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¿Cambios?

Por Carlos Pérez García

Agosto 08, 2026 03:00 a.m.

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    Preguntas y respuestas

      Entre la serie dedicada a ciertos recuerdos de lo que he vivido en mi carrera, vuelvo hoy a una de mis columnas usuales con la idea de regresar la próxima semana a esas memorias y sus corolarios.

      Día tras día hay revelaciones y escándalos de ineptitud, engaños, retrocesos, corrupción y delincuencia. Eso sigue igual o peor: surgen burlas, decepciones, reacciones ridículas, negaciones, confirmaciones... De todo, excepto correcciones.

      La ética pública está por los suelos. Veamos, pues.

      Uno. Tenemos los monstruosos desastres en el sector salud o la seguridad y la economía; otros se desbordan y amenazan la viabilidad del país: el debilitamiento de los contrapesos e instituciones; la normalización de la mentira y la propaganda; la militarización de la seguridad y la vida pública; el uso de apoyos sociales como control político; la concentración del poder y los ataques a quienes piensan diferente.

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      En un proceso gradual la gente prefiere no enterarse de calamidades o noticias desagradables, y muchos se acostumbran a perder poco a poco lo que se tenía. Pero, ojo, habrá que reaccionar a tiempo y salvar el país, lo que no debería implicar violencia en contra de lo que queda del estado de Derecho.

      Dos. Son tiempos de trampas e incongruencias. La maña y la mentira siempre han estado presentes en la política mexicana, aunque nunca habían llegado a extremos como los de estos últimos años, además de que ya se reproducen en casi toda la sociedad: elecciones (con el INE), educación (incluida la UNAM), información y censura... No pocos piensan que la trampa es un triunfo del ingenio.

      En muchos temas, AMLO hacía exactamente la inversa de lo que declaraba cada día. De ese tamaño son la falsedad y la simulación, que ahora se ven reforzadas por su súbdita, quien busca protegerlo a él y sus asociados.

      Es tal la desesperación que ¡en Baja California, un gobernador histórico va a la cárcel sólo para desviar la atención de la actual tan cuestionada!

      Tres. No es por moralismo o mojigatería, pero ya se debe empezar a echar para atrás la desmedida corrupción con su cauda de impunidad. Tampoco es cuestión de que nadie se quede sin castigo, sino de que todo ello trae problemas muy graves y más deshonestidad.

      Se dice que corrupción e impunidad siempre han existido. De eso no hay duda, pero nunca habían tenido los niveles actuales. De hecho, en sexenios anteriores se removían o encarcelaban gobernadores; con la Cuatroté no es así.

      Si comparamos la anticorrupción de los gobiernos de Peña Nieto y López Obrador, los funcionarios inhabilitados se redujeron de 12,104 a 5,781, los destituidos de 7,205 a 726 y los suspendidos de 9,826 a 3,923. Las sanciones económicas cayeron de 3,401 a 623.

      Cuatro. En cuanto a ineptitud e irresponsabilidad, destacan los megaproyectos de estos sexenios: el AIFA, la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el Corredor Interoceánico. Todos y cada uno han costado mucho más de lo programado (entre 200% y 400%) y, si no se cancelan, tendrán que operar año tras año con pérdidas y subsidios que distraen recursos escasos, aparte de que no se cumplen los beneficios prometidos.

      Hay otros casos como la Megafarmacia que igual implicaron desechar programas vitales. Y el gran aeropuerto que fue cancelado en Texcoco viene a ser un absurdo de enormes costos adicionales, sin ningún beneficio.

      Cinco. La demagogia de un gobierno populista que se dice de izquierda, ha provocado un fortalecimiento de una derecha que también se radicaliza en forma absurda. Los extremismos y fanatismos son extremadamente peligrosos, lo cual se confirma con el Trumpismo y Salinas Pliego.

      En fin, decíamos aquí, urge actuar... dentro del estado de Derecho. De poco sirve el valemadrismo ante la engañosa gradualidad: hay que apresurar y profundizar todo lo que podamos hacia las elecciones del 2027. No caigamos en el fatalismo derrotista de que ´ya no se puede hacer nada´. Tampoco en un optimismo sin bases.

      Será una auténtica Odisea regresar a la ruta que traíamos hace años, muy imperfecta pero claramente preferible a la que nos ha llevado el lamentable obradorismo. Se habrán perdido generaciones de mexicanos e incontables oportunidades de tener menos pobreza y una mejor posición entre las naciones del mundo.

      Tenemos que dejar de ser un país anestesiado, narcotizado.

      Habrá que aportar enormes esfuerzos y sufrimientos... esperemos que sin derramar tanta sangre, para estar de nuevo ante una perspectiva de grandeza.

      cpgeneral@gmail.com

      X: @cpgarcieral y Fb: carlosjavierpérez