Brasil: La pandemia que apagó la fiesta

Un país de mucha convivencia festiva y proximidad social con un presidente que se negó a tomar las medidas sanitarias para evitar contagios de coronavirus. Una estudiante de movilidad universitaria que residió en San Luis Potosí describe el rostro de la COVID-19 en su país.

Brasil, el país que se encamina a la mayor velocidad de contagios, se enfrenta a la pandemia de coronavirus COVID-19 como el ejemplo mundial de lo que nadie debe hacer, es decir, guardar menosprecio a la distancia prudente, las medidas de higiene permanente, distancia social, aislamiento doméstico y protección personal.

Poco a poco algunos rubros de la economía se van reactivando, a pesar de que el principal problema sanitario no está resuelto.

El presidente de Brasil Jair Bolsonaro se refirió a la pandemia como "una pequeña gripe o resfriado" cuando se advirtió la primera alerta de dispersión de la enfermedad hacia su país. Hoy su popularidad se desmorona tan rápido como avanzan los contagios en diferentes provincias.

COVID aquí y allá, a más de 7 mil 866 kilómetros

Caroline da Silva vivió 6 meses de estudios de movilidad en San Luis Potosí, en Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Autónoma. Viajó desde su tierra, Santa Cruz do Sul, y cuando regresó consiguió trabajo en Lajeado, pequeño municipio del Estado de Río Grande Do Sul en Brasil, a más de 7 mil 866 kilómetros de la capital potosina.

Lajeado es la tercera ciudad de su estado con más muertes por COVID-19.

La falta de oportunidad en las medidas de aislamiento social mantiene a su tierra al borde de la catástrofe sanitaria.

A su regreso de movilidad, en enero de 2019, viajó a Lajeado para enrolarse un tiempo como reportera en el diario "O Informativo do Vale" (nombre en portugués para el rotativo "El Boletín del Valle"), un diario con 50 años de trayectoria.

Caroline observa que a pesar de la gravedad y la velocidad de los contagios, gran parte de la gente actúa como si el coronavirus no existiera y siguen con su vida normal. Incluso en algunas ciudades ni siquiera han instaurado medidas de distanciamiento social.

HISTORIA SIN FIN

Por decisión de los gobiernos estatales y municipales y no por su presidente, las familias que sí se hacen responsables de evitar el riesgo de contagio permanecen en encierro desde el 24 de marzo.

Incluso por ahora no hay fecha para concluir y comenzar a normalizar la vida. No hay viajes estudiantiles y pocos entran y salen, porque a pesar del descontrol algunos ya regresan a sus trabajos.

"Todos seguimos en casa y algunos estamos trabajando en home office, y sólo saldríamos de casa si fuera muy necesario, y siempre utilizando mascarilla en forma obligatoria para entrar a las tiendas".

Como en México, en Brasil hay muchos motivos de fiesta colectiva y la gente vive con mucha proximidad.

LA BROMA QUE NO LO ES... 

Recuerda que cuando regresó a Brasil, quería volver a México, porque creyó que su vida estaba acá, llegó a su país sin empleo y sin amigos porque muchos se olvidaron de ella por la distancia.

Luego, poco a poco las cosas se estabilizaron, y consiguió el trabajo como reportera, pero renunció en enero, al diario "O Informativo", porque la distancia entre su ciudad y Lajeado hacía insostenible el trabajo.

A esa circunstancia se agregó la invasión de la pandemia de coronavirus COVID-19.

"Nosotros también estamos viendo clases a distancia, pero los niños que van a las escuelas están sin ninguna actividad... solamente en las facultades están llevando materias en calendario normal".

Por ahora, Caroline no se mueve con facilidad por su ciudad. Dejó de ver a sus amigos y a sus abuelos, cuando allá en Santa Cruz do Sul y aquí en San Luis Potosí, la vida era completamente diferente apenas un año y medio antes.

Se quedó sola con sus papás y su hermano en su casa y solamente sale cuando es muy necesario. Sus papás hacen trabajos esenciales y deben salir pero regresan de inmediato, pero los fines de semana no salen, ni para ir a casa de los demás familiares.

A ella le gustaba mucho salir con sus amigos para pasear y participar en fiestas, pero a pesar de que ya no es posible. Muchos jóvenes siguen sin atender la emergencia del virus y organizan fiestas, "y eso no se debe hacer".

