De la Revolución y sus pendientes
La violencia es la comadrona de una sociedad vieja
preñada de una nueva
C. Marx
Instalados en la conmemoración del 115 aniversario del inicio de la gesta revolucionaria convocada por Francisco I Madero; bajo la consigna popularizada de “sufragio efectivo, no reelección”, cabe el cuestionamiento de si a estas fechas que nos toca vivir le corresponde el índice de violencia nacional más alto después de entonces.
¡Sigue nuestro canal de WhatsApp para más noticias! Únete aquí
Cuando hablamos de <estas fechas>, nos referimos al periodo que inicia en el 2007 con “la guerra al narcotráfico” del entonces presidente Felipe Calderón y que se extiende hasta los días en curso del gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum; quien, sin asumir un discurso bélico, asume la responsabilidad constitucional de someter a los generadores de violencia mediante la fuerza del Estado.
Nos referimos pues a dieciocho años (2007-2025) y una incontable cantidad de mexicanos muertos y/o desaparecidos; de familias lastimadas por el dolor, así como una sociedad marcada por el miedo.
Dieciocho años en los que la sociedad mexicana ha transitado dos modelos de gobierno: el de un Estado Neoliberal a un Estado de Bienestar; cuyos detalles más distintivos entre un modelo y otro, por más que se confronten, no han alcanzado, sin embargo, a disminuir sensiblemente la violencia que nos abraza.
A 115 años del inicio de la revolución, la pesadilla de la violencia es presente y la constitución de un Estado democrático como garantía de paz social, promesa de la gesta revolucionaria, se escurre en los discursos y las promesas políticas.
Decía Albert Camus, cuando escribía para la resistencia francesa en los tiempos de la segunda guerra que -desde su trinchera como escritor- no aspiraba a instaurar un nuevo orden social, pero sí, al menos, darle un nuevo orden a las palabras que describían la realidad.
Toda proporción guardada, es imperativo abordar nuestra realidad social desde un orden discursivo diferente a la confrontación entre los dos modelos políticos en cuestión.
Jhon Keane (1949-), señala en su texto “Reflexiones sobre la violencia”, que hay una idea típica de la modernidad que considera la violencia como una condición inevitable, sin entenderse en su especificidad histórica.
Es decir, siguiendo el planteamiento de Keane, que al renunciar a explicar las condiciones específicas que generan violencia y reducirla a una condición inherente a lo humano, sentenciamos el papel del Estado (del gobierno, para que se entienda), a asumir el rol de instrumento represor a nombre de la Sociedad Civilizada. Entendiendo la sociedad civilizada como no violenta, como si existiera realmente esa separación social.
Desafortunadamente, a nombre de la sociedad civilizada hay muchas voces que reclaman al gobierno en turno la incapacidad de instaurar el orden que en su oportunidad no lograron.
No obstante, no se trata de reprochar a unos y justificar a otros, sino de plantear que, lo relevante quizá sea comprender ¿por qué subsisten grupos generadores de violencia que han trascendido a los dos modelos políticos en cuestión?
Al respecto, se me ocurre retomar el título del libro que escribe Edelberto Torres-Rivas (2011) “Revoluciones sin cambios revolucionarios…” en el que realiza un análisis crítico de los movimientos sociales centroamericanos en el periodo de 1950-1980.
Siguiendo a Torres-Rivas y, a 115 años de la gesta revolucionaria que inició Madero, ¿será que nuestra revolución no ha logrado los cambios revolucionarios que nos coloquen en un estadio de justicia social que traiga como consecuencia la paz?
joseramonuhm@hotmail.com









