Wasapear en seguridad
“En México el uso del WhatsApp alcanza un 96.2%
3 mil millones de usuarios activos mensuales en todo el mundo cada día se envían más de 100 mil millones de mensajes se envían más de 7 mil millones de mensajes de voz.”
Se ha vuelto pésima costumbre en las instituciones de seguridad en lo general, el uso por demás indiscriminado de la aplicación de mensajería por WhatsApp. Cada vez hay más “mal hechos” -físicamente-, servidores públicos de los tres niveles de gobierno, con el -síndrome de cuello de texto o cuello tecnológico-, encorvados viendo su celular, sin ver lo que acontece a su alrededor, muchos “Quasimodos”.
Las instrucciones y las ordenes en seguridad deben ser claras y precisas. Ya lo dice el personaje de ficción Edmon Wells del escritor Bernard Werber, “entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que digo, lo que tu quieres oír, lo que crees oír, lo que oyes, lo que quieres entender, lo que crees entender, existen diez posibilidades de que haya problemas en la comunicación.” Figúrese estimado lector, un mensaje de texto, de un mando medio con treinta o cincuenta individuos bajos sus órdenes, más otros tanto arriba de él, los “grupos” de WhatsApp, los inútiles emojis, los análisis de contenido, las gráficas, frases, audios, videos, añádale el numero de mensajes reenviados, el momento en que se leen, la tensión del trabajo, el mensaje de la esposa, de los hijos, de la mamá y, rematando con el análisis semántico del texto.
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Otro tema de los mensajes por plataformas digitales, es la impersonalidad del mismo, da igual sí el que lo envía es superior jerárquico y le faltan dos dedos de frente para comprender el don de mando, esa extraña habilidad para dirigir personas (de carne y hueso, no virtuales de celulares), para lograr obediencia, confianza y cooperación.
La simulación de los mensajes de WhatsApp en la relación laboral entre mandos y tropa, ha tenido consecuencias negativas: Primero, las características de personalidad abyectas y pusilánimes de mandos dando instrucciones vía una pantalla y no frente a frente o de viva voz, no es lo mismo dar una instrucción por mensajería que en persona.
Es el síndrome del Dr. Jekyll la persona real diaria, y el Sr. Hyde por WhatsApp, la “hojaldra”, es como el trastorno disociativo de la identidad (TID). Segundo, se ha infravalorado el uso de los sistemas de “radio comunicación policial”, esencial en las fuerzas del orden, para la coordinación, respuesta rápida, seguridad colectiva al oír todos el mensaje y la orden del mando, genera cohesión y espíritu de cuerpo entre los escuchas.
TAPANCO: Si, el WhatsApp es mensajería instantánea, pero decía mi abuelo que lo único instantáneo en la vida, es el Nescafé. En seguridad nada es instantáneo, menos la comunicación, los mensajes por teléfono, son anónimos, es decir, son ignorados e irrelevantes tanto para el que los envía como el que los recibe y son de léxico atrofiado.
Las instituciones de seguridad y justicia son ante todo sociales, las relaciones entre mandos y subordinados es una construcción intersubjetiva, de interacciones de comunicación verbal, de cacofonía, en las cuales se comparten procesos complejos de hacer o no hacer, de cumplir y entender las instrucciones, sin tergiversar palabras, emojis y “moditos” de escritura.
Todavía hay personitas expresándose…” Te hablé y te dije por WhatsApp que…”.
X @Franciscosoni










