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Alito en su laberinto

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Agosto 18, 2026 03:00 a.m.

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      ¿A dónde va (m)Alito Moreno? ¿Al bote, "a Chihuahua a un baile", o a cualquier lugar al que lo pueda llevar el vendaval sin rumbo en que ha convertido la dirección del partido político que representa? "¿Quo vadis?", "A dónde vas?", es una frase en latín que se usaba entre los antiguos para referirse, más que a un sitio territorial específico, al horizonte de vida que, dentro de la comunidad, se oteaba en el porvenir de un personaje. Guardadas las proporciones, vale preguntar, ¿a dónde va el mentado (m)Alito? Quién sabe. El problema es que, en ese empeño de hacer de la necesidad una "virtud", el (m)Alito termina siempre como el cohetero, más que chamuscado. Acudió al vecino país del norte a solicitar intervención externa sin agotar siquiera las posibilidades de arreglo interno, entendiendo por esto último el colocarse como un interlocutor político serio y confiable, toda vez que la política del "descontón", por sí o por interpósito achichincle, es su mejor carta de presentación para lo que se ofrezca. Pero eso es un estilo que difícilmente logrará desterrar de su personalidad. Lo que interesa destacar es que, para el conjunto del sistema político mexicano, la forma en la que se mueve el personaje en cuestión, es la expresión de prácticas que caracterizaron al viejo régimen político y que se resisten a desaparecer.

      Aquí hemos comentado antes el caso de personajes como el propio Carlos Salinas de Gortari que llegó a relatar en su libro de memorias (como titular del ejecutivo federal) titulado "México: un paso difícil a la modernidad", que cuando Manuel Camacho Solís le reclamó la razón de omitir avisarle que no sería favorecido por la facultad meta-constitucional del "dedazo" que, como "gran elector", tuvo Salinas para decidir que fuera Luis Donaldo Colosio "su" candidato para la sucesión presidencial de 1994, simplemente le espetó: "Manuel es que el PRI no avisa". Lo que siguió es historia conocida (aunque todavía saltan cosas sorprendentes): que si Songo le dio a Borondongo, que si éste le dio a Bernabé que, a su vez, le pegó a Muchilanga porque éste le echó Burundanga, toda una cadena de enredos, pues, resultando un caos descomunal que puso al país en vilo y que, finalmente, más allá de lo grotesco de muchas decisiones que se tomaron entonces, y que hasta rayaron en lo cómico, terminaron, empero, por dejar una secuela trágica. Un paso a una "desmothernidad" que llevaría a la salida del PRI de Los Pinos en el año 2000. 

      Pero el (m)Alito ni suda ni se abochorna; antes bien se ufana de andar como chivo en cristalería, con la peregrina idea de que el brazo largo de la ley no le alcanzará algún día. Asumirse como "perseguido político" es parte de su "pragma" política, orientada por la vocación depredadora de hacer negocios privados con bienes públicos, al amparo de un fuero siempre mal entendido y peor practicado, pero con pingües ganancias que han resultado en un grosero enriquecimiento inexplicable, como lo cuestionó con pelos y señales en alguna ocasión el excandidato presidencial del PRI en el 2000, Francisco Labastida. Ahora, (m)Alito pretende erigirse en voz crítica, pero en lo bueyes del compadre Trump, acudiendo al vecino país del norte para denunciar, ante quien lo quiera escuchar, que dizque le están coartando "su" libertad de expresión. En el fondo de la forma, como gustaban decir los priistas de viejo cuño, el problema de (m)Alito es el de la inminente activación del juicio de procedencia que lo llevaría a perder el fuero y entregar cuentas del enorme saqueo realizado por dónde ha pasado a servirse del erario. En suma, esa es la moral que pregona (m)Alito, la de un árbol que da moras... y rémoras.