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EXPOSICIÓN AROMA DE MUJER, DE ROXANA PUMAREJO

En su muestra, la artista mexicana condensa una exploración constante sobre la identidad femenina

Por Estrella Govea PULSO

Marzo 02, 2026 03:00 a.m.

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Galeria

La exposición Aroma de mujer de la artista mexicana Roxana Pumarejo reúne 40 obras pictóricas en el Centro Cultural Palacio Municipal y condensan una exploración constante sobre la identidad femenina. 

La muestra se articula como un recorrido íntimo donde el color, el rostro y la mirada funcionan como vehículos de experiencia y autoconocimiento.

Para la artista, el "aroma" no es un concepto literal, sino una metáfora que remite a la presencia femenina en los espacios cotidianos y a las etapas de la vida de una mujer.

En su caso, la pintura ha acompañado distintos momentos personales: desde los años dedicados al hogar y la crianza, hasta el periodo en el que, con los hijos fuera de casa, decidió centrarse plenamente en sus propios sueños. Ese tránsito vital es el que da origen a la serie y a su insistencia en representar mujeres que miran de frente, que contienen historia y carácter.

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EL ROSTRO COMO ESPEJO

Los rostros que integran la exposición no buscan la perfección académica ni la fidelidad fotográfica. Pumarejo se distancia deliberadamente de esa intención para construir figuras que expresan cualidades humanas y emocionales: timidez, atrevimiento, cautela, seguridad.

Cada obra surge como un ejercicio de introspección, donde la artista plasma procesos personales superados con el tiempo y reflexiones que atraviesan la experiencia compartida de muchas mujeres.

El color ocupa un lugar central en Aroma de mujer. Tonos intensos como el rojo, el naranja o el azul aparecen como portadores de significado emocional y simbólico. La pasión, la vitalidad, la calidez y la alegría se manifiestan en una paleta que busca provocar una reacción sensorial directa en quien recorre la sala. 

Para Pumarejo, el color no solo construye la imagen, sino que transmite energía y estado de ánimo, convirtiéndose en un lenguaje propio dentro de la obra.

Aunque la figuración domina la muestra, la artista también incorpora piezas sin rostro, cercanas a lo abstracto. 

Estas obras funcionan como espacios abiertos de identificación, donde el espectador puede proyectarse y reconocerse desde el color y la forma. Esta apertura dialoga con su interés por actualizarse y observar las búsquedas de las nuevas generaciones, sin abandonar un estilo que ha definido su producción a lo largo del tiempo.

EL COLOR COMO ENERGÍA VITAL

La paleta intensa es otro rasgo definitorio de Aroma de mujer. Rojos, naranjas y azules estructuran un ambiente cálido que la artista asocia con la vitalidad y la pasión. "He trabajado cuadros en rojo... esa pasión no solo como amor, sino la pasión que doy a lo que hago", explica.

El color, en su obra, no es accesorio. Cada tonalidad tiene un significado emocional y responde a una intención. "Lo que no da el color", comenta, aludiendo a su capacidad de transmitir alegría, fuerza y movimiento. En algunas piezas sin rostro, cercanas a la abstracción, la apuesta es distinta: funcionan como espejo para quien observa. "Muchas veces no sabemos todavía quién somos... yo las invito a que transmitan su mirada al cuadro", dice.

PINTAR PARA DECIRSE 

A SI MISMA

La serie también aborda la sensualidad como parte constitutiva de la identidad femenina. Pumarejo la entiende como una cualidad que debe conservarse sin caer en extremos. "Somos mujeres, es parte de una característica que nos caracteriza", sostiene. Incluso en los desnudos, la intención es mostrar esa dimensión sin estereotipos ni exageraciones.

La exposición tiene un trasfondo autobiográfico, la artista habla abiertamente de las etapas en que, dedicada al hogar, llegó a sentir que su trabajo no tenía valor. Con el tiempo, esa percepción cambió. "Es muy valioso estar en casa... la educación de los hijos, tener una familia. Es una empresa muy importante", afirma. Sin embargo, también reconoce la necesidad de reservar un espacio propio: "Siempre estamos dando todo... y yo pensé, ¿y yo cuándo?"

Esa pregunta atraviesa la exposición. Aroma de mujer no solo presenta rostros, sino procesos de transformación personal. La intención final es que otras mujeres se reconozcan en esas miradas y se permitan retomar sus propios proyectos. "No hay una edad, no hay un momento, pero sí podemos dar mucho como mujer", concluye.

Pumarejo busca que el público, y en particular las mujeres, se lleven una sensación de identificación y fortaleza: la certeza de que no existe una edad ni un momento único para realizar los sueños.