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El Atlante, cuate

Atlante logró su título más recordado en la temporada 92-93 con una final histórica.

Por Jorge Hernández Vega

Agosto 20, 2026 03:01 a.m.

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El Atlante, cuate
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      Por allá de mediados de los años noventa, en la escuela donde yo estudiaba en San Luis Potosí, un profesor de secundaria y preparatoria de nombre Juan Martínez (a quien llamábamos "Juanito" de cariño) no perdía oportunidad para recordarte el profundo amor que le tenía al equipo de su corazón. Te lo decía de la única manera que sabía hacerlo, siempre acompañado de su frase característica al dirigirse a los alumnos varones: "¡Arriba el Atlante, cuate!".

      ¿Y cómo no iba a estar orgulloso de su equipo en esa época? Los Potros acababan de regresar al máximo circuito del fútbol mexicano para la temporada 91-92. En ese torneo de retorno, bajo la dirección técnica de Ricardo La Volpe —quien además fue un estandarte en la portería atlantista durante los setenta y ochenta—, terminaron como líderes generales. Desplegaban un fútbol ofensivo y vistoso que enamoraba a cualquiera; lamentablemente cayeron en cuartos de final ante Cruz Azul tras un global de 5-5 donde el gol de visitante terminó por dejarlos fuera.

      Aquel plantel inolvidable, compuesto por jugadores que en su mayoría se consolidaron de la mano de La Volpe, contaba con nombres de la talla de Félix Fernández, Raúl Gutiérrez, José Guadalupe Cruz, Wilson Graniolatti, Miguel Herrera, René Isidoro García, Roberto "El Demonio" Andrade, Guillermo Cantú, Pedro Massacessi, Luis Miguel Salvador y Daniel Guzmán.

      Para alegría de mi querido profe, la vida les dio la revancha inmediata en la temporada 92-93. En ese torneo no avanzaron como los mejores (clasificaron en décimo lugar general beneficiados por el sistema de grupos), pero en la liguilla hicieron historia: eliminaron al Necaxa, vencieron en semifinales al León (campeón defensor) y en la gran final, con una actuación brillante de Daniel Guzmán, golearon al Monterrey para coronarse campeones en la cancha del Estadio Tecnológico.

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      Aquel Atlante tenía una personalidad muy especial; le fueras o no al equipo, había algo en su mística que te hacía seguir sus partidos. Desde su directiva con las polémicas declaraciones de José Antonio García, su paso a manos de Alejandro Burillo, el club destilaba un encanto único que transmitía a sus futbolistas, antes de entrar en una etapa de altibajos.

      Años después, ya en la década del 2000 y tras torneos complicados peleando el descenso, resurgieron de la mano de tres técnicos salidos justamente de aquella camada de los noventa: Miguel Herrera, "El Profe" Cruz y René Isidoro García, alcanzando dos semifinales y unos cuartos de final. Más tarde, en 2007, el equipo cambió de sede a Quintana Roo y allí llegó otro ansiado campeonato de la mano de figuras como Giancarlo Maldonado, venciendo en la final a Pumas en Cancún tras igualar en el juego de ida en Ciudad Universitaria.

      La historia azulgrana está escrita con letras de oro por leyendas de la talla de Horacio Casarín, Evanivaldo Castro "Cabinho", Hugo Sánchez, Federico Vilar, Sebastián "El Chamagol" González o Luis Gabriel Rey. Atlante tiene una afición con mucho más peso y arraigo del que muchos imaginan, contando entre sus seguidores a personalidades de los medios como Toño de Valdés, Heriberto Murrieta, Esteban Arce y, por supuesto, a mi profe Juan Martínez.

      Hoy en día cuentan en sus filas con el talento del potosino Eugenio Pizzuto, quien ha caído con el pie derecho en el plantel, y con el regreso de una de sus figuras históricas como "El Piojo" Herrera en el banquillo, buscando devolver las viejas glorias a un clásico de nuestro fútbol que ha sabido sobreponerse a los descensos y a largos años en la Liga de Expansión.

      ¿Cuánto tardará en cautivar a nuevas generaciones de aficionados? Con buenas actuaciones y títulos los jóvenes irán sumándose. La historia tiene un peso enorme y por eso estos colores representan un pilar indiscutible del fútbol mexicano. Da un enorme gusto verlos nuevamente en la Primera División, el lugar donde por historia y mística merecen estar.

      Les deseo el mejor de los regresos. Y que así, en dondequiera que se encuentre mi querido profe, pueda sentirse orgulloso de sus colores y gritar con el alma: "¡Arriba el Atlante, cuate!".