Aguilar Rodríguez: motivar vocaciones científicas
Reconocen influencia del "Profe Toño" en generaciones de estudiantes del altiplano potosino

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Todos los que apreciamos y nos dedicamos a actividades científicas recordamos a algún maestro de secundaria o de preparatoria que con sus enseñanzas nos convenció de lo interesante que es la ciencia. No es una tarea sencilla y pocos tienen esa habilidad. Tal vez sea parte de la razón del porqué el número de científicos en nuestro país sea tan reducido.
El maestro José Antonio Aguilar Rodríguez fue uno de esos maestros que motivó a sus alumnos de secundaria. Esta nota desea hacer patente el importante papel que jugó a lo largo de su vida en un número muy grande de jóvenes del altiplano potosino en la definición de su vocación profesional; principalmente en las áreas de ciencia e ingeniería. Desgraciadamente falleció hace un año a la edad de 90 años.
Antes de compartirles la influencia que en mí y en muchos de los compañeros de la generación 1963-1965 de la Secundaria Federal Miguel Hidalgo y Costilla de Charcas SLP, despertó por la ciencia y la ingeniería, el Maestro Aguilar Rodríguez, quiero contrastarla con lo vivido por Jorge Volpi, uno de los novelistas mexicanos más importantes de nuestro tiempo.
Jorge Volpi dentro de su producción literaria, publicó una novela titulada En Busca de Klingsor. Esta es una excelente obra que me recomendó leer un físico experimental español: Manuel Cardona.
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En el año 2000, en Caracas Venezuela, en un congreso latinoamericano de física, Manuel me dijo: esa obra es una de las novelas históricas mejor escritas sobre los fallidos intentos de desarrollar una bomba nuclear en Alemania, durante la segunda guerra mundial.
La recomendación fue atendida y en efecto el libro de Volpi, relata magníficamente uno de los dilemas mas importantes de ese conflicto armado; ¿quién era el consejero científico de Hitler a cargo del programa nuclear nazi?
Busqué a Jorge Volpi y lo invitamos a que diera una conferencia especial, sobre su obra, en el Congreso Nacional de Física realizado en octubre de 2006, en San Luis Potosi. En esa ocasión tuve oportunidad de preguntarle sobre su formación académica; me sorprendía el conocimiento y dominio de conceptos de física, en particular de mecánica cuántica. La respuesta está en un artículo que publicó en el Boletín de la Sociedad Mexicana de Física (Vol 20, Num 4, pag. 215): Pobladores de mundos extraños: físicos y novelistas. En él escribe:
Lo confieso: soy escritor. Pero aclaro en mi descargo que siempre quise ser científico. Físico, para más señas. ¿Por qué? Lo he contado en otras ocasiones: cuando era niño quedé fascinado por Cosmos, el programa de divulgación científica de Carl Sagan. ...
Gracias a Sagan descubrí que el Universo escondía una belleza recóndita y azarosa, muy superior a los mitos cristianos de la escuela católica donde extravié mi niñez. El Universo se me aparecía de pronto como un gran misterio, sí, pero un misterio que, como he dicho, podía ser resuelto. ... ¿Cómo no querer proseguir la senda de Copérnico, de Kepler, de Newton, de Planck, de Einstein?
Y, sin embargo, pese a que mi admiración por esta disciplina nunca disminuyó —las matemáticas eran mi asignatura favorita — a la hora de escoger una carrera universitaria me decanté por..., el Derecho. ¡Qué insensatez! Nunca lo lamentaré suficientemente. ¿El motivo? En primer lugar, los pésimos profesores de física que me atormentaron o, peor, me aburrieron en la secundaria y la preparatoria. Sagan me había enseñado a amar los quarks y las supernovas, mientras que ellos me hicieron odiar los vectores y las máquinas simples. ...
En 1994 tuve la idea de escribir una novela sobre física o, más bien, sobre físicos. Ésa fue la única motivación inicial y, gracias a ella, pude entrever la vida que pude haber tenido. Mi vida de físico podía ser fantasmal y vicaria, pero no era por ello menos auténtica. Desde entonces, y hasta que publiqué En busca de Klingsor en 1999, conviví más con físicos imaginarios o muertos — Heisenberg, Bohr y Schrödinger en primer plano— que con cualquier persona. Y pude sentir, por unos segundos, que escapaba a una dimensión paralela en donde por fin le hacía justicia a ese niño de diez años que se emocionaba con Cosmos las tardes de los domingos y se creía capaz de comprender el Big Bang o de unir la relatividad con la mecánica cuántica
¡Que interesante revelación!, si Jorge hubiera tenido maestros que lo motivaran por la ciencia, no dudo que ahora sería un gran científico. Sin embargo, a pesar de sus malos maestros de física, escribió una novela sobre la actividad en física nuclear en la época de la segunda guerra, que lleva vendidos miles de ejemplares y traducido a 25 idiomas.
En mi caso, tuve la fortuna de tener como maestro de química al Profesor Antonio Aguilar Rodríguez, en la Escuela Secundaria Federal Miguel Hidalgo y Costilla de Charcas. Este pueblo está enclavado en el altiplano potosino y a solo 18´40´´ al sur del Trópico de Cáncer. El lugar donde se fundó era ocupado por Huachichiles y se le conocía con el nombre de la Provincia de los Llanos; formaba parte de la Nueva Galicia. La fecha de fundación data de 1573, según la cédula fechada el 16 de abril de ese año. Ese asentamiento fue promovido por gambusinos españoles que encontraron minas ricas en plata y le llamaron Santa María de las Charcas.
