LA CIENCIA DE REGAR LAS PLANTAS

Hay algo en la ciencia de regar las plantas que se escapa a mi intelecto.
De nada sirve que me acerque y que les cante y les dé las buenas noches cada que cierro el portón.
Se dan la vuelta y refunfuñan con palabras que no entiendo, pero sé, muy en el fondo, que me dicen "no lo intentes, son tus yemas el problema".
Pero la tierra se esconde entre mis uñas e imagino que ahí dentro crecerá alguna semilla y que por fin los dedos míos comprenderán cuál es el modo, la simple alquimia que me huye, la forma en que tú logras que los retoños se asomen.
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Sin embargo, ¿entenderán los geranios cuando les diga que tu adiós de noviembre se convirtió en un hasta nunca?
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