Salvar un volcán, la proeza de un joven activista

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Ciudad de México.- Cuando el activista mexicano José Varela soñaba, a los 13 años, con tocar las nubes desde la cima del volcán Tetlalmanche, el más alto de la Sierra de Santa Catarina, jamás imaginó que aquel deseo sería el inicio de la proeza de su vida: salvar esta área natural protegida, amenazada por la explotación minera y la invasión predial.
La odisea de Varela (Ciudad de México, 2000) comenzó cuando, sin permiso de nadie, se escapó de la escuela y escaló aquel pico inexplorado, ubicado entre las alcaldías de Tláhuac e Iztapalapa, dos de las demarcaciones con menor cobertura de áreas verdes de la capital mexicana, con un promedio inferior a 5 metros cuadrados por habitante.
Al llegar a la cima descubrió que, como muchos otros vecinos de la zona, ignoraba que no se trataba de un cerro más, sino de un volcán monogenético que llevaba décadas siendo devorado por la "mancha urbana y la extracción ilegal" de materiales pétreos, pese a estar situado en el área natural protegida de Santa Catarina.
"Nadie me creía que era un volcán: ese fue mi primer impacto. Me hizo demasiado ruido que nadie supiera lo que era... Y nadie salva lo que no se conoce", confiesa el ambientalista en una entrevista con EFE al recordar la anécdota que puso el primer peldaño de lo que sería su proyecto de turismo regenerativo Inlandmex, fundado hace tres años.
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En un recorrido de 10 horas, EFE constató la titánica labor del egresado de la carrera de Turismo, cuya misión es crear el primer bosque urbano plantado por turistas en Iztapalapa y mostrar el valor natural del volcán Tetlalmanche dentro y fuera de las fronteras de dicha alcaldía.
A las 4:00 de la mañana, Varela carga una camioneta con fresnos -árboles endémicos del Valle de México- y se encuentra con un grupo de turistas a unos 2 kilómetros del Tetlalmanche.
"Bienvenidos a Iztapalapa, lugar de arte, cultura y naturaleza", dice, decidido a cambiar la narrativa de su alcaldía, asociada a "prejuicios clasistas" y a una percepción de inseguridad.
En las faldas de la reserva, ya se observa el traspaso del asentamiento irregular y el deslave provocado por la extracción minera.
Antes del amanecer, el grupo está a punto de alcanzar los 2.820 metros sobre el nivel del mar, donde se encuentra el cráter del Tetlalmanche, el tercero más elevado de Ciudad de México.
A esa altura, el sueño de José se cumple: todos somos capaces de tocar las nubes.
Con la ayuda de cientos de turistas, Varela ha sembrado más de 500 árboles en las calles de su colonia, una labor que continuará pese a que las autoridades locales han talado algunos de ellos.
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