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Lo económico

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Octubre 20, 2026 03:00 a.m.

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      Aquí se ha venido comentando que uno de los ejes estratégicos para avanzar en el objetivo de consolidación institucional de los gobiernos de la Cuarta Transformación es la denominada "economía moral", entendida como el modo en que la economía nacional responde a las necesidades más apremiantes de quienes menos tienen, pero no a la vieja usanza corporativa de regímenes anteriores, sino atendiendo a la necesidad de corregir y superar las causas que propician condiciones no siempre dignas de subsistencia material y espiritual para el conjunto de la población.

      El término "economía moral" fue planteado por Edward P. Thompson en sus estudios sobre los movimientos populares y de formación de la clase obrera en el siglo XVIII en Inglaterra, particularmente los motines realizados por el alza del precio del pan de trigo que servía como alimento básico de la población pobre y que, no eran simple manifestación de pillaje como pretendían voces conservadoras para desacreditar los descontentos; sino que contenían el germen para la conformación de una identidad, plan y objetivos de organización social enfocados a la defensa de derechos colectivos y plenamente legitimados, más allá de expresiones episódicas de inconformidad social.

      Pero además, como bien lo planteó en su momento Adolfo Gilly para el caso de nuestro país, recordando el caso de la reclamación estadounidense al gobierno mexicano, en agosto de 1938, derivada de la expropiación petrolera, reclamando ilegalidad en dicho acto jurídico que: "se oponía una visión del derecho típicamente liberal individualista que hace de la propiedad privada un principio absoluto, conforme a un hipotético contrato derivado de un abstracto estado de naturaleza; por su parte, el gobierno mexicano planteaba una visión legal distinta, que reclamaba la utilidad pública para beneficio colectivo como causa legítima para proceder a esa actuación, así como pagar conforme a su legislación interna"; se trataba no sólo de un conflicto entre dos visiones jurídicas, sino "el de una comunidad originada por lazos anteriores al dinero y el de una sociedad donde el dinero como equivalente universal (se pretende que) es medida de razón, equidad y justicia".

      Lo anterior viene a cuento, para tratar de entender cómo la economía nacional se ha enfocado a generar el más amplio bienestar social, fortaleciendo la inversión pública para garantizar condiciones generales de reproducción material de los distintos sectores productivos del país, con fomento al mercado interno y comunicaciones de amplio impacto, como los ferrocarriles, para propiciar mejores empleos, salarios, consumo y acceso a bienes materiales y culturales para la mayoría de la población, sin menoscabo de situar a México como un país capaz de llevar una relación económica y política con el exterior en condiciones de igualdad, de coordinación y de respeto a la soberanía nacional. Es el sentido de lo económico, estos es, una economía moral para avanzar la transformación institucional. Y conviene tener presente lo antes señalado porque los embates de la derecha extrema se han concentrado en tratar de desprestigiar el manejo de una economía distinta a la que permitía el goce de privilegios para una minoría. Al igual que, en el origen de los movimientos obreros del siglo XVIII en Inglaterra, que reseñó Thompson para acuñar el término "economía moral", ahora queda claro que se trata de resolver necesidades materiales concretas y elementales de la gente pero no como mera ocasión de subsistencia para una multitud anónima, sino de un humanismo que pone por delante la reivindicación de la dignidad de todas las personas.

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