ESPECIAL | Entre la ruta y la pista: la vida de Tomás López
Recolector de basura de oficio, su rutina lo entrenó para afrontar retos más grandes

Hay trabajos que sostienen el día a día de una ciudad sin que casi nadie los note. También hay historias personales que, sin proponérselo, terminan mostrando cómo se sobrevive a las dificultades y cómo se reconstruyen rutinas para seguir adelante.
Para Tomás López Segura, corredor de 43 años, la ruta de recolección no es solo un empleo, sino una forma de disciplina diaria, movimiento constante y una manera de mantenerse en pie. Desde hace 13 años trabaja como recolector en la empresa Red Ambiental, y aunque su jornada es físicamente demandante, también le resulta gratificante. “Me deja satisfecho porque ayudo a mantener limpio San Luis Potosí”.
La ciudad como pista de entrenamiento
El trabajo de Tomás no se mide únicamente en la basura que levanta, sino en los kilómetros que recorre cada día: entre 13 y 15, subiendo y bajando del camión, cargando, acelerando el paso y repitiendo una dinámica que exige resistencia constante. El esfuerzo físico es permanente, aunque no figure como entrenamiento formal. “Lo más pesado es el sol y la lluvia”, dice, sin extender la explicación, como si se tratara de una condición ya asumida.
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Con los años, esa rutina le construyó algo que no estaba en el plan laboral: un cuerpo acostumbrado al desgaste diario, sin pausas largas ni recuperación programada.
Sin saberlo, el trabajo lo estaba preparando para otra historia. Hace poco más de ocho años, Tomás fue invitado a correr una carrera organizada por este periódico. No era atleta, no entrenaba y no tenía expectativas. Aun así, terminó en cuarto lugar.
No lo recuerda como triunfo ni como derrota, sino como un quiebre. “Me quedó la espina de que podía dar más”, dice.
Desde entonces empezó a correr. No como una decisión formal, sino como algo que simplemente le nació.
Lo que no aparece en el cronómetro
La parte más importante de su historia no está en los tiempos ni en las marcas.
Durante años, Tomás atravesó una etapa marcada por las adicciones. Hoy suma 12 años sin consumir alcohol ni drogas. No lo cuenta como una hazaña ni como un relato ejemplar, sino como un punto de estabilidad que sostiene todo lo demás.
“El atletismo me mantiene con otros pensamientos”, comparte.
El deporte no llegó como objetivo, sino como estructura: una forma de sostenerse cuando su vida era inestable.
Con el tiempo, su entorno también comenzó a mirarlo distinto. Su familia lo acompaña en ese proceso de reconstrucción; sus hijos lo ven como referencia y sus padres lo nombran con orgullo.
En su trabajo ocurre algo similar. Sus compañeros lo buscan, lo felicitan y le piden consejos cuando alguien quiere empezar a correr o cuando el cuerpo empieza a resentir la rutina. El recolector dejó de ser anónimo dentro de su ruta diaria: se volvió alguien observado, incluso consultado.
Un cuerpo que aprendió a medirse distinto
Sus primeras marcas llegaron rápido: 10 kilómetros en 37 minutos. Después vinieron registros más sólidos: 32:25 en 10K, 15:45 en 5K y un medio maratón en 1 hora con 16 minutos. Su distancia favorita es clara: los 21 kilómetros.
El medio maratón se convirtió en el punto donde sus dos mundos se cruzan sin conflicto: el trabajo que lo mantiene activo y el deporte que le da estructura.
“Este trabajo me ayuda mucho para competir”, señala. “Te da resistencia, fuerza, velocidad”.
Tomás entrena solo. En algún momento lo hizo acompañado de figuras del atletismo local como Juan Armando Quintanilla. Sus referentes están lejos de su entorno cotidiano: Kenenisa Bekele y Juan Luis Barrios, nombres que no funcionan como idolatría, sino como orientación.
Ha corrido en Monterrey, Aguascalientes, León, Puerto Vallarta y distintas zonas de la Huasteca potosina, pero siempre regresa al mismo punto de origen: su ruta diaria.
Seguir en movimiento
Cada jornada, Tomás López sube a un camión para recoger lo que otros dejaron atrás.
Pero su historia no se queda ahí. Se desplaza en otra dirección: la de un cuerpo que aprendió a resistir, a reconstruirse y a mantenerse en movimiento.
Tomás no corre para escapar. Corre para seguir aquí.
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