Un respiro entre censura (adiós SCJN)
No estoy de acuerdo con lo que dices, pero
defenderé con mi vida tu derecho a decirlo (Voltaire)
En México, opinar ya no es un acto inocuo: es un riesgo. Recientes decisiones judiciales han mostrado un país donde criticar a un político puede costar humillación pública. El Tribunal Electoral ha impuesto sanciones insólitas: ciudadanos obligados a pedir disculpas durante 30 días consecutivos por expresar su opinión en redes sociales. Una práctica que no solo hiere la dignidad, sino que mina la esencia misma de la democracia.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) tampoco se ha librado de polémica. En su respaldo a mecanismos de “notificación y retirada”, avaló la censura digital sin revisión judicial, sin prueba ni proceso previo. “ARTICLE 19” ha señalado con claridad que estas decisiones violan los artículos 6° y 7° constitucionales, y estándares internacionales de derechos humanos. La consecuencia es alarmante: se priorizan intereses comerciales y de control por encima del derecho ciudadano a expresarse y acceder a información.
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Sin embargo, esta semana llegó un respiro para quienes creen en el valor del debate público. La Primera Sala de la SCJN decidió proteger las columnas de opinión, siempre que se basen en hechos verificables y no difamen. La tesis 2030840 consolida este principio: la crítica política y la opinión fundamentada son esenciales para la democracia y deben gozar de amparo constitucional. Este fallo, aplaudido por activistas y periodistas, demuestra que la Corte puede cumplir su papel de garante de derechos fundamentales, incluso en un entorno adverso.
El contraste no podría ser más evidente. Por un lado, censura digital automatizada y sanciones prolongadas; por otro, la protección explícita de la opinión fundamentada. Este fallo envía un mensaje claro: la libertad de expresión importa y merece defensa. Pero también recuerda que la vigilancia constante y la presión social son necesarias para que la Corte mantenga coherencia en sus resoluciones y no permita que intereses económicos o políticos sigan marcando la pauta.
México necesita una SCJN que no tema al poder ni a la controversia, que defienda la crítica y respalde el derecho de opinar, incluso cuando incomoda. Proteger las columnas de opinión es un paso, pequeño pero significativo, hacia un país donde expresar ideas no sea un acto de riesgo, sino un derecho incuestionable. La libertad de expresión no puede ser un privilegio; es la columna vertebral de nuestra democracia.
De momento se agotan las líneas de este mi espacio editorial. Las y los espero con el gusto de siempre el próximo viernes (a menos que un tribunal mexicano disponga lo contrario).
carloshernandezyabogados@gmail.com
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