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Confesemos (7)

Por Carlos Pérez García

Julio 18, 2026 03:00 a.m.

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      Sigo con la serie de memorias, que he escrito estas últimas semanas a excepción de algunas en que regreso a columnas sobre temas más actuales.

      * ESCRIBO HOY UN POCO sobre alguien que respeto mucho, Pedro Aspe Armella, de quien tanto aprendí aunque nunca trabajé con él. Se distinguió como estudiante en la licenciatura del ITAM y el doctorado del prestigioso Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), para volver luego a su alma mater. Encabezó el INEGI y las secretarías de Programación y Hacienda en períodos vitales para el país.

      Tal como comenté aquí en el capítulo sobre Carlos Salinas, me lo presentó Manuel Camacho en un desayuno de amigos a fines de 1968. Era unos años menor y lo miré paternal porque entraba a estudiar Economía al Instituto Tecnológico Autónomo de México, y no a la UNAM como el resto de nosotros allí. A la larga el ITAM se volvió la mejor escuela en la materia y mucho tuvo que ver él en eso.

      Ha sido uno de los mejores economistas de México y un funcionario muy eficaz en el período crítico de la difícil y prolongada recuperación de la crisis del final de López Portillo. Doce años después vino el Error de diciembre de 1994, y optó por continuar en la academia y el sector privado con resultados positivos.

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      Como principal responsable ante la economía, formó una efectiva mancuerna con nuestro jefe, el gran abogado Arsenio Farell, tal como me lo recordó el mismo Pedro con añoranza en el velorio de su mamá en 2023.

      Esto facilitó la crucial transformación de la maltrecha economía mexicana, con reformas ineludibles tras la debacle populista de 1982 al cierre de la llamada docena trágica que inició con Luis Echeverría... No era nada fácil recuperarse de todo aquello, pero mucho se logró con mejores perspectivas.

      Honor a quien honor merece.

      En el convulso año 1994, aun sin un perfil político o social, fue precandidato a la presidencia junto con Camacho, Zedillo y Colosio.

      En 2026 Aspe ha vuelto a comentar en público sobre nuestra economía, de manera algo técnica pero muy breve y sencilla, a la vez que profunda y contundente. Y eso sin politizar sobre estos años, ni hacer una mención específica del regreso de los populismos.

      * EN LA SECCIÓN DE anécdotas reviso ahora mi paso por tres trabajos al regresar de Inglaterra: en la Secretaría del Patrimonio Nacional, el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y la Oficina de Asesores del Presidente de la República.

      Desde antes de irme al posgrado, José Andrés Oteyza me ofreció chamba en su grupo, al cual llegué originalmente con mi excompañero de la Universidad, Vladimiro Brailovsky, quien tuvo las mejores calificaciones en nuestra generación.

      En la secretaría me sentí muy bien, pero se tardaron más de seis meses en empezar a pagarme. Aprendí a ser más humilde y a enfrentar la burocracia, aunque poco pudimos concluir en ese período con el secretario Horacio Flores de la Peña.

      Resultó que un subsecretario inseguro y ocurrente nos corrió a Vladimiro y a mí (al renunciar a la Jefatura de Departamento, me dijo que él me corría antes de eso). Se estaba fundando ese año el CIDE y nos fuimos para allá con mejores sueldos y tareas académicas más calmadas, o menos politiqueras.

      Fueron años muy estimulantes en los que combinaba la docencia y la investigación. Poco conseguí en la segunda, y me concentré en dar clases de muchas materias para las que tuve que estudiar duro si quería salir bien librado como "catedrático" del nivel de Maestría, aunque algunos alumnos se reían cuando confundía palabras en inglés y español o pensaba que daba clase de una materia y estaba en otra.

      Las instalaciones eran bastante agradables e hice grandes amigos, además de que conviví con brillantes economistas chilenos que llegaron allí tras el golpe de Estado. Fue curioso que el maestro Flores de la Peña también tuvo que salir de aquella secretaría y nos alcanzó como presidente del centro educativo.

      Al cambio de sexenio otro amigo que fue muy buen estudiante, Javier Matus, fue nombrado asesor del Presidente y me invitó a su equipo en excelentes condiciones. Trabajar en la Asesoría del Presidente causaba cierta impresión, pero yo no tuve mayor influencia; si acaso, viajé mucho al extranjero (sobre todo a Ginebra, Suiza, y a Washington, DC, para pláticas hacia la entrada de México al GATT, antecedente del TLC).

      En fin, a medio sexenio, me fui al IMSS con una oferta muy atractiva en términos de responsabilidades y remuneraciones.

      cpgeneral@gmail.com

      X: @cpgarcieral y Fb: carlosjavierpérez