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Confesemos (10)

Por Carlos Pérez García

Agosto 15, 2026 03:00 a.m.

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    Preguntas y respuestas

      Sigo con la serie de recuerdos o memorias que he expuesto estas semanas a excepción de algunas en que vuelvo a mis columnas sobre temas de más actualidad.

      * HOY ESCRIBO ALGO MUY breve acerca de Ernesto Zedillo... a quien conocí y traté mucho menos que a los demás incluidos aquí, pero resulta significativo en ciertos períodos en los que me tocó participar.

      Era un economista serio y capaz, que con su esfuerzo personal fue creciendo a grandes alturas. De origen modesto, se ganó el respeto de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas.

      Nunca me entusiasmó como secretario de Estado ni como presidenciable o presidente de la República, aunque siento que su figura se ha revalorado ya como expresidente... en especial, frente a la grave destrucción de la democracia y la economía con la 4T.

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      Algo similar me viene con Felipe Calderón, quien no parecía tan buen presidente como se percibe ahora, con el tiempo y frente a los resentimientos y ataques continuados del fallido obradorismo. Pero esa es otra historia, y no tuve ya relación con los cinco presidentes que van este siglo (del PAN, PRI y Morena).

      Una diferencia que noté siempre entre Salinas y Zedillo fue que el primero era tan seguro que no le afectaba tener cerca a gente más inteligente que él (como José Córdoba), mientras que el segundo prefería que nadie le hiciera sombra y buscaba mentes menos brillantes. Su origen podrá ser destino, y sólo EZ ha sostenido relevantes críticas públicas al mal gobierno de la Cuatroté.

      En todo caso, lo traté bien poco. Semanas antes de convertirse en secretario de Estado al inicio del sexenio de Salinas, nos llevó manejando él unos 40 minutos en su coche desde la Asamblea General del IMSS a la Secretaría del Trabajo. Lo sentí humilde y muy afable.

      Bueno, así las cosas.

      * EN LA SECCIÓN DE anécdotas les platico de los 5 casos en que me acerqué o llegué a ser subsecretario de Estado. Me han preguntado sobre eso y sus peculiaridades.

      El primero se dio cuando pasamos del IMSS a la Secretaría del Trabajo con el nuevo titular Arsenio Farell, la tarde que tomó posesión el presidente De la Madrid. Hallamos un desorden administrativo con muchos organismos muy sueltos y armamos una reestructuración. La idea era desaparecer órganos y conjuntar sus funciones en áreas centrales, sin aumentar el número de subsecretarías.

      Es así que se creó una Unidad Coordinadora de estudios, estadísticas y políticas laborales, con tres direcciones generales que la hacían una subsecretaría disfrazada, y me ubicaron ahí de titular.

      La segunda ocasión surgió años después cuando mi jefe me confió que el subsecretario de Programación, Pedro Aspe, le había informado que pasaría a secretario en lugar del candidato designado Carlos Salinas, e iba a proponer que él quedara allí; entonces, yo sería subsecretario. No lo comenté con nadie, ni en casa ni con mi papá que esos días me preguntó cuándo me promovían.

      Tras unas 72 horas no había noticias y, al indagar ELT qué sucedía, entiendo que De la Madrid dijo algo como ´No, Pedro, tráigame una terna de tres, no de uno´. Así le llevó los nombres Lozoya, Zedillo y Marcos del Banco de México: seleccionó al segundo, que ascendió a secretario el siguiente sexenio... y luego conocemos la historia.

      Me alivió no haberle contado a nadie y me quedé bien quieto.

      La tercera fue los últimos días del sexenio, cuando don Arsenio nos reveló que otra vez iba a ser nombrado ahí por el nuevo presidente, y me invitó a ser Oficial Mayor a partir del 1 de diciembre. Le agradecí mucho pues no podía al estar ya comprometido a irme con Emilio, por lo que me ofreció la subsecretaría que éste dejaba y tuve que decirle lo mismo.

      Me parecía lógico porque éramos de generaciones diferentes y yo iba a seguir con quien me llevó a ese grupo. Pero, claro, el señor secretario no entendió así mi obligada respuesta a sus generosos ofrecimientos. Nueve años después regresé de San Luis Potosí y él era secretario de la Contraloría; pedí cita para verlo y ya no me recibió, lo que me dolió mucho.

      En fin, tras cuatro años en el ISSSTE, pasamos a la secretaría de Energía y Minas, donde finalmente tuve la designación oficial los dos últimos años de CSG.

      Al terminar ese sexenio, el área fue trasladada a la secretaría de Comercio y Fomento Industrial y allí fui también subsecretario los inicios del presidente Zedillo.

       En contraste, llegar a secretario de Estado fue siempre una perspectiva lejana, no de corto plazo.

      cpgeneral@gmail.com

      X: @cpgarcieral y Fb: carlosjavierpérez