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Europa arde, CDMX se ahoga

Por Darío Ibarra

Julio 12, 2026 03:00 a.m.

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      En julio y en pleno verano ya hay evidencia internacional de que nos encontramos en el año más caluroso en décadas o, tal vez, siglos. En Europa es un hecho que la temperatura ha alcanzado niveles de escándalo, lo preocupante es que este tema ha sido noticia en años previos, en esta misma década. Es decir, cada año se alcanza un nuevo máximo histórico de temperatura elevada en algún lugar del mundo. Las consecuencias de las olas de calor son ya noticia internacional: decesos por golpes de calor en diferentes ciudades del planeta; se cuentan ya no por decenas, sino por cientos. La pregunta es ¿hasta cuándo actuaremos como humanidad para mitigar, y tal vez, revertir el daño ambiental?

      Durante varias décadas se ha escrito mucho sobre la barbarie ecológica que como humanos estamos provocando. Ya se habla de una sexta extinción masiva que está en proceso y que es consecuencia de actividades humanas. Es común que en medios de comunicación continuamente haya noticias sobre catástrofes ambientales, desde incendios, contaminación, huracanes, inundaciones, etc. Si bien es verdad que muchos de estos fenómenos han existido incluso antes de la humanidad, también lo es que se han acentuado dramáticamente por nuestras actividades.

      De igual modo anualmente se realizan reuniones internacionales donde se abordan temas ambientales y, en general, de sostenibilidad. La Conferencia de las Partes (COP) es un ejemplo de ello, donde año tras año se muestra preocupación por temas de sostenibilidad, se realizan compromisos y se justifica por qué no se cumplieron los de años previos. El tema está en la agenda internacional, eso es innegable, pero no se realizan compromisos serios que permitan abatir el calor que abrasa a Europa y que provoca lluvias que ahogan a la CDMX.

      Mientras no se tengan compromisos serios y obligatorios, es poco probable que las cosas cambien y más bien tendremos que asumir que año tras año se alcanzarán nuevos máximos de temperatura y de otros fenómenos meteorológicos en otros lugares del orbe. Posiblemente cuando las defunciones se cuenten por cientos de miles y se generalice al mundo entero, entonces haremos cosas en serio, como modificar el marco regulatorio que prohíba el uso de energías no limpias, que prohíba el plástico de un solo uso, que desincentive el uso de vehículos contaminantes; en pocas palabras, que provoque que empresas y consumidores tengan un comportamiento más amistoso con el medio ambiente.

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      Lamentablemente no hemos llegado a ese nivel de conciencia y de acción. Lo más probable es que cuando se acabe el verano el tema se olvide y en próximos años veamos la misma escena, aunque con mayor dramatismo, hasta que llegue el momento en que el impacto ambiental y la pérdida de vidas sea de tal nivel que nos veamos forzados como humanidad a tomar medidas correctivas. El riesgo es que sea demasiado tarde. Con todo, la naturaleza se cura a sí misma. Si le damos un respiro al planeta se repondrá. Esperemos no llegar al nivel en que los daños ambientales sean irreversibles. Eso depende de la humanidad en su conjunto.

      Mientras actuamos, el escenario europeo de un calor mortal y el de lluvias torrenciales en CDMX, seguirán siendo parte de lo que ocurra cada verano.

      (Docente de la maestría en Economía)