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¿Está México preparado para envejecer?

Por Carlos A. Hernández Rivera

Junio 05, 2026 03:00 a.m.

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      Durante décadas, México fue un país joven. Nuestras escuelas, universidades, mercados laborales, políticas públicas e incluso buena parte de nuestro discurso político se construyeron bajo la idea de una población predominantemente integrada por niñas, niños y jóvenes. Sin embargo, esa realidad está cambiando más rápido de lo que imaginamos.

      Recientemente, el Consejo Nacional de Población (CONAPO) estimó que hacia el año 2034 México tendrá más personas adultas mayores que niñas y niños. La noticia podría parecer una simple curiosidad estadística, pero en realidad representa uno de los cambios sociales más profundos que enfrentará nuestro país durante las próximas décadas.

      La pregunta entonces es inevitable: ¿está México preparado para envejecer?

      La respuesta no es sencilla. Por un lado, vivimos más años que generaciones anteriores. Los avances médicos, la ampliación de servicios de salud y mejores condiciones de vida han permitido aumentar la esperanza de vida. Pero vivir más tiempo no necesariamente significa vivir mejor. El verdadero desafío consiste en garantizar que esos años adicionales se desarrollen con dignidad.

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      La discusión suele reducirse al tema de las pensiones o a los programas de apoyo económico para personas mayores. Sin embargo, el envejecimiento poblacional plantea retos mucho más amplios. Habrá que repensar el sistema de salud para atender enfermedades neurodegenerativas, padecimientos crónicos y necesidades de cuidados de largo plazo. También será necesario fortalecer la infraestructura urbana para que ciudades, calles, edificios y sistemas de transporte sean accesibles para una población cada vez más envejecida.

      Existe además un aspecto poco discutido: el derecho al cuidado. Tradicionalmente, las familias mexicanas han asumido esta responsabilidad. Hijas, hijos, nietas o nietos han sido quienes acompañan a las personas mayores cuando pierden autonomía. Pero las familias también están cambiando. Hay menos hijos, hogares más pequeños y una creciente movilidad laboral. ¿Quién cuidará a quienes necesiten apoyo cuando ya no existan esas redes familiares tradicionales?

      Otro desafío importante es la violencia patrimonial. En los tribunales y despachos jurídicos aparecen con frecuencia casos de despojo de inmuebles, abusos relacionados con pensiones, manipulación de testamentos o aprovechamiento de situaciones de vulnerabilidad. Conforme aumente la población adulta mayor, estos problemas podrían multiplicarse si no se desarrollan mecanismos eficaces de protección.

      Incluso temas que pocas veces se asocian con los derechos humanos cobrarán nueva relevancia. El derecho a la participación política, al esparcimiento, a la vida comunitaria e incluso a la sexualidad forman parte de una vida digna durante la vejez. Las personas mayores no son únicamente destinatarias de asistencia social; son titulares plenos de derechos.

      En el ámbito internacional, este debate también avanza. Desde hace años existe una discusión sobre la necesidad de fortalecer los instrumentos jurídicos destinados a proteger específicamente los derechos de las personas mayores. La premisa es sencilla: una sociedad que envejece necesita reconocer que la edad no disminuye la dignidad humana.

      Quizá la verdadera pregunta no sea si México tendrá más personas mayores que niños dentro de algunos años. Las proyecciones indican que eso ocurrirá. La pregunta relevante es otra: ¿qué estamos haciendo hoy para que esos millones de mexicanas y mexicanos puedan llegar a la vejez con autonomía, seguridad y dignidad?

      Después de todo, el envejecimiento no es un problema que afecte a otros. Si la fortuna nos acompaña, es el futuro al que todos aspiramos llegar.

      carloshernandezyabogados@gmail.com