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In-D: Alex Lora tiene memoria de elefante

Por Daniel Tristán

Agosto 19, 2026 02:59 p.m.

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In-D: Alex Lora tiene memoria de elefante
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      Alex Lora se encuentra sentado con su guitarra en las manos, un micrófono está cuidadosamente colocado a la altura adecuada para que el icono del rock nacional conceda una entrevista más. Uno ya sabe que, tarde o temprano, aparecerá la promoción del enésimo aniversario de El Tri. Los cuarenta, los cuarenta y cinco, los cincuenta, los cincuenta y seis... pareciera que la banda vive en una celebración permanente. Pero, curiosamente, esa no es la parte más interesante de la conversación.

      Lo verdaderamente fascinante empieza cuando alguien le hace una pregunta cualquiera.

      "¿Te acuerdas de aquel concierto...?"

      Entonces ocurre el milagro neuronal.

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      Alex no responde con un simple "sí". Abre una puerta. De pronto aparecen fechas exactas, coordenadas de ciudades milimétricamente ubicadas, nombres de músicos, periodistas, promotores, escenarios, camerinos, hoteles, discos, giras y anécdotas que parecían condenadas a perderse en el tiempo. Habla de un concierto ocurrido hace cuarenta años con la naturalidad con la que cualquiera recordaría lo que desayunó ayer. Más que escuchar una entrevista, uno tiene la sensación de estar presenciando una demostración de ingeniería cerebral.

      Vivimos en una época en la que la memoria parece haberse mudado al bolsillo. Ya no recordamos números telefónicos, direcciones, cumpleaños ni rutas. Todo lo delegamos al celular. Si una duda aparece, la respuesta está a unos cuantos toques de distancia. Nuestro cerebro aprendió que ya no necesita almacenar tanta información porque alguien más (o algo más) lo hará por nosotros.

      Por eso resulta tan hipnótico observar a alguien como Alex Lora. Mientras la mayoría vivimos consultando Google para recordar en qué año ocurrió algo, él parece llevar un archivo perfectamente catalogado dentro de la cabeza. No da la impresión de buscar un recuerdo; simplemente abre un cajón y lo encuentra.

      No es casualidad. Desde finales de los años sesenta, cuando Three Souls in My Mind comenzó a tocar en los bajos mundos del Distrito Federal, Alex ha vivido una existencia casi ininterrumpida sobre los escenarios. En 1984 el grupo adoptó definitivamente el nombre de El Tri y terminó convirtiéndose en una de las instituciones más longevas del rock mexicano. Ha visto cambiar gobiernos, modas, formatos musicales y tecnologías. Pasó del vinilo al casete, del casete al CD, del CD al streaming y de los autógrafos a las selfies. Sin embargo, hay algo que parece haber permanecido intacto: su capacidad para recordar.

      Probablemente no se trate de un "don" misterioso. La memoria funciona de manera muy parecida a un sendero en el bosque. Cuantas más veces recorremos el mismo camino, más claro queda el trayecto. Alex ha contado muchas de sus historias durante décadas. Cada entrevista vuelve a fortalecer esas conexiones neuronales, reorganiza los recuerdos y los mantiene vivos. Lo que para otros sería un episodio borroso, para él sigue siendo un paisaje perfectamente iluminado.

      Quienes lo han visto responder preguntas saben que rara vez habla únicamente de los hechos. Habla de las personas. Recuerda al técnico de sonido, al reportero que llegó tarde, al policía que intentó cancelar un concierto, al fan que apareció con un disco bajo el brazo. Su memoria no parece organizada por fechas, sino por seres humanos. Ahí reside parte de su magia.

      Mientras lo escucho, me gusta imaginar que estoy haciendo turismo dentro de su cerebro. Como si recorriera un enorme museo cuyos pasillos están llenos de vitrinas. En una sala descansa el primer concierto importante. En otra, una gira interminable por el norte del país. Más adelante aparece un estudio de grabación, una entrevista de televisión, una madrugada en carretera, un camerino improvisado. Ninguna sala parece abandonada. Todas conservan las etiquetas, las fotografías y los nombres de quienes estuvieron ahí.

      En tiempos en los que nuestra atención dura apenas unos segundos antes de saltar a la siguiente notificación, contemplar ese museo mental produce una extraña admiración. No porque Alex Lora recuerde más datos que nosotros. Sino porque nos recuerda algo mucho más importante: el cerebro humano sigue siendo capaz de construir recuerdos extraordinarios cuando una vida se vive con atención, cuando las historias se cuentan una y otra vez y cuando las personas importan lo suficiente como para no olvidarlas.

      Quizá el verdadero espectáculo de Alex Lora no ocurra cuando toma una guitarra. Quizá ocurra cada vez que alguien le hace una pregunta aparentemente sencilla y, durante unos minutos, nos permite caminar por uno de los archivos mejor conservados que todavía existen: la memoria de un ser humano.

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