Cosas pequeñas de la vida
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Preguntas y respuestas
"Cada día, asegurada, / harás una pendejada. / El día que no hagas dos / debes dar gracias a Dios". La verdad contenida en esos versos pareados la demuestra don Martiriano, al menos a los ojos de su feróstica mujer, doña Jodoncia. Ayer el abnegado esposo le comentó, divertido, a su media toronja (la señora es tan gorda que algunos acusan de bígamo a don Martiriano). Le contó: "Hicieron una encuesta en la oficina para ver quién es el más pendejo de todo el personal". Preguntó la arpía: "¿Y quién quedó en segundo lugar?"... Ejemplo de pendejez supina lo proporciona Candidito, joven varón sin ciencia del mundo ni arte de la vida. Le preguntó con vehemencia a Dulcibel, su enamorada: "¿Algún día me permitirás que te haga el amor, ángel mío?". Replicó la linda chica: "Otra pregunta idiota como ésa y me saldré de la cama, me vestiré y me iré del motel"... Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, fue a comprar un pollo en la carnicería de su colonia. El encargado le mostró uno. La encopetada mujer examinó el pollo con detenimiento. Lo revisó por todos lados; lo oliscó; le levantó las alas para mirar bajo ellas; le dio varias vueltas a fin de ver si tenía algún defecto, y llegó al extremo de introducirle un dedo en parte innominable a fin de revisar la higiene del producto. El carnicero, que había seguido con molestia todo el procedimiento, le preguntó amoscado a doña Panoplia: "Señora: ¿aprobaría usted un examen así?"... "Mi madre trajo al mundo a 15 hijos -relató un tipo en una entrevista radiofónica-. Mis hermanos y yo la tenemos en un pedestal". "Con toda razón" -dijo el entrevistador. Prosiguió el entrevistado: "Hace poco papá bajó a mamá del pedestal. Ahora vamos a ser 16 hijos"... Meñico Maldotado recibió de la naturaleza una porción muy reducida en la parte correspondiente a la entrepierna. Contrajo matrimonio, y cuando en la noche de bodas se presentó por primera vez al descubierto ante su desposada le recordó ella: "Ahora entiendo por qué siempre me decías que debía apreciar las pequeñas cosas de la vida"... Una linda chica le pidió a la dependienta de la Farmacia Tica: "Dame un paquete de toallas sanitarias". Y en seguida exclamó jubilosa levantando los brazos al cielo: "¡Gracias, Dios mío!"... Doña Ignavia, nueva rica, dijo en la reunión "Mi marido y yo estuvimos en una ciudad de Florida que se llama Kote". "Tampa, mujer, Tampa" -la corrigió el esposo. (No le entendí)... Los norteamericanos llaman necking a lo que nosotros designamos con los picosos verbos "cachondear", "pichonear", "guacamolear", o sea acariciar lascivamente a una mujer. En inglés la palabra neck quiere decir "cuello". Eso llevó a Groucho Marx a comentar que quien llamó necking a esa actividad sabía poco de anatomía. Todo esto viene a cuento para recordar lo que hicieron Susiflor y su novio Pitorrango en el Ensalivadero, sitio alejado de la ciudad en el cual reinan por partes iguales las sombras y la soledad, y que por tanto es propicio a escarceos de contenido erótico. ¿Qué hizo la parejita mencionada? Hizo el amor, para decirlo en tres palabras. Al término del trance, acaecido en el asiento trasero del automóvil de él, la joven rompió a llorar, arrepentida. "Me dejé llevar por tu labia seductora -sollozó-. Olvidé los principios y valores que adquirí en el Colegio de las Damas. Perdí mi castidad y mi pureza. ¿Cómo podré decirle al padre Arsilio, mi confesor y director espiritual, que pequé contigo dos veces?". "¿Dos veces? -se sorprendió el galán-. Solamente lo hicimos una vez". Preguntó Susiflor: "¿Qué ya nos vamos?". FIN.