Millones de brasileños no atienden la expansión del virus y siguen con sus vidas normales. "Eso pasa porque el presidente de Brasil tampoco atiende la emergencia porque dice que no cree en el virus. El presidente se va para la televisión y dice que el virus es una broma y que es una sencilla gripe, y está llevando a las personas a hacer lo mismo porque el presidente está hablando en ese sentido, y ese es el gran problema de Brasil".

Dice que Bolsonaro es el único que no cree, y aprovecha todos los canales de comunicación para decir que no cree en la expansión del virus, a pesar de que todos los gobiernos de los estados sí están emprendiendo medidas de emergencia que les han ganado pleitos con el presidente de Brasil.

"Con muchas personas muriendo en Brasil, el ministro de la Salud Enrique Mandetta fue despedido por Bolsonaro porque discutían mucho sobre el virus, a pesar de que el ministro de la salud estaba haciendo buen trabajo".

Para el día del despido del ministro de Salud ya había más de 7 mil muertes por coronavirus COVID-19 en Brasil, en medio de un escenario donde mientras el funcionario hacia su trabajo, el presidente hacia lo contrario.

LA OTRA VIDA COTIDIANA

Para Caroline, la vida cotidiana tiene que cambiar desde los jóvenes. Su rutina y su vida deben ser modificadas hacia medidas de mayor cuidado y distanciamiento social, porque aún con la emergencia hay mucha gente que sale de fiesta, y por ejemplo la policía no hace nada.

Explica que también debe cambiar esa costumbre de que haya muchas personas concentradas en un mismo lugar realizando fiestas o tomando bebidas como si nada estuviera pasando.

"Los jóvenes principalmente deberían cambiar sus hábitos y muchas muchas personas y no sólo creer, sino atender la emergencia... lo primero es entender que el virus está en todo el mundo".

POTOSINOS: "QUÉDENSE EN SUS CASAS"

Caroline pide a sus amigos en San Luis Potosí y a los habitantes de la ciudad donde vivió por 6 meses que tomen en serio la emergencia y se queden en sus casas.

 "La vida importa mucho, es solamente una y por ello hay que atender la emergencia, porque el virus es muy peligroso y no una broma".

Dijo no imaginarse cómo están los potosinos, pero supone que están mejor que los brasileños, pero consideró pertinente advertir que los habitantes de San Luis Potosí cuiden su salud y la integridad de los demás.

Explica que con lo que ya llevamos de experiencias de otros países del mundo, se debe considerar que en México todavía no tiene muchas muertes como Brasil y otros países, pero los mexicanos están llamados a hacer muchísimo más de lo que ya se ha estado haciendo y proteger a las personas mayores además de las familias completas guardando el distanciamiento social.

"Tenemos que hacerlo, para que después estemos juntos otra vez... estamos pasando todo esto para que después en verdad podamos volver a abrazarnos otra vez".

GOBIERNO DIVISOR...

Relata que en la vida diaria, la población quedó muy dividida alrededor del coronavirus COVID-19, porque incluso a nivel familiar hay quienes creen en el presidente y todo aquello que desinforma al decir que no cree en el virus.

En las familias se escuchan pláticas de aquellos que creen en Bolsonaro, en las familias hablan de la expansión del virus y el presidente socializa que la pandemia es una broma. La situación cambia y comienzan las posturas encontradas entre las mismas familias.

"Así pasa con todos los brasileños porque imagínate, es el presidente del país y las personas van a creer en él y van a hacer lo que él está haciendo, porque está en la tele sin mascarilla y por ello no puede llamar a las personas a que lo usen".

Así, desde el propio jefe de gobierno, Brasil es un país dividido y con un problema social de muy alta peligrosidad para la expansión del virus, porque quienes apoyan al presidente incluso se han ido contra los medios de comunicación, y muchos periodistas están sufriendo amenazas porque los partidarios del presidente piensan que la prensa no está de lado de Bolsonaro.

Advierte que las reacciones de uno y otro lado están provocando una crisis política nacional muy grande, escenario en el que al mismo presidente no le gusta el trabajo de los periodistas y también los amenaza, porque diariamente retratan la realidad de la pandemia.