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TRAZANDO PUNTADAS PARA SANAR

Melissa Salazar convierte el duelo y la nostalgia en memoria textil

Por Estrella Govea PULSO

Mayo 18, 2026 03:00 a.m.

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Galeria

La nostalgia no siempre se habita desde la tristeza. A veces también puede convertirse en una forma de reconstruirse. Esa idea atraviesa Puntadas de Nostalgia, la primera exposición individual en San Luis Potosí de la artista Melissa Salazar, quien convierte el bordado, el grabado y el textil en un ejercicio de memoria emocional, duelo y sanación.

La muestra, instalada en la galería 1 del Instituto Potosino de Bellas Artes, surge de una experiencia personal: la muerte de su abuela, figura fundamental en su infancia y quien le enseñó a bordar desde niña. A partir de esa pérdida, la artista comenzó un proceso de introspección donde el acto de coser dejó de ser únicamente una técnica artesanal para convertirse en una herramienta emocional.

"Mi nostalgia ahora es esta parte de extrañar, pero aceptar que ya no puedes hacer nada. Es como una aceptación de aquello que estuvo en un momento y que ya no está", explica en entrevista Salazar.

LA HERENCIA DEL BORDADO

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La primera sección de la exposición está integrada por fotografías familiares, imágenes de su niñez y piezas bordadas que evocan la casa de su abuela. Ahí aparece el origen emocional de toda la muestra: las tardes compartidas aprendiendo técnicas tradicionales de bordado.

"Mi abuelita fue la que me enseñó a bordar", recuerda la artista. "Siempre me enseñaba técnicas muy tradicionales, como rellenar servilletas o hacer bordados para el hogar".

Con el paso de los años, esa enseñanza doméstica se transformó en el eje central de su práctica artística. Lo que antes era una actividad cotidiana terminó convirtiéndose en una herramienta emocional.

Salazar explica que, después de comenzar un proceso terapéutico, entendió que el bordado había funcionado durante mucho tiempo como una forma de regular sus emociones y enfrentar la ansiedad."Yo transformé el acto de bordar que hace mi familia para el hogar en algo para remendarme a mí misma", señala.

LA AUSENCIA QUE ATRAVIESA 

LA MUESTRA

La muerte de su abuela es el núcleo emocional de la muestra. Melissa cuenta que una de las heridas más profundas fue no haber alcanzado a invitarla nunca a una exposición de su trabajo. Aunque sabía que bordaba y producía obra, nunca llegó a ver una muestra terminada antes de fallecer.

Esa ausencia atraviesa todas las piezas de la exposición. Cada fotografía intervenida, cada textil y cada puntada funcionan como una conversación pendiente y como agradecimiento por aquello que dejó sembrado en ella desde la infancia. La exposición es entonces un agradecimiento silencioso. "Gracias a su enseñanza me ha dado mucha inspiración y también trabajo" menciona la artista.

CONVERTIR EL DOLOR 

EN LENGUAJE VISUAL

La exposición también retrata el tránsito emocional posterior a la pérdida. Melissa reconoce que durante años habitó emociones cercanas a la culpa, el enojo y la tristeza. La muerte de su abuela se convirtió en un recuerdo doloroso que regresaba constantemente y que no le permitía avanzar.

Con el tiempo y el acompañamiento terapéutico, comenzó a transformar esas emociones en lenguaje visual. La tristeza dejó de expresarse únicamente desde el dolor para convertirse en un proceso de resignificación.

Esa transición es visible en los hilos rojos que atraviesan fotografías familiares y en las instalaciones que convierten la ansiedad en figuras físicas.

Uno de los momentos más intensos del recorrido aparece en Ente, instalación integrada por monstruos confeccionados con tela. La pieza surgió a partir de ejercicios realizados con niños, adultos y personas mayores, a quienes pidió dibujar cómo imaginaban la ansiedad y la nostalgia. A partir de esos dibujos, la artista creó criaturas textiles que representan emociones acumuladas y heridas emocionales difíciles de nombrar.

BORDAR EL DUELO

Dentro de la exposición aparecen constantemente recuerdos de infancia: fotografías familiares, imágenes de sus padres, referencias a la casa de su abuela y escenas domésticas asociadas al cuidado. Esos recuerdos ahora se construyen desde una mirada más consciente y afectiva. "Aprendí a recordar a mi abuelita de una manera más linda", explica.

La nostalgia deja entonces de ser únicamente refugio o confrontación para convertirse en una herramienta de reconstrucción emocional.

Para Melissa, sentir nostalgia implica aceptar que algo terminó, pero también reconocer el valor de aquello vivido sin quedarse atrapada en el sufrimiento. "Es extrañar y abrazar esos recuerdos, pero también soltarlos", comenta.

En su trabajo, el acto de bordar se relaciona con la idea de sanar.

Dentro de su familia el bordado y la costura estaban ligados a remendar ropa, confeccionar objetos del hogar y reparar telas dañadas. Con el tiempo, esa lógica de reparación se trasladó a su propia experiencia emocional. "Yo lo transformé como para remendarme, como curarme a mí misma", señala. Esa idea atraviesa toda la exposición: cada hilo funciona como una forma de unir recuerdos fragmentados, heridas emocionales y memorias familiares.

REVELARSE A UNA MISMA

Aunque Puntadas de Nostalgia es su primera exposición individual en San Luis Potosí, Melissa Salazar llevaba años construyendo el proyecto mientras atravesaba distintos procesos emocionales.

Durante mucho tiempo postergó la idea por inseguridades sobre su trabajo, hasta que la terapia la llevó a reconocer la necesidad de expresar aquello que había guardado durante años. "Me di cuenta de que tenía mucho que decir", afirma.

La muestra se convirtió así en un espacio para hablar del duelo, la ansiedad y la memoria desde un lugar más honesto. Además del bordado y el fotobordado, incorpora técnicas como transfer y cianotipia, esta última relacionada con una nueva etapa dentro de su lenguaje visual."Así como la imagen se revela con el sol, yo también tuve una revelación conmigo misma", dice.

SANAR TAMBIÉN ES RESPONSABILIZARSE

Más allá de la experiencia autobiográfica, Puntadas de Nostalgia busca generar empatía en quienes visitan la muestra. La artista espera que el público pueda reconocer sus propias heridas y reconciliarse con sus memorias."Me gustaría que el público abrazara su nostalgia y entendiera que muchas heridas hay que sanarlas", expresa. Para Melissa, sanar no significa olvidar la pérdida, sino aprender a convivir con ella desde otro lugar. 

La exposición propone justamente eso: entender que las emociones no desaparecen, pero sí pueden transformarse. Que el dolor puede convertirse en memoria, la memoria en arte y el arte en una forma de seguir adelante.