fortalecer el Estado de derecho.
Porque la relación con Estados Unidos no puede sostenerse únicamente sobre acuerdos comerciales, reuniones diplomáticas o declaraciones de buena voluntad.
Necesita confianza.
Y la confianza internacional comienza con la confianza que los ciudadanos tienen en sus propias instituciones.
En este sentido, fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas en México no significa ceder soberanía frente a Estados Unidos. Significa, precisamente, fortalecerla.
Un país cuyas instituciones investigan con independencia, transparentan sus decisiones y sancionan la corrupción está en una posición mucho más sólida para negociar con cualquier gobierno extranjero.
Por eso, quizá el debate no debería plantearse como una disyuntiva entre soberanía y cooperación internacional. La verdadera disyuntiva es entre instituciones fuertes e instituciones vulnerables a la opacidad.
México y Estados Unidos necesitan seguir cooperando eternamente. La magnitud de los problemas que comparten hace imposible otra alternativa. Pero para que esa cooperación sea sostenible, debe existir una condición indispensable: confianza.
Y la confianza no se decreta.
Se construye con información.
Se fortalece con instituciones independientes.
Se demuestra con investigaciones.
Y, sobre todo, se confirma cuando existen consecuencias.
En la relación México-Estados Unidos, la transparencia y la rendición de cuentas no deberían verse como una carga administrativa ni como una exigencia impuesta desde el exterior.
Deberían entenderse como lo que realmente son: una herramienta de política exterior, una garantía democrática y una condición indispensable para que México pueda relacionarse con Estados Unidos desde una posición de mayor credibilidad y fortaleza institucional.
Porque, en última instancia, un país que rinde cuentas hacia adentro también está mejor preparado para defender su soberanía hacia afuera.
Juzgue Usted.
Maestra en Asuntos Políticos y Políticas Públicas
anacristinales@gmail.com
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