PISA-2026: lo que faltaba de analizar
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El pasado 8 de septiembre se publicaron los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), prueba que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) aplica cada tres años, desde el año 2000, para medir las competencias esenciales de jóvenes de 15 años en Matemáticas, Lectura y Ciencias. Los resultados de México han sido objeto de debates públicos, artículos periodísticos y estudios académicos rigurosos. Por su parte, las autoridades han reaccionado con justificaciones ante el bajo desempeño obtenido. Sin embargo, pocos se han detenido a analizar ciertos detalles clave para entender mejor estos resultados: el porcentaje de estudiantes sobresalientes, las comparaciones con otros países latinoamericanos y el crecimiento de las brechas de género y de nivel socioeconómico. De igual forma, casi nadie ha abordado los resultados de los cuestionarios de opinión que acompañan a la prueba PISA.
Al comparar los resultados de México en el periodo 2018-2025 con sus contrapartes de Latinoamérica, nuestro país registró la mayor caída en Matemáticas (-21 puntos), mientras que Brasil tuvo el menor retroceso (-7). En Lectura, la nación que más decreció fue Chile (-17 puntos), seguida por México y Colombia (-13); la que menos puntos perdió fue Uruguay (-4). En Ciencias, México fue nuevamente el país con el mayor declive (-6 puntos), mientras que Uruguay mejoró sus calificaciones de manera significativa (+19).
Por otro lado, durante el mismo periodo, las brechas de género en México sufrieron transformaciones importantes: en Matemáticas crecieron cuatro puntos (de 12 a 16) a favor de los hombres, al igual que en Ciencias (de 9 a 13), mientras que en Lectura se ampliaron un punto (de 11 a 12) a favor de las mujeres. En cuanto a las brechas entre los estudiantes de mayor y menor nivel socioeconómico y cultural (NSEC), estas se redujeron 10 puntos en Matemáticas (de 67 a 57) y 11 puntos en Lectura (de 82 a 71). No obstante, en Ciencias se mantuvo una marcada diferencia de 68 puntos a favor de los alumnos más privilegiados. Cabe destacar que, al comparar a los jóvenes mexicanos de menor NSEC con sus pares de otras naciones, nuestros estudiantes obtuvieron resultados muy inferiores a los de grupos equivalentes en países como Turquía.
Para contextualizar los datos duros, el estudio PISA 2025 incluyó cuestionarios de opinión aplicados a estudiantes sobre el entorno escolar, la enseñanza y el aprendizaje. Por ejemplo, el 80% de los estudiantes mexicanos afirma ser curioso frente a una diversidad de temas, frente al 76% del promedio de la OCDE; además, el 76% de los alumnos nacionales aseguró hacer esfuerzos adicionales para superar trabajos académicos difíciles, superando el 60% de la OCDE. Apenas el 11% opinó que estar en la escuela es una pérdida de tiempo, un porcentaje notablemente menor al 24% registrado a nivel internacional. Finalmente, el 81% de los alumnos en México reporta que, en la mayoría de las clases de Ciencias, sus maestros muestran interés genuino en el aprendizaje individual; el 77% señala que sus profesores continúan explicando hasta que todos comprenden, y el 83% indica que los docentes proporcionan ayuda extra cuando es necesario. Estas cifras de percepción positiva contrastan con las de la OCDE, que son significativamente menores: 69%, 66% y 73%, respectivamente.
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Paradójicamente, el reporte de país para México concluye que (comparado con 2022) se mantuvieron los puntajes en Ciencias, se mostró resiliencia en Lectura, y que los estudiantes reportan curiosidad por aprender, perseverancia ante los obstáculos y un claro sentido del valor de la escuela. Se destaca, igualmente, que buscan y reciben apoyo magisterial cuando requieren mayor explicación; todas ellas actitudes y conductas necesarias para el aprendizaje sostenido.
Ante este panorama, surgen preguntas insoslayables: ¿será que la OCDE no está considerando en sus análisis el factor de deseabilidad social (la tendencia a responder favorablemente para agradar al encuestador) ni los estilos de respuesta propios de cada cultura (responder todo a favor, en contra o en el punto intermedio)? Factores que sesgan las respuestas y debilitan drásticamente la validez de las comparaciones internacionales basadas en instrumentos de percepción. ¿O será, tal vez, que el equipo técnico de la OCDE busca suavizar el golpe para quedar bien con la presidenta de México y evitar así que el país abandone la prueba PISA? Sea cual sea el motivo, la conclusión es contundente: los datos duros sobre el aprendizaje real no concuerdan en absoluto con los datos blandos de las encuestas de opinión.
@EduardoBackhoff
(Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A. C.)