Para la época en la que me tocó vivir, más de 400 años después, la plata ya se había agotado, pero seguía produciendo la mina grandes cantidades de plomo y zinc. En los años 50´s la mina pertenecía a una compañía gringa llamada American Smelting and Refining Company (ASARCO), propiedad de Meyer Guggenheim; padre de John Simon. Era una familia con una enorme riqueza, pero filantrópica. En particular, John Simon creó una fundación con base en Nueva York, que ofrece becas para promover el conocimiento científico y las artes. Esa beca la hemos recibido varios mexicanos.
El Profe Toño (como le decíamos sus estudiantes) fue un gran orientador de múltiples generaciones y promovió el aprecio del valor de la ciencia y sus aplicaciones en la vida cotidiana. Con sus enseñanzas y su incansable labor, nos dio las bases a cientos de jóvenes para desarrollar una vida profesional exitosa.
A lo largo de su vida propició la modificación de la forma tradicional de enseñanza de las ciencias a diferentes niveles educativos. Pasó de la forma acartonada y por demás aburrida de las ciencias a una experiencia dinámica en la que los estudiantes descubríamos los secretos de la naturaleza.
El Profe Toño fue técnico laboratorista en la mina y enseñaba la materia de química en la secundaria. Como parte de sus enseñanzas, nos llevó a la mina a observar los procesos básicos de la extracción de plomo y zinc; como se hacía la colecta del mineral, como se trituraba y como se realizaba la flotación de compuestos de plomo y zinc. Todo me llamaba la atención, pero lo que más me impresionó fue un laboratorio lleno de instrumental; matraces, pipetas, balanzas y frascos de diferentes tamaños con compuestos químicos. Esa actividad de llevar a sus estudiantes a observar prácticas de química en el laboratorio de esa compañía fue un acto visionario que promovió en sus alumnos el aprecio por la química y la ingeniería.
También nos hizo notar que en la mina de Charcas se encuentran silicatos de calcio y boro, llamados danburita. Este es uno de los cristales naturales de mayor dureza y su belleza lo hace atractivo para piezas de joyería.
Ahí identifico que nació en mí el interés por las ciencias que, a la larga, me llevó a realizar un doctorado en física teórica en la Universidad Libre de Berlín, Alemania y dedicarme a la investigación científica. Otro de nuestros compañeros que se decantó por la física nuclear fue Ventura de la Rosa Mendoza, quién estudió la maestría en ingeniería nuclear en el Instituto Politécnico Nacional y dedicó gran parte de su vida a la operación de la Planta Nuclear de Laguna Verde.
Otro dato por demás revelador de su trabajo como educador, fue que cinco de nuestros compañeros estudiaron ingeniería; tres de ellos coincidieron en la unidad de Santa Barbara, Chihuahua, de la Industrial Minera México. Uno de ellos se desempeñó como jefe de mantenimiento eléctrico (Manuel Vanegas Sánchez), otro del departamento de mantenimiento mecánico (Juan Francisco Carbajal Arriaga) y el tercero trabajaba como geólogo (Fidel Castañeda Arriaga). Además, éste último al paso de tiempo, regresó a la Unidad Charcas de la minera y de sus investigaciones, se desprendió la ubicación de grandes depósitos de plomo y zinc, los cuales hacen de esa mina una de las de mayor producción en México. El cuarto de esos ingenieros (Jesús Aguilera Duque), según parece, se mudó a Centroamérica y el quinto desgraciadamente falleció muy joven (Salvador Vanegas Sánchez).
Otro caso más: Lucía Colunga González estudió la carrera de química farmacobióloga en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y trabajó en los laboratorios de análisis clínicos de Seguro Social.
Estos son solo alumnos de mi generación (1963-1965) que se inclinaron por la ciencia y la tecnología; hay muchos ejemplos mas de alumnos de otras generaciones. Sin embargo, es importante hacer notar que otros compañeros de mi generación estudiaron otras profesiones y han sido exitosos a lo largo de la vida.
El profesor Antonio Aguilar Rodríguez se anticipó a la forma de cómo se enseñan las ciencias actualmente. Fue revolucionario en su época, pues su pedagogía se basaba en lo que hoy en día se denomina método STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas).
La enseñanza de las ciencias ha sufrido profundas transformaciones. Se ha reconocido que se debe de romper con el papel pasivo que desempeña el maestro y ofrecer la posibilidad de que el alumno produzca y construya el conocimiento; que sienta el placer y la satisfacción de haberlos descubierto, utilizando los mismos métodos que el científico en su quehacer cotidiano. La enseñanza de las ciencias permite preparar a los estudiantes para la vida al proporcionar no solo conocimientos, sino desarrollando métodos y estrategias de aprendizaje que le permitan la búsqueda del conocimiento a partir de situaciones problemáticas tomadas del entorno. Con una visión analítica, crítica y propositiva, les permite tomar mejores decisiones a lo largo de la vida.
Para nuestro beneficio, el profesor Aguilar, identificó tempranamente las ventajas de enseñar la química y las ciencias en general, haciendo participar a los alumnos en la identificación del papel que juega la ciencia en el entendimiento de la naturaleza.
Aunque siempre habrá casos en los que las personas son capaces de sobrevivir a las malas enseñanzas de algunos maestros (caso Volpi), la guía de maestros comprometidos con una enseñanza de calidad de las ciencias, tendrá frutos como los logrados por el Profe Toño. Es claro que la pobreza se combate con una educación actual y de calidad. México necesita miles de educadores con un perfil como el que mostró el maestro Antonio Aguilar Rodríguez.
Mi mayor reconocimiento a su labor educativa, mi agradecimiento por haberme distinguido con su amistad y por haber influido en forma tan decisiva en mi vida.
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