“Díganles que no tenemos a quién enviar”

Madres mayores de 60 años, mujeres embarazadas y niños ya no pueden ver a familiares internos en las penitenciarías. Ni siquiera en caso de doña Ángela (73), hasta el 20 de marzo la única visitante de un interno que ya no podrá levantarse de una silla de ruedas.

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“Díganles que no  tenemos a quién enviar”

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Doña Ángela va a cumplir 73 años; es la única que cada jueves visitaba a su hijo Óscar, interno en el Centro de Reinserción Social de La Pila.  Desde hace más de 15 días, con el endurecimiento de medidas de sana distancia por la pandemia del COVID-19, no puede ingresar porque forma parte de la población vulnerable.

“Desde hace casi tres semanas, que empezó (la alerta por la epidemia) restringieron el acceso. Nos dijeron nada (advertencia), nada más el jueves que fuimos nos dijeron que ya no adultos mayores, mujeres embarazadas ni niños”, explica.

Se le inundan los ojos cuando pide: “Díganles que no tenemos a quién (enviar)”. Tras las restricciones pidió a su nuera que le pasara artículos de primera necesidad a su hijo, quien, derivado de un accidente cerebrovascular ocurrido al interior del centro de reinserción, se encuentra en una silla de ruedas.

La nuera de Doña Ángela no acude a La Pila tan seguido, de hecho, a doña Ángela le gustaría poder visitar a su hijo los jueves y los domingos, pero los domingos vende frituras afuera de una iglesia, actividad que representa su principal ingreso económico. El resto de la semana vende enchiladas que elabora en casa bajo encargo.

La visita a su hijo es una rutina semanal desde hace siete años: salía de su casa desde las 10:00 y para las 13 horas estaba de regreso.

Ella no desea que esta rutina se alargue hasta completar la sentencia de Óscar que es de 13 años, por un delito que ella repite, su hijo dice no cometió; confía en que las condiciones de salud en las que se encuentra sean un factor que le permita salir de manera anticipada.

Doña Ángela, no es a la única a la que se le ha restringido el acceso, manifiesta que otro grupo de personas esperaban el ingreso de manera desesperada, el día que iniciaron las restricciones.

RESTRICCIONES SANITARIAS, DOBLE ABANDONO A MUJERES

Las medidas de sana distancia se implementaron en los Centros de Reinserción Social de la entidad desde el pasado 20 de marzo, entre ellas la suspensión de actividades no esenciales para las y los internos, la vigilancia para población vulnerable interna en el Centro y la restricción de entrada a personas adultas mayores, mujeres embarazadas y menores.

También a partir del 23 se ordenó la sanitización de los penales y la desinfección de los dormitorios.

Marcela García Vázquez, presidenta de Nueva Luna, Asociación Civil, apuntó que durante esta contingencia, la población femenina en los centros de reinserción pasa por un doble abandono.

“De por si las mujeres carecen de este contacto con familiares porque muy pocas reciben la visita, pues ahora menos personas van a recibir la visita”, lamentó, sin embargo, consideró positivo que se mantengan las actividades, de acuerdo con la información que cuenta, de la fábrica de ropa al interior de La Pila que emplea al menos a 35 mujeres.

Apuntó que las agrupaciones y el voluntariado no tienen acceso al centro desde hace una semana, lo que suponía una agenda cargada de actividades para las internas.

“Esto afecta a su estado de ánimo” y agregó que se corre el riesgo de peleas y discusiones ante los largos tiempos de ocio, pero reconoce que de ingresar el COVID 19 a La Pila, se generaría una situación sanitaria grave.

Apuntó que desde el exterior se puede apoyar a las personas internas con la donación de libros que apoyen en el crecimiento de las internas mientras cumplen sus sentencias o se define su situación legal, o el envío de mensajes positivos, además recalcó que constantemente las mujeres privadas de su libertad requieren artículos de higiene personal que pueden hacerse llegar a través de la organización que preside.