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Farmear aura política

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Septiembre 08, 2026 03:00 a.m.

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      Pues allí tienen que, ahora, la moda entre los jóvenes en las redes sociales es una suerte de competencia denominada "farmear aura", que significa algo así como jugar a construirse una seña de identidad basada en gesticulaciones y movimientos corporales, algo así como forjarse una especie de carisma. Con la palabra-verbo "farmear", por asociación de ideas me vino a la mente el caso de los "farmers" o sujetos de la vía de producción capitalista en el campo que, como productores independientes se dedicaban a labrar y/o cultivar la tierra, en principio, con sus manos, como poseedores de su mera fuerza de trabajo, pero que, empero, aspiraban a la asociación con grandes capitales y que, en el caso mexicano, fue el señuelo ensayado por el famoso modelo neoliberal para dizque modernizarlos. Guardadas las proporciones, pareciera entonces que "farmear" implica hacerse de una identidad, carisma o "aura" sin mayores aditamentos que los propios de las miserias del cuerpo humano.

           Pero resulta que, farmear aura también atrae a la clase política para ganar adeptos. Ya antes nos referimos al caso que Milán Kundera, el gran escritor checo narró en su obra "La inmortalidad", donde un cierto gobernante procuraba, cada que tenía oportunidad, dormir dentro de un ataúd que guardaba en su morada, con el propósito de soñar o imaginar que de esa manera sería por fin vitoreado y recordado por la multitud que aspiraba a mandar. Una minúscula "inmortalidad", parafraseando a Kundera, aplicable a cualquier político que, ávido de sentirse amado, o por lo menos temido (según el consejo de Maquiavelo), termina por hacer cada desfiguro, no tanto para hacerse el occiso, sino para jugarle al vivo, metafóricamente hablando, o para jugarle al enmascarado, como también se dice, coloquialmente, en nuestro peculiar medio. Máscara el rostro y máscara la sonrisa, diría Octavio Paz.

           Eso de farmear aura entre la clase política recuerda lo que muchos políticos hacían con tal de mantenerse en el ánimo de una población que, por definición, siempre va encontrando novedades que superan lo anterior. Está el caso de un José López Portillo que, en lo más alto del goce de las mieles del poder público, se daba el lujo de treparse a velocidad en los templetes de los actos protocolarios, haciendo sudar la gota gorda a sus achichincles para hacer lo propio, pero cuando devino el cierre de su administración y el declive de la popularidad, no le quedó más que ensayar los lloriqueos para despertar la compasión de un pueblo que ya lo tenía condenado al desprecio por alardear en extremo de que "había que prepararse para administrar la abundancia".

            El estilo personal de gobernar, denominó don Daniel Cosió Villegas a esa capacidad de actuación muy propia de cierta clase política, sobre todo de la que hacía cera y pabilo el presidente Luis Echeverría. Pero igual podría decirse de un Carlos Salinas y su fraseo peculiar para tratar de que "nadie se hiciera bolas", amén de una chistosa huelga de hambre en una zona pobrísima de Monterrey a la que nunca llegó su programa estrella de "Solidaridad". O de un Gustavo Díaz Ordaz que, con su mano tendida, en el fondo era la de la represión ensoberbecida. También las "foxadas" de Vicente y de la señora Martha, curiosa pareja que, sigue queriendo hacer de la suyas pero ya no despiertan ni la risa. En fin, "farmear aura política" tiene sus asegunes, pero en época electorera seguramente será el pan de cada día. 

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