El ingeniero Cárdenas
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El miércoles pasado comenzó a resonar y amplificarse la noticia del fallecimiento del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Las reacciones, los sentimientos, los recuerdos, historias y fotografías comenzaron a compartirse en las redes sociales. Los mensajes de reconocimiento llegaron aún de personas que fueron sus oponentes políticos.
Cuauhtémoc no la tuvo fácil al crecer como hijo de Tata Lázaro, el presidente mexicano que, muchos años después de concluir su mandato, seguía siendo un referente entrañable sobre todo entre las clases populares. Don Lázaro fue un padre viejo para los estándares de la época; estaba por cumplir 39 años cuando nació Cuauhtémoc. Doña Amalia Solórzano, su madre, tenía 22. Don Lázaro fue sombra y viento para Cuauhtémoc.
El segundo Cárdenas recibe el nombre del último emperador azteca como muestra del nacionalismo de Don Lázaro y de doña Amalia. Cuando su papá tomó posesión como presidente de México, Cuauhtémoc tenía 7 meses. Prácticamente pasó su primera infancia en Los Pinos, el nuevo espacio que su padre decidió ocupar como residencia presidencial por considerar que el Castillo de Chapultepec era muy ostentoso.
Cuauhtémoc creció entre la política y políticos de alto nivel y de distintas épocas y adquirió las buenas maneras y el estilo que le conocimos. Decidió estudiar ingeniería en la UNAM. El título de ingeniero terminó siendo parte de su nombre.
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Aunque construyó su propio camino, hay coincidencias y divergencias con la carrera de su padre. Cuauhtémoc fue Senador por Michoacán entre 1976 y 1980 y luego gobernador entre 1980 y 1986. Su padre había gobernado el Estado como interino —muy joven— mes y medio en 1920 y luego como gobernador constitucional entre 1928 y 1932. De la gubernatura, Don Lázaro se fue a hacer campaña para la presidencia de la República. Parecía que el mismo camino podría estar trazado para su vástago, pero las condiciones nunca fueron del todo propicias para su regreso a Los Pinos. Cárdenas fue candidato a la Presidencia tres veces: 1988, 1994 y el 2000 en tres escenarios muy distintos.
En el 88 fue cuando la tuvo más cerca o la tuvo, pero es la elección marcada por la caída del sistema y la incertidumbre del triunfador después de la quema de las boletas. Manuel Clouthier, Rosario Ibarra y Cuauhtémoc Cárdenas habían pedido abrir los paquetes, pero en 1991, la Cámara de Diputados ordenó su destrucción. Oficialmente, Cárdenas en el 88 quedó en segundo lugar.
Había sido candidato del Frente Democrático Nacional, coalición de cuatro partidos más la corriente democrática que se había escindido del PRI. En el 94, compitió por el PRD en la difícil coyuntura que, después del asesinato de Colosio, le dio el voto a Zedillo. Ahí se fue al tercer lugar después del PAN. En el 97, fue el primer jefe de gobierno electo para el entonces Distrito Federal. En el 2000 vuelve a competir por la presidencia manteniendo el tercer lugar. Ahí tuvo que soportar las bravuconadas de un Fox que, muy lejos de los modales y de la experiencia del ingeniero, ganó la elección con más del doble de los votos que obtuvo Cárdenas.
Desde entonces se mantuvo como el referente de la izquierda mexicana sin estridencias y con una sabiduría que se fue acrecentando con los años. Se le llamó líder moral. Para mi generación fue esperanza. Es también modelo de perseverancia, congruencia y rectitud. Sin duda deja un hueco enorme. QEPD.
@leticia_bonifaz
(Catedrática de la UNAM)




