La gloriosa serie A
Entre 1990 y 1999, clubes italianos disputaron siete finales de Copa de Europa, consolidando su liderazgo.
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La gloriosa Serie A
Por Jorge Hernández Vega
Al día de hoy resulta difícil dimensionar lo verdaderamente gloriosa que fue la Serie A. Solo quienes vivieron las décadas de los ochenta y noventa recuerdan que el Calcio italiano concentraba a los mejores futbolistas del planeta, consolidándose como el indiscutible mandamás del balompié europeo.
Para poner el panorama en contexto, prácticamente todos los clubes italianos contaban en sus filas con figuras locales de la talla de Franco Baresi, Paolo Maldini, Giuseppe Bergomi, Roberto Baggio, Salvatore "Totò" Schillaci, Alessandro Del Piero o Francesco Totti, acompañados por estrellas internacionales de clase mundial.
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Serie A dominó el fútbol europeo en los años 90 con grandes estrellas
Cómo olvidar al mítico trío holandés del AC Milan integrado por Frank Rijkaard, Marco van Basten y Ruud Gullit; la columna alemana del Inter de Milán compuesta por Lothar Matthäus, Andreas Brehme y Jürgen Klinsmann; los franceses Zinédine Zidane, Didier Deschamps y Michel Platini deslumbrando en la Juventus; aquel sensacional Parma de Hernán Crespo, Juan Sebastián Verón y Faustino Asprilla; los brasileños Aldair y Cafú en la Roma, o a una modesta Fiorentina guiada por la potencia goleadora de Gabriel Omar Batistuta y Edmundo.
Los ganadores del Balón de Oro desfilaban jornada a jornada: Ronaldo Nazário en el Inter, Zinédine Zidane en la Juventus y el primer futbolista no europeo en conquistarlo —tras la apertura del reglamento en 1995—, George Weah con la camiseta del AC Milan. Incluso en clubes de menor presupuesto como el Brescia militó entre 1992 y 1994 una de las máximas figuras del Mundial de Estados Unidos 94: el rumano Gheorghe Hagi.
El AC Milan ganó la Champions League 1994 con un contundente 4-0 ante el Barcelona
Pero la acumulación de estrellas no era solo un reclamo para vender boletos; se traducía en una hegemonía absoluta a nivel continental. Muestra de ello fue la aplastante victoria 4-0 del AC Milan sobre el Barcelona en la final de la Champions League de 1994, ante aquel Dream Team culé que dos años antes había derrotado por la mínima a la memorable Sampdoria de Gianluca Pagliuca, Gianluca Vialli y Roberto Mancini.
Entre 1990 y 1999, de diez finales disputadas en la Copa de Europa, en siete hubo presencia de clubes italianos: el Milan llegó a tres (ganando dos) y la Juventus disputó otras tres (coronándose en una, perdiendo otra por un gol en clarísimo fuera de juego de Predrag Mijatovic para el Real Madrid, además del antecedente de la Sampdoria en 1992).
Para entender el respeto y temor que imponía la Serie A en aquellos años, basta recordar una célebre entrevista postpartido del defensor inglés del Manchester United, Gary Neville. Al ser informado en zona mixta de que su siguiente rival en Europa sería la Juventus, dibujó un rostro de suplicio que reflejaba a la perfección el estatus inalcanzable de los gigantes italianos.
La Serie A perdió poder tras la crisis financiera de los 2000 y el auge de otras ligas
A mediados de los años 2000 sobrevino una severa crisis financiera en el fútbol italiano, combinada con el resurgimiento económico de la Premier League y el músculo financiero del Real Madrid y del Barcelona. Las grandes figuras del Calcio emigraron a otras latitudes y las promesas sudamericanas comenzaron a inclinarse por España e Inglaterra.
En años recientes, los clubes italianos han vivido momentos destacados pero esporádicos en competiciones europeas: dos finales de Champions League para el Inter de Milán, la conquista de la Europa League por parte del Atalanta o las finales continentales de la Fiorentina. Sin embargo, la liga ha perdido el dominio absoluto que ejerció a finales del siglo pasado.
Para volver a rozar aquellas glorias, resulta imprescindible elevar la competitividad en el torneo local. Si potencias históricas como el AC Milan y la Juventus elevan su nivel y acompañan el sólido presente del Inter, la Roma o proyectos emergentes como el Como, el Calcio estará más cerca de recuperar su mística, aunque competir en el mercado de fichajes contra el poderío económico inglés sea una batalla casi imposible.
A los clásicos, a los románticos del fútbol y, en especial, a los apasionados de la pelota italiana, solo nos queda la firme esperanza de volver a presenciar, algún día, aquella gloriosa Serie A.
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