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Confesemos (4)

Por Carlos Pérez García

Junio 20, 2026 03:00 a.m.

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      Continúo ahora esta serie sobre recuerdos o memorias, que he venido publicando aquí a lo largo de estas últimas semanas, con la excepción de unas pocas en que intercalo columnas de diversos temas actuales.

      * ESCRIBO HOY DE MI sugestiva experiencia en el estado de San Luis Potosí, con el gobernador Horacio Sánchez Unzueta, hacia finales de la década de 1990. Veamos.

      Nací y viví —excepto un año— en la capital del estado hasta los 18 cuando me fui a estudiar a la UNAM y, luego al extranjero, para regresar al Distrito Federal a trabajar en 1974. Ya he circulado mucho más de la mitad de mi vida fuera de San Luis, si bien nunca me he alejado del todo.

      Sólo durante el segundo de Secundaria había estado fuera, en un internado al sur del DF en una experiencia muy formativa, de la que platicaré en otro capítulo de la serie.

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      Y, bueno, después de décadas de que llegué a estudiar a la capital del país, donde se dio mi desarrollo profesional, surgió la oportunidad de regresar a mi tierra como secretario de Promoción Económica en el gobierno del Estado. Una de las mejores experiencias de mi vida.

      El periodista y funcionario Juan José Rodríguez me sondeó en el DF a nombre del gobernador y al parecer con el apoyo del empresario Miguel Valladares. Para mí y mi familia eso implicaba cambios importantes, pero no me tardé en aceptar con ilusión y entusiasmo.

      Aunque tenía ya cierta experiencia, desde antes de la toma de posesión me preocupé por aplicarme y hacer bien las cosas, consciente de que sobrevivir en lo local puede ser más difícil que flotar un poco a nivel nacional. De entrada, la prensa era más dura y todo mundo podía rechazar a quien actuara como un chilango arrogante.

      Un esfuerzo de humildad ayudó a que no me fuera nada mal esos dos años, a la vez que me reencontré con viejos amigos y conocí muchos nuevos de gran calidad, hombres y mujeres. También estuve con mis padres en sus últimos años y pude reconstruir datos de mis orígenes.

      Sagaz e intenso político, el gobernador Horacio Sánchez me apoyó para que todo marchara y se tuvieran algunos logros. Él era muy dedicado y exigente, con un buen equipo que incluía personajes como Antonio Esper.

      La verdad, me metí bastante y disfruté mucho este período de mi vida, con ciertos resultados. Recorrí buena parte de la entidad, me coordiné en serio con líderes empresariales, promovimos inversiones en el DF y el extranjero, apoyamos en lo posible la principal Zona Industrial, afianzamos algo la imagen del gobierno ante la sociedad...

      Igual, no pocos periodistas y ciudadanos me ayudaron a cometer menos errores y disfrutar de mi estancia.

      Varios amigos opinaban que podía yo ser candidato a gobernador, pero nunca me la creí, y tanteé sin éxito una candidatura a diputado federal. Al terminar ese sexenio estatal, el nuevo gobernador, Fernando Silva Nieto, me nombró representante del gobierno en la capital del país, lo que me permitió regresar a casa con mi familia en otra grata experiencia de trabajo.

      * EN CUANTO A ANÉCDOTAS refiero aquí algo bastante inusual. En sólo 8 meses estuve en 4 cargos distintos de dos áreas del gobierno Federal: el 30 de septiembre de 1992 era subdirector general Comercial del ISSSTE, el 1 de octubre me mandaron al mismo nivel en Finanzas del Instituto, el 16 de enero de 1993 me nombraron Oficial Mayor de la Secretaría de Energía, Minas e Industria Paraestatal, y al fin el 1 de abril ya estaba como subsecretario en la propia SEMIP. ¿Cómo sucedió todo esto?

      Miren, tras 4 duros años nos fue muy bien en el difícil cargo original, y me movieron a ayudar en otra área delicada de la institución, pero a los tres meses nombraron secretario de Estado a mi jefe, Emilio Lozoya.

      Me dejó allí para que le "hiciera entrega del ISSSTE a mi paisano", el nuevo Director General Gonzalo Martínez Corbalá, quien se tardaba en aparecer. Creo que a este no le entusiasmó tanto tratar con quien tal vez vio como un segundón, y yo corrí a apelar para que no me dejaran por ahí.

      Es así como el Presidente firmó mi nombramiento de Oficial Mayor, pero en menos de 4 meses un subsecretario se fue y me promovieron. Eran muy gratos y estimulantes esos cambios, aunque cuando apenas iba aprendiendo una nueva responsabilidad, me iba a otra... y hasta tenía que volver a fijarme bien dónde estaba el baño en esa oficina.

      Años después, recordé con nostalgia todo eso a lo largo de períodos sin trabajo al cambiar los vientos. Nada es para siempre.

      cpgeneral@gmail.com

      X: @cpgarcieral y Fb: carlosjavierpérez